Valioso documental que se estrenó en el Cine Gaumont al cumplirse 50 años del golpe cívico-militar del 24 de marzo de 1976.
Por Mariana Dimant
Un hombre entra a una oficina improvisada en 1984. Dice que se llevaron a su hija, que no sabe por qué y pregunta- con una mezcla de desesperación e ingenuidad,- si ahora que puede declararlo, se la van a devolver…
Ese momento, relatado por una trabajadora de la Comisión Nacional por la Desaparición de Personas (CONADEP) concentra la potencia de Conadepianos. El film vuelve sobre el informe Nunca Más desde un lugar poco visible: quienes escucharon, registraron y sostuvieron la verdad, cuando todavía no era evidente que pudiera decirse.
El trabajo detrás del Nunca Más a medio siglo del golpe de 1976, cuando la dictadura aparece para muchos jóvenes como un contenido aprendido en la escuela o una fecha del calendario, es lo que propone Conadepianos, un acercamiento distinto a nuestro pasado más oscuro. Dirigido por Alejandro Cohen Arazi, con la colaboración de su hermano Juan Pablo, reconstruye el horror desde escenas poco conocidas, deteniéndose en el trabajo cotidiano de quienes integraron la CONADEP, la comisión que reunió miles de denuncias y dio origen al informe Nunca Más.
El documental avanza a partir de testimonios de ex trabajadores y trabajadoras de la Comisión organizados por ejes claros. Algunos relatos se centran en el impacto inicial de escuchar historias de desapariciones; otros, en la precariedad de los recursos y el desborde de declaraciones; también en el miedo persistente, ya que la democracia era todavía frágil; y, éticamente, en la responsabilidad de cómo poner por escrito lo que hasta entonces había circulado casi en silencio.
Escuchar para que exista: el testimonio que articula emocionalmente la película es el de una mujer que recuerda la llegada del mencionado padre. No pide justicia ni castigo: solo pregunta si ahora, ya que existe esta comisión, van a devolverle a su hija. El relato no se recrea ni se dramatiza y en esa sobriedad encuentra su fuerza. Para el público más joven, funciona como una puerta de entrada concreta a una violencia que suele aparecer de modo abstracto. Para quienes vivimos esa época siendo niños, reactiva el clima de desconcierto y vulnerabilidad que marcó esos años.
Desde lo formal, Conadepianos elige un registro clásico y contenido. El montaje es sobrio, sin subrayados musicales ni golpes de efecto, y el ritmo es calmo, respetuoso de los silencios. Esa decisión permite que cada testimonio encuentre su tiempo y refuerza la sensación de verdad: no hay apuro porque lo que se cuenta todavía pesa.
El material de archivo aparece acotado y cumple una doble función: a quienes no vivieron la transición democrática, les aporta contexto histórico; y a quienes sí la atravesamos, activa una memoria afectiva ligada a la incertidumbre de aquellos primeros años. Esa convivencia generacional es uno de los mayores logros del film.
Estrenado en la semana en que se cumplieron 50 años del golpe cívico-militar, Conadepianos recuerda algo esencial: el Nunca Más no fue una consigna inmediata, sino el resultado de un trabajo arduo y silencioso. Para las nuevas generaciones, puede ofrecer una experiencia cercana y humana, mientras que a los contemporáneos de esa época, nos devuelve el espesor de una memoria que sigue siendo un compromiso colectivo. Una memoria que nacía para permanecer necesaria e indiscutible.




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