Valioso retrato del reconocido pintor, astrólogo, músico, inventor y visionario presentado en la sección Artes y Oficios del festival porteño.
Por Diego León
El primer trabajo en solitario de Cristián Costantini (1979), abre con un plano cerrado sobre una de las páginas del texto Tlön, Uqbar, Orbis Tertius de Ficciones, de Jorge Luis Borges, deteniéndose en el párrafo que menciona la calle Laprida, ubicación que alojó en la ciudad de Buenos Aires a Xul Solar. Es clara la intención: para entender a Xul hay que entrar por Borges, y después ir más allá.
Oscar Agustín Alejandro Schulz Solari (1887–1963), Xul Solar, no era el amigo raro de Borges, como se ha mencionado de forma reduccionista. O no era sólo eso, además era su objeto de admiración, y este documental lo reivindica en su verdadera dimensión: la de un hombre universal en el que confluyen lenguajes, astros y dioses. Pintor, astrólogo, músico, inventor de lenguas artificiales —el neocriollo y la panlengua—, Xul Solar creó y habitó su propia Babel, una multitud de lenguas que nunca serían suficientes para expresar su alma insondable.
El documental rastrea las raíces de esa búsqueda: una infancia marcada por la temprana muerte de su hermana que lo empuja a encontrar respuestas en el más allá. El trabajo de su padre en una prisión, así como sus incipientes estudios de arquitectura, dejan una huella en su obra, que se evidencia en los muros y estructuras que pueblan sus cuadros. En esa misma búsqueda de respuestas se encuentra su práctica como astrólogo y elaborador de cartas astrales, en donde el zodiaco emerge como un nuevo orden en el que convergen la ciencia, la filosofía, el arte y la espiritualidad.
El documental de Costantini se esmera en recoger las voces e imágenes que pueden dar cuenta de este hombre inabarcable, la cámara recorre el archivo del Museo Xul Solar, y a través de sus libros, cartas astrales, instrumentos y pinturas se cuenta con un retrato que evidencia la esencia inagotable de esta multifacética figura.
Pinturas que son partituras, sonidos con textura y color, lenguas que buscan al ser humano total, Xul Solar termina sus días en su residencia del delta del Tigre, ese lugar que sí lo define con certeza: el ser-espacio en el que confluyen distintos brazos fluviales antes de desembocar en el océano, en la unidad.
Costantini a través del documental Xul viene a continuar la labor que el propio Borges inició: hacer justicia a una figura que, paradójicamente, alcanzó su verdadero reconocimiento después de la muerte.




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