Crítica de “Drive My Car”, de Ryûsuke Hamaguchi

El más reciente largometraje del brillante director de «Happy Hour», «Asako I y II» y «La rueda de la fortuna y la fantasía« ya está disponible en la plataforma de streaming MUBI.


Por Luciano Manoni

Tras una incursión por salas de cine en América Latina, y luego de obtener el galardón a mejor película extranjera en los últimos premios Oscar, ya se puede ver en la plataforma de streaming MUBI Drive My Car, de Ryûsuke Hamaguchi. Este joven director japonés, quien ya había sorprendido en diversos festivales como Cannes, Berlinale o Locarno, reafirma su lugar como uno de los realizadores de gran impronta autoral con esta adaptación de unos cuentos de Haruki Murakami.

A lo largo de sus tres horas de duración, Drive My Car nos invita a un viaje por los vericuetos de la vida íntima de sus personajes, y sus vínculos con su profesión ligada al arte, el teatro y la representación. La película tiene como protagonista a Yusuke (Hidetoshi Nishijima), un director y actor teatral talentoso y con trayectoria, quien posee un vínculo amoroso, erótico e intelectual con su esposa Oto (Reika Kirishima) que es guionista de televisión. Entre Yusuke y Oto no sólo hay pasión, sino que existe entre ellos un estrecho vínculo artístico que los coloca en una situación de interdependencia creativa: Oto improvisa y narra historias a su esposo, quien luego se las recuerda para que ella pueda tomar nota y así dar forma a un nuevo guion. Pero esta relación que no está exenta de conflictos, reproches y desconfianzas, se verá drásticamente modificada cuando Oto le diga a Yusuke que necesita hablar de algo importante con él al final del día.

Pero Drive My Car no sólo adapta y lleva a la pantalla grande el universo de Murakami, sino que Hamaguchi decide sentar en el asiento de copiloto a otro de los grandes nombres de la literatura: Antón Chéjov. Pues dos años después de aquel día decisivo en la vida de Yusuke, éste es convocado a dirigir una puesta teatral de Tío Vania en un festival en el teatro internacional de Hiroshima, obra que conoce al detalle ya que trabajó en ella como actor interpretando al papel de Vania.

Desde este momento, Chéjov será el tono, el ritmo y la voz que teñirá los estados emocionales y las situaciones que enfrenta Yusuke, y se impondrá como mediación en sus vínculos con los demás personajes. Porque Tío Vania no sólo será la obra que relaciona a Yusuke con el elenco que tiene que dirigir, sino que además esos diálogos son reproducidos en un cassette con la voz de Oto, quien se los había grabado para que pueda estudiar los parlamentos para su interpretación, y será la compañía sonora entre Yusuke y Misaki (Tôko Miura), una asistente que contrata el festival para sus traslados durante su residencia.

Uno de los grandes méritos de Drive My Car es la forma en que Hamaguchi va relacionando la intimidad, la interioridad y los sentimientos de los personajes haciendo que afloren oblicuamente mediatizados por la distancia de los parlamentos de una obra de teatro, los relatos ficcionales orales y diálogos en diversos idiomas, sin que necesariamente se comuniquen de manera transparente entre sí. Tío Vania no sólo ilustra el estado emocional y los diversos acontecimientos que le suceden a Yusuke, sino que es aquello que permite el retorno de la voz singular de Oto, y el elemento que habilita a que se pongan en contacto las historias de Yusuke y la conductora Misaki, que tienen varios puntos en común. La cercanía de un viaje compartido en un auto se entrecruza con las grandes distancias de las rutas de Hiroshima, y de manera análoga se superponen lo cercano y personal con la distancia de la ficción.

Es que Drive My Car toma la forma de aquello que utiliza como dispositivo central un automóvil, una máquina de engranajes que pone en circulación diversos ritmos, sonidos y movimientos que nos llevan por un viaje ficcional en la vida de estos sujetos, y utiliza como excusa esta ficción para traficar formas de transitar el dolor, la angustia, los deseos y las heridas que no pueden dejar de exhibirse. Hamaguchi es, como Misaki, el conductor de esta máquina de su autoría y que, como indica su propio protagonista, “acelera y frena con tanta suavidad que parece que no nos movemos”, y hasta llegamos a olvidar que estamos andando en este vehículo cinematográfico.


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