Esta segunda película del colombiano Simón Mesa Soto tuvo su estreno mundial en la competencia oficial Un Certain Regard del Festival de Cannes de 2025, donde fue muy bien recibida entre el público y la crítica, por lo cual el director estadounidense Nathan Silver adquirió los derechos para realizar una remake. Durante 120 minutos, con estrategias eficientes, Soto intentará responder para qué sirve la poesía y si se puede vivir de ella..
Por Anabella Carpenito
Dos personas me han hecho la misma pregunta: ¿Para qué sirve la poesía?
Y yo les he dicho: bueno, ¿para qué sirve la muerte? ¿Para qué sirve el sabor del café?
¿Para qué sirve el universo? ¿Para qué sirvo yo? ¿Para qué servimos?
Qué cosa más rara que se pregunte eso, ¿no?
Jorge Luis Borges. Diálogo con Osvaldo Ferrari
Oscar Restrepo (Ubeimar Rios en su debut absoluto), nuestro protagonista en clave de antihéroe, admira al poeta local José Asunción Silva y aspira a una vida a imagen y semejanza, ya que su colega alcanzó de forma póstuma un enorme prestigio tras una muerte joven. Pero nuestro personaje ya no es tan joven, ni tan prolífico. No tiene trabajo, vive con su madre en la miseria de una vida con poco sentido y casi no tiene vínculo con su hija adolescente. Su única ocupación es ser parte de La Casa de la Poesía, un espacio de formación de artistas en el que parece no aceptarlo mucho, pero en el que de todas formas manifiestan la intención de ayudarlo.
Alcohólico, desempleado y ensimismado, Oscar pasa las noches defendiendo el legado de Silva, a quién considera mucho más talentoso que Gabriel García Marquez. Cabe destacar el detalle de que Colombia tenga a dos escritores entre sus billetes. En su haber tiene solo dos libros de poesía que escribió cuando era muy joven, y que ahora intenta promocionar con las escasas herramientas que tiene a mano.
La vida parece darle una nueva oportunidad cuando, luego de las múltiples insistencias de su hermana, Oscar termina dando clases en un colegio secundario, algo a lo que se oponía fervientemente. En sus primeras clases llega borracho y vocifera de manera vehemente mientras los alumnos se ríen. Pero el punto de giro que propone la película es su encuentro con Yurlady (Rebeca Andrade) una adolescente callada que escribe poesía con mucho talento y una naturalidad que parece serle esquiva a Oscar, quien espera encontrar en ella un espejo, pero se encuentra con la posibilidad de ensayo de su paternidad. Yurlady es poeta, pero también una adolescente que quiere y aspira a esa adolescencia. Es, sobre todo, una chica que no se pregunta para qué sirve la poesía.
Atención spoilers:
Oscar propone que la escuela de poesía le otorgue una beca y aquí se apreciarán las fortalezas de un guion muy coherente que expone las contradicciones, prejuicios y estereotipos del movimiento artístico e intelectual. Al comienzo de la película uno de sus compañeros de noche le dice a Oscar que lo que se espera de la poesía latinoamericana es que hable de la carencia y lo que efectivamente espera la institución es que Yurlady no escriba sobre lo que escribe si no “algo sobre su color de piel”.
Lo interesante del film es que esta oportunidad representa para el personaje una suerte de redención. Un espacio donde, además de sentirse útil, encuentra las pistas que lo acercan a su hija, quien lo mira con desprecio y pena. Rodada en 16mm y con una paleta de colores cálida, la película muestra a una Medellín que parece edificada y dispuesta a caerse sobre el espectador, igual que se desmorona la vida de Oscar. En otra capa de significado, el tono de la historia se muestra poco solemne con lo que se espera de ella. Si la poesía de Yurlady es sobre temas que no corresponden a cierto canon, la película se anima también a revelarse contra lo que se espera del cine latinoamericano, sin ser infiel a la realidad que decide narrar. En este sentido, la música juega un rol clave que funciona entre la exageración, la ironía y la nostalgia.
En el segundo punto de giro, Oscar quedará inmerso en desentendimientos que parecen costarle mucho, desde el acercamiento a su hija hasta encontrar un espacio que le permita vivir de la poesía. A riesgo de caer en obviedades y bajezas, la película logra salir de la situación típica de comedia de enredos para mostrar un costado real y luminoso.
Quizá no tenga sentido entonces responder para qué sirve la poesía, y sólo se limite al intento de poetas tristes intentado concebir poemas felices.




Deja un comentario