Análisis de las características esenciales de la filmografía del realizador francés de films como “Piso compartido” ,“Las muñecas rusas”,“Lo mejor de nuestras vidas”, “Entre viñedos” y “Los colores del tiempo”.
Por Catery Tato
«Hay un tiempo para vivir
y un tiempo para dar
testimonio de lo vivido»
de Albert Camus en Bodas.
El director Cédric Klapisch, también productor y actor francés, nos tiene acostumbrados a sus viajes cinematográficos: actores que se desplazan, escenas en ciudades diferentes, momentos que se tocan en los umbrales de las épocas y un lenguaje que también se desplaza, de significante en significante. De su segundo cortometraje, un falso documental que hizo en 1989, Klapisch conserva el título y lo convierte en el nombre de su productora, «Ce qui me meut» («lo que me mueve», que además suena a «lo que me emociona»). Jugando con esa resonancia, Klapisch anticipa la dirección que tomará su creación cinematográfica y el porqué de esos movimientos que distinguen su estilo.
Aunque su cine ha sido descripto como de temática ligera, sobre todo en lo referente a la inmigración europea entre los años ’80 y los 2000, Kaplish mantiene junto a su colaborador Santiago Amigorena el interés en relatar historias cuyo desplazamiento sea real. Los actores y el equipo de realización se desplazan; las ciudades son escenarios filmados en tiempo real; sus personajes, incluso el idioma, se mueven, dejándonos ver cómo cada una de sus películas condensa un testimonio de lo vivido.
En “La venue de l’avenir” / “Los colores del tiempo” (2025), los herederos de una casa de fines del siglo XIX viajan hacia la región donde esta se ubica. Los travellings que siguen a las carretas, que recorren los vagones de los trenes o van detrás de las caminatas, marcan dónde se articulan las conversaciones imprescindibles: quiénes son los personajes, cuáles son sus historias, sus deseos, sus búsquedas y sus pérdidas.
El relato trata de un viaje introspectivo entre dos épocas: el París de 1895, el de la avenida del futuro y su luz —que se desliza en la resonancia del título con l’avenue de l’avenir—, se encuentra, en tándem con la obra de Monet y gracias a otro viaje (con un psicoactivo), con el París de 2025 y su generación del Pictorial Turn. La pregunta por los orígenes y por el devenir se escucha en las conversaciones de los personajes, que suben escaleras o filman al borde del Sena.
En su película “En corps” / “En cuerpo” (2022), sigue a una bailarina clásica de la Ópera de París que, tras sufrir una grave lesión durante una función (los médicos llegan a decirle que no volverá a bailar), reconstruye su vida y su cuerpo a partir de un viaje en el que conoce a la compañía del coreógrafo Hofesh Shechter. Se filman los ensayos y repeticiones de la compañía, sus acercamientos y alejamientos, los esfuerzos, los logros y las insistencias. La reconstrucción del cuerpo de baile y del cuerpo de la bailarina se logra gracias a la danza contemporánea, junto a un grupo de artistas multiétnico que está siempre en movimiento.
En “Ce qui nous lie” / “Entre viñedos” (2017), la naturaleza se muestra de modo que las imágenes transmitan la vida en los viñedos a través de los sentidos. Se contrató a un enólogo de la zona, que le enseñó al equipo entero la jerga de la actividad, los distintos tipos de uvas y la importancia de los suelos, para que todos hablaran con precisión y pisaran con respeto. Se filmó durante las cuatro estaciones del año para poder apreciar los escenarios de esta región de Francia en diferentes ambientes. La trama reúne a tres hermanos que, tras un largo tiempo separados, toman juntos el control del viñedo familiar. Redescubren el vino y el placer de crearlo juntos. Los personajes maduran a la par del vino que ellos mismos crean. Una vez más, la herencia y la historia que los empujan: lo que nos cambia y nos une.
Mi cine es lo opuesto a la frase de Sartre en la obra “A puertas cerradas – el infierno son los otros”. C. Kaplisch
En la trilogía que conforman “L’auberge espagnole” / “Piso compartido” (2002), “Les poupées russes” / “Las muñecas rusas” (2005); y “Casse-tête chinois” / “Lo mejor de nuestras vidas” (2013), películas que contaron con intérpretes poco experimentados que luego se fueron convirtiendo en figuras relevantes del cine francés como Romain Duris, Audrey Tautou, Cécile de France, se sigue la vida de Xavier, un estudiante viaja en intercambio a Barcelona.
La errancia del protagonista durante su vida en los años 2000 lleva al equipo técnico y artístico por una Europa que muestra tímidamente su diversidad. El mismo director dice que considera a Europa como los Estados Desunidos, al contrario de los Estados Unidos de Norteamérica. Todos los elementos técnicos y discursivos presentados en los ejemplos anteriores nacen en estos tres films: el individuo que se pierde entre los diferentes idiomas y las idiosincrasias se recupera con el grupo, con los otros. Los idiomas de los actores y actrices se hablan con acentos propios. Los travellings dan vueltas alrededor del protagonista. Los personajes chocan en sus diferencias, pero se fusionan, como en el matrimonio ficticio entre una chica de la comunidad china de Nueva York y un escritor francés que se muda allí por sus hijos. Los escenarios son las ciudades de Barcelona, San Petersburgo y Nueva York, con su luz y sus movimientos propios. Sus calles, perfectas algunas, atestadas de gente otras, a veces saturan la imagen y el color.
Seguimos entonces a Klapisch por estos caminos que se cruzan en sus historias, con estos personajes de orígenes diferentes que se hablan, en estas ciudades que a veces brillan y a veces nos ignoran. No somos inmigrantes, y tampoco lo son los artífices de estos films: somos trashumantes que, al volver de esta experiencia cinematográfica, reconocemos haber sido albergados en su universo narrativo y estético.




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