Crítica de “Paul McCartney: Man on the Run”, de Morgan Neville: El camino de la reinvención

Este documental del director de “Best of Enemies” y “Won’t You Be My Neighbor?” retrata el período de la vida de McCartney desde la separación de los Beatles hasta el asesinato de John Lennon apostando por un tono existencial que indaga en el sentido de lo que hacemos.

Por Alejandro Copertari

¿Cómo reinventarse para seguir siendo el mismo? O, mejor: él mismo. Este es el tema que subyace en el trabajo de Morgan Neville. El film comienza en 1969, cuando McCartney, de 27 años, desaparece de la vida pública para refugiarse con su reciente esposa, la neoyorquina Linda Eastman, en una granja en Escocia. Lennon ha decidido dejar los Beatles, pero por razones contractuales los integrantes deciden no anunciarlo. Señalado por la prensa como el responsable de la ruptura, McCartney no sabe muy bien cómo continuar con lo que hizo toda su vida. Cuando todo indicaba que caería en un consumo problemático de alcohol, el apoyo de Linda lo impulsa a componer las canciones del que sería su primer disco solista: McCartney, editado en abril de 1970; y el segundo, Ram, lanzado en mayo de 1971.

Ambos discos son recibidos de muy mala manera por la crítica y, peor aún, por Lennon, quien parece querer situarse como un artista “mayor” frente a la ingenuidad bucólica de su excompañero. Sin embargo, Paul ignora el ruido mediático y en agosto de 1971 funda, junto a Linda, Wings, la banda que lo acompañará durante toda la década. Con esta agrupación —que atravesó varias transformaciones—, McCartney vuelve a salir de gira: primero por universidades del Reino Unido en 1972 y luego por estadios de ese mismo país al año siguiente.

Con el guitarrista Denny Laine como sostén musical —el único integrante que permaneció hasta el final—, la banda publica Band on the Run (1973), Venus and Mars (1975), Wings at the Speed of Sound (1976), Wings over America (1976) —que registra la gira por Estados Unidos de ese año—, London Town (1978) y Back to the Egg (1979).

Hacia el final, el documental aborda dos episodios determinantes de 1980. El primero, que hoy se percibe casi como una anécdota trivial, es su detención en Japón por posesión de marihuana al inicio de una gira, incidente que lo llevó a pasar varios días preso antes de ser deportado. El segundo, registra la reacción de Paul el día del asesinato de Lennon. Abordado por la prensa a la salida de un estudio de grabación, visiblemente aturdido y en estado de shock, solo atina a decir: “Es un bajón, ¿no?” (“It’s a drag, isn’t it?”). Esa frase, duramente criticada en su momento por parecer superficial, revela en realidad la incapacidad de procesar, frente a las cámaras, el final de una era y la pérdida del amigo más íntimo.

Lo que distingue a Man on the Run de otros documentales de los Beatles o del mismo McCartney es que no intenta abarcar la totalidad de su vida ni construir una hagiografía. Neville recorta, en cambio, una década específica para formularle una pregunta más íntima: ¿Qué puede hacer un artista cuando el contexto que lo definió desaparece de golpe? Mientras la mayoría de los documentales de figuras populares exaltan el genio creativo, aquí vemos el esfuerzo de un hombre que intenta armar una banda desde cero, lidiando con el desdén de la crítica y la sombra constante de su propio pasado.

El retrato de McCartney que emerge del film no es el de un tributo, aunque tampoco el de una revisión crítica. Neville no ignora las tensiones —la comparación constante con Lennon, la frialdad de la prensa, los fracasos comerciales del período—, pero las aborda desde la empatía antes que desde el juicio. Paul aparece como alguien que no siempre tuvo las respuestas correctas pero que encontró, en Linda y en la música, una forma de persistir sin imposturas. Si hay concesión, es la de una mirada que prefiere comprender antes que cuestionar; si hay distancia crítica, surge de los hechos mismos y no de una tesis previa del director.

El documental de Neville logra capturar, mediante una integración fluida de las entrevistas en off y el material de archivo, el arco de transformación de McCartney: desde su repliegue vulnerable en la granja escocesa hasta su consolidación definitiva como estrella mundial. Un camino de búsqueda que lo llevó a volverse otro, para seguir siendo el mismo compositor genial, solo que distinto al que había sido en los Beatles.

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