El director de “Llamas de nitrato” (2015), “Mermaid on Board! (2021) y “El arponero” (2022), todas exhibidas en distintas ediciones del BAFICI, estrenó este largometraje que busca no solo develar el misterio que motivó a un grupo de 35 inmigrantes noruegos a instalarse en la selva brasileña en 1923, sino también reflexionar sobre el paralelismo con los procesos migratorios del siglo XXI.
Por Augusto Denari Morrow
“No sé por qué me obsesiono con historias que no le importan a nadie”, son las primeras palabras que se escuchan en The Brazilian Inferno. Una frase curiosa para iniciar un film, pero que al ser acompañada de impactantes imágenes de un sinuoso y oscuro sendero cubierto de barro, despierta el interés por ver cómo se desenvolvió esta odisea que tuvo como protagonista a 35 personas que abandonaron la gélida Rjukan, una ciudad noruega, célebre por no recibir los rayos del sol durante 6 meses del año, por el inhóspito y cálido Brasil.
Si bien uno podría presuponer que la respuesta fácil que explicaría este viaje podría ser la búsqueda de una utopía rodeada de naturaleza en un clima, en principio, más agradable, Stopar deja entrever- a través de distintos testimonios- que no hay una única respuesta. Por ejemplo, algunos entrevistados creen que este grupo de familias aspiraba a formar un nuevo hogar en otro continente, mientras que otros sostienen que se trató de un engaño perpetrado por parte del poder local para desterrar a unos trabajadores sindicales rebeldes que atentaban contra el desarrollo industrial de la zona.
Resulta también muy interesante apreciar cómo el director alterna entre los dos significados opuestos que puede tener la palabra “utopía”, como lo son “una sociedad ideal” o “un proyecto que no puede realizarse”, a lo largo de los 70 minutos que dura el largometraje. Stopar constantemente utiliza el contraste entre estas definiciones para ejemplificar casos de grupos migratorios y cómo fueron adaptándose (o no) a países con culturas y climas tan diferentes.
Es más, a medida que se avanza en la obra, el autor incluso realiza un metamensaje donde nos solo devela que nació en Argentina, aunque lleva más de 20 años en Noruega, sino que adeás confiesa que hace tiempo venía pensando en filmar esta película “para no terminar a la deriva” como los hombres, mujeres y niños que partieron desde las montañas nórdicas hacia la selva amazónica.
Si bien este hito histórico es el eje central que mueve la trama, el trasfondo es mucho más complejo dado que utiliza este acontecimiento como una hipérbole para analizar cómo una sociedad puede aparentar ser idílica desde fuera, pero que al vivir en ella puede asemejarse más a “un infierno” que a un paraíso terrenal (tal como le sucedió a estos inmigrantes al tener que enfrentarse a los peligros mortales de la selva, lo que provocó que casi la mitad de la población volviera a Rjukan).
En definitiva, The Brazilian Inferno es un film que merece la pena ser visto para reflexionar cómo esta epopeya, con más de 100 años de antigüedad, sigue estando vigente con las nuevas ola migratorias de personas que aspiran a encontrar la felicidad en otros territorios sin, a veces, valorar los aspectos positivos que tiene su país de origen.




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