Este minucioso texto analiza las claves de la filmografía del director de «Muerte al amanecer», «La ciudad y los perros», «La boca del lobo» y «Tinta roja», figura clave del cine peruano y latinoamericano de las últimas cinco décadas.
Por Richard Kevin Bejar Pacheco
Hablar de Francisco Lombardi es hablar del cine peruano, o mejor dicho, es hablar del Perú y sus contradicciones. Su filmografía es una prueba de ello: 19 largometrajes que han recorrido distintos territorios y conflictos del Perú. Algunos de ellos en Lima (“Tinta Roja”) o la costa (“Bajo la piel”). Otros se realizaron en la zona altoandina (“La boca del lobo”). Y también está presente la selva peruana (“Pantaleón y las visitadoras”). Estamos entonces ante un cineasta obsesionado por su país y sus conflictos en distintas épocas y lugares de su historia. El realizador es también un apasionado del quehacer cinematográfico, ya que realizar una película en Perú es de por sí una tarea titánica. Contra viento y marea, “Pancho” Lombardi ha sabido trazar un rumbo artístico con una clara impronta realista que, indudablemente, dejará huella en su país.
Natural de Tacna, Francisco Lombardi ha contado recientemente en una entrevista (1) que, a excepción de dos de sus películas, (“No se lo digas a nadie” y “Pantaleón y las visitadoras”), siempre ha gozado de libertad artística por parte de los productores para realizar sus películas. Sin embargo, debido a que hoy en día las compañías españolas ya no están interesadas en coproducir en Latinoamérica, los cineastas de la región presentan diversas limitaciones para realizar sus películas. Esto incluso ha afectado a directores consagrados como Lombardi.
¿Qué hace especial al cine de Lombardi? Diría que es un cineasta que construye una representación del Perú donde los individuos intentan conservar su integridad dentro de sistemas —militares, judiciales, periodísticos, escolares o informales— que premian la adaptación, la violencia y la corrupción, y que castigan con el exilio a aquellos que no se alinean al statu quo.
A continuación, recorreremos el “sendero Lombardi”, deteniéndonos en algunos hitos de su filmografía, cine que bebe del clasicismo norteamericano, pero también tiene una relación estrecha con la narrativa latinoamericana (Mario Vargas Llosa, Jaime Bayly, Alberto Fuguet).
Ópera prima
Hay casos donde la primera película de un cineasta reúne todas las obsesiones, temáticas, formas y estilos de realizar películas. Hay otros casos, como el de Francisco Lombardi, donde el primer film esboza rasgos estilísticos en formación.
Su primera cinta, “Muerte al amanecer”, narra la ejecución de un hombre acusado de haber cometido un crimen atroz. El guion está basado en el testimonio dado por el periodista Guillermo Thorndike, quien presenció el fusilamiento del “Monstruo de Armendáriz”, un caso judicial mediático en Perú debido a que se sentenció al culpable a la pena de muerte, siendo este el último caso civil con esta condena. Al fusilamiento asisten todas las personalidades implicadas en el juicio y, sin embargo, lo último que les importa a los asistentes es la pulcritud del proceso.
Con tan solo 27 años, Lombardi realiza con solvencia su primera película, aunque el propio autor reconoce también que quedó insatisfecho con el personaje involucrado en el crimen (De Cárdenas, 2014). También queda corto el desarrollo de los otros personajes, siendo el policía a cargo de la ejecución (Gustavo Rodríguez) el único que presenta dudas sobre el proceso en curso. Donde sí hay un gran manejo es en el tiempo escénico, ya que toda la película se condensa en un solo día. Otra escena memorable es cuando se filma a los prisioneros encerrados en el pabellón. La cámara sigue a los policías que ingresan a los calabozos para amendrentar a los presos. El escenario es tan sombrío al punto de parecerse a una mazmorra. Solo unos focos colgados en el techo iluminan el corredor de la cárcel y por momentos queda a oscuras la imagen. Este es un primer ejemplo del uso de los espacios como elemento opresor que se verá más adelante en sus películas, sobre todo en “La ciudad y los perros”.
Ars poética
Si en el primer largometraje estamos ante un cineasta en formación, será con el cortometraje “Los amigos”, donde el autor encontrará no solamente su estilo, sino también comenzarán a delinearse muchas de las obsesiones que posteriormente recorrerán su filmografía: los devaneos de la amistad, los rituales masculinos que forjan la hombría, y la encrucijada en la que se encuentran los personajes ante dilemas morales. Es decir, el barro del que estarán construidos sus personajes en las posteriores películas. En el cortometraje, aparentemente, todos los amigos manejan los mismos códigos masculinos. Uno de ellos es el que ejerce un poder sobre los demás (el empresario, interpretado por Jorge Rodríguez Paz). Y cuando los amigos estén a punto culminar su ritual masculino en el bulín, el espectador descubrirá que “el zambo” Gonzales (Augusto Salazar) no cumple a cabalidad esos códigos, por lo que terminará siendo expulsado de ese “sistema fraternal”. Aquí se refleja que, en el universo lombardiano, aun sin haber instituciones que sometan al individuo, puede igualmente haber sistema tácitos que ejercen poder sobre sus semejantes.
“Los amigos” forma parte de un conjunto de cortometrajes reunidos en la película “Cuentos inmorales”. Esta cinta también, al igual que su primera película, es producida por la firma Inca Films.
Aquí estamos frente a un reencuentro de compañeros de colegio, quienes deciden revivir anécdotas de la vida escolar. Esta trama aparentemente sencilla crece gracias a una decisión del director, que es la de trabajar con actores no profesionales, ya que Lombardi deseaba probarse a sí mismo dirigiendo a este tipo de actores, convencido de que podía extraer de ellos una naturalidad distinta a la de los intérpretes formados en el teatro, siendo esta forma de dirección un sello personal de Lombardi. La linealidad del tiempo será otro rasgo característico del cineasta. Posteriormente utilizará flashbacks como elemento narrativo (“Bajo la piel”). En este cortometraje también hay un uso más marcado del humor a través de los modismos en el uso coloquial del lenguaje, los espacios frecuentados por los personajes (bares o bulines) y la revelación de una verdad oculta que rompe aquello que se creía robusto: la amistad.
¡Qué me mira, cadete!
Si hay algo que caracteriza a la primera novela de Vargas Llosa es el colegio Leoncio Prado como microcosmos de todo el Perú. La escuela militar no solo reúne a los peruanos de distintos orígenes, colores de piel o realidades sociales diversas, sino que además, al estar regentada por la institución militar, representa también a una vieja tradición política peruana.
Uno de los mayores retos a los que se enfrenta un cineasta es llevar una magnífica novela literaria a la pantalla grande. Muchas veces ocurre que lo descrito en palabras es intraducible en imágenes. Por ello, el que Lombardi haya logrado trasladar de manera eficaz la esencia de la escuela militar a su película demuestra que el cineasta maneja con maestría el arte de la adaptación. Para ello también se apoyó en el poeta José Watanabe, quien realizó el guion de la película.
Aquí se retrata nuevamente el universo varonil, esta vez sobre los cadetes del colegio, quienes deberán someterse ante un sistema que exige de sus alumnos el aprendizaje ciertos códigos de supervivencia. Los rituales masculinos ahora también están impregnados de violencia. Esto se ve cuando los estudiantes de quinto de secundaria comienzan a practicar el “bautizo” a los recién llegados. El “Jaguar” será el único personaje que se rebelará ante esta práctica abusiva, y será también el que entienda mejor los códigos de hombría que se practican en el colegio. Con un travelling lateral observaremos a toda la cuadra del tercer grado siendo “bautizada” por los alumnos de quinto año, técnica que será empleada de manera recurrente en su filmografía.
En cuanto al espacio, el colegio representa un lugar de enclaustramiento, ya que cuando un cadete viola el reglamento se queda internado en él hasta que se revoque su castigo. A diferencia de la novela, donde los hechos transcurren tanto en Lima como en el colegio Leoncio Prado, en la película la mayor parte de eventos transcurren en el colegio, ya sea en sus pabellones, en el patio, en las aulas o en el campo de entrenamiento. Justamente, es allí donde se presenta el mayor acontecimiento de la película: la muerte de un cadete.
Este hecho, de suma gravedad, será el que dividirá a los personajes. El poeta, el teniente Gamboa y el Jaguar serán los principales implicados – los primeros como acusador e investigador del suceso-, y el último como presunto culpable. Sin embargo, la institución militar, antes que impartir justicia, preferirá cuidar su reputación. Nuestros personajes terminarán desencantados al ver cómo su institución se burla de sus propios reglamentos. Y será sobre todo el teniente Gamboa – calificado por el poeta como severo pero justo- el que se lleve la peor parte, al recibir una sanción, siendo su única falta seguir el reglamento militar.
En este punto ya estamos en el universo lombardiano: la amistad entre los cadetes que se verá trastocada por la muerte de Ricardo Arana, el esclavo (Eduardo Adrianzén), el individuo -el Poeta, el teniente Gamboa- aplastados por una institución en la que creían. El Jaguar, otro constructor de poderes fácticos, terminará perdiendo la condición de matón alfa, sintiéndose así traicionado por aquellos a los que consideraba sus hermanos menores. Es decir, el mismo será víctima del sistema del que fue su principal caudillo.
Para la realización de esta película, Lombardi cuenta en una entrevista que utilizaron un centro de internamiento como locación de grabación al denegarle el colegio militar el permiso para filmar en sus instalaciones. Y en cuanto a los derechos de la novela, Lombardi explica que el presupuesto de la película se iba a destinar enteramente en los derechos de la novela. Y que, luego de una conversación con Vargas Llosa, se alcanza un acuerdo con el novelista y su representante, Carmen Balcells, logrando así comenzar su realización. Esta adaptación se hizo con un presupuesto modesto, al punto de que la última escena se grabó con la última “lata” de película. Parafraseando a un importante héroe nacional, la consigna era realizar la película hasta quemar el último cartucho.
Primer asedio al lobo
Era 1988. El Perú se encontraba asolado por la hiperinflación y por las arremetidas de Sendero Luminoso. Y, en medio de esta desolación, se da la masacre de Cayara (2), donde cuatro militares fueron abatidos en una emboscada ejecutada por Sendero Luminoso y, en represión a este acto, las Fuerzas Armadas ejecutaron extrajudicialmente a cerca de treinta pobladores. El primero de diciembre de ese mismo año se estrena “La boca del lobo”.
Para muchos, esta es la película más lograda del director. Ricardo Bedoya (2025) opina que tiene elementos de un western: los soldados serían el elemento foráneo que ingresa a terreno desconocido para eliminar al enemigo público. Lombardi aquí se atreve a retratar uno de los temas más álgidos de la historia contemporánea del Perú: el conflicto armado interno. Para ello, la locación se traslada a más de 3.200 metros, donde se contará la historia de la masacre de Chuspi, epicentro de una ejecución extrajudicial por parte de las Fuerzas Armadas sobre decenas de campesinos al ser acusados sin pruebas de formar parte de Sendero Luminoso. En la película solo se visualizan a los soldados y a los pobladores de la localidad. Los miembros subversivos nunca aparecen en la película, lo que genera un temor omnipresente en los soldados. El fuera de campo se traduce en una sensación de acorralamiento, de abandono por parte del gobierno. Todo esto en medio de un paisaje agreste y desolado.
Así como hay una amenaza omnipresente en el ambiente, hay pequeños momentos en los que se logra respirar cierta paz utilizando la música peruana. Hay una larga secuencia donde los militares están comiendo el último rancho enlatado y bailando a ritmo de música criolla. Empiezan a añorar la comida costeña, la camaradería viene y va en la mesa. Es una secuencia lograda porque, por un momento, lo militares olvidan la amenaza senderista, en el aire se respira criollismo y, de pronto, todo este hechizo se interrumpe cuando ingresa un soldado herido al comedor y les cuenta que fueron emboscados por los senderistas.
Lombardi cuenta en otra entrevista (3) que esta película recibió una censura por parte del gobierno de turno. ¿La razón? Cuando Vitin decide desertar del ejército, las Fuerzas Armadas entendían que el personaje huye para unirse a las huestes de Sendero Luminoso. En realidad, el protagonista escapa del ejército al atestiguar la masacre perpetrada sin ninguna prueba contra otros connacionales. La consigna de Roca (Gustavo Bueno) es clara: son ellos o nosotros. Y una vez más, el individuo se ve derrotado por las instituciones en las que él confiaba.
Magnum opus
En otra entrevista (4), Francisco Lombardi confesó que, en su juventud, cuando se mudó a Lima, realizó sus primeros trabajos en la prensa. Comenzó haciendo reportajes para luego pasar a realizar crítica de cine en el periódico. Cuando llegó a sus manos la novela “Tinta roja”, del chileno Alberto Fuguet, de inmediato supo que tenía entre sus manos su próxima película.
Esta vez Lombardi rompe la linealidad de la historia ya que comienza in media res. Una escena que precede a un hecho trágico y que luego será retomada a medida que transcurra la película. Y si bien en “Tinta roja” se encuentran los elementos recurrentes vistos en “Los amigos”, aquí aparecen nuevos asuntos: la relación mentor-discípulo, la ausencia del padre, la compasión hacia el derrotado, y sobre todo, la putrefacción de un sistema civil que carcome por dentro a los aspirantes.
Los personajes de “Tinta roja” son todos viejos diestros en sus malas artes. La prensa sensacionalista se convierte en un espectáculo de la desgracia ajena. Mientras más truculento, mejor. Mientras más sórdida la noticia, tanto mejor. Porque no solo basta vender las noticias, sino que también se busca entretener al lector.
Alfonso (Giovanni Ciccia) encarna la historia del peruano de clase media que, ante la falta de oportunidades, no encuentra otra alternativa que convertirse en un chacal, pero no del todo, ya que todavía mantendrá cierta fe en la literatura. Fe que luego será recompensada.
Por otro lado, Faúndez (Gianfranco Brero), será el “mentor” periodístico de Alfonso. Un ducho en la construcción de las crónicas policiales. A medida que ambos personajes se van conociendo, Faúndez va adquiriendo un rol paternal sobre Alfonso, quien sin notarlo, comenzará a recibir una educación sentimental. Nacerá así una camaradería entre ambos personajes, uno sacando lo mejor del otro, llegando a un punto donde Faúndez se reconocerá a sí mismo en Alfonso. Esta sociedad terminará cuando Alfonso tenga que cubrir una nota policial sobre su propio jefe, mentor, y figura paternal. Faúndez, al ver que su propia creación está a punto de darle la estocada final, acepta con resignación el acto parricida. Gianfranco Brero fue galardonado con la Concha de Plata al mejor actor en el 48° Festival de San Sebastián.
En este punto, ya se puede concluir que la amistad masculina es una presencia recurrente en la obra de Lombardi. Vitin y Kike (“La boca del lobo”), Alejandro y Faundez (“Tinta roja”) o El poeta y el esclavo (“La ciudad y los perros”) son una muestra de una complicidad que al principio se nutre de intimidades y complicidad, pero que, se termina al enfrentarse ante dilemas morales.
El lobo mira hacia adentro
¿Por qué nos matábamos tanto entre peruanos? Una primera respuesta ante esta interrogante se encuentra en “La boca del lobo”. Pero estábamos todavía ante una respuesta parcial. Con “El corazón del lobo”, Lombardi intenta, al fin, elaborar un lienzo completo sobre el conflicto armado interno en Perú.
Para empezar, en esta película hay un cambio en el reparto de actores que interpretan a los personajes. Se encuentran rostros nuevos. El director contó que era necesario renovar al reparto ya que, de haber trabajado con los actores de larga trayectoria, la verosimilitud de la película se habría visto afectada.
La historia se centra en 1990 y narra la historia de Aquiles, un niño asháninka que será raptado y adoctrinado por Sendero Luminoso. Es así como conoceremos por dentro los métodos aplicados por el grupo terrorista. Pero sobre todo, observaremos el dilema de Aquiles: ¿ser o no ser? Cruzar la línea de fuego o conservar lo poco de humanidad que queda.
Hay una escena que ha sido discutida por varios críticos peruanos. Y es cuando Aquiles es entrevistado por el militar. El niño le cuestiona que ellos también asesinaron a inocentes. Ellos también tienen manchadas sus manos. El militar le explica que dentro de una guerra, siempre hay pérdidas de vidas inocentes. Lo que incomoda de la escena es la imagen que proyecta el militar. Una mirada firme, pulcra, decidida, casi orgullosa de lo que hizo. La problemática tal vez se deba a que el guion está basado en un libro escrito por un militar del ejército peruano (Carlos Enrique Freyre – “El miedo del lobo”). Si bien el guion fue trabajado de manera conjunta entre Lombardi y Augusto Cabada, es posible que el espíritu de la novela le de a la película un eco reivindicativo a favor de las fuerzas armadas. Al menos, la puesta en escena deja entrever esta interpretación.
Habiendo recorrido algunos hitos de la filmografía del cineasta peruano, se puede decir que Lombardi realiza una cartografía del Perú al retratar la corrupción del Poder Judicial, la inmundicia de la prensa chicha, los abusos perpetrados por las Fuerzas Armadas, todo esto en los espacios de cada región del país: costa, sierra y selva. En cuanto a su estilo, este se caracteriza por la sobriedad de la puesta en escena, ya que esta debe encontrarse al servicio del actor. Es por eso que muchos críticos consideran a Lombardi como un cineasta dramaturgo, un especialista en la dirección de actores.
Asimismo, en el cine de Lombardi siempre nos encontramos ante un personaje enfrentándose al sistema, ya sea político, periodístico, militar o judicial. Sistemas corrompidos que ponen a prueba, e incluso destruyen, la moral del individuo. Y aquí es donde aparece el cineasta escéptico. Alejándose del pesimismo, Lombardi, a través de sus personajes, mantiene su fe en el peruano, cree, con matices, que todavía existen peruanos capaces de conservar su integridad, aún a sabiendas que su decisión los llevará al ostracismo. El Perú entonces se convierte en una máquina que exilia a sus elementos más íntegros. Si Basadre pensaba el Perú como problema y posibilidad, Lombardi lo hace como corrupción y supervivencia.
Notas:
(1) Patricio Suárez Vertiz. 3 de octubre del 2025. Patricio tal cual – Francisco J. Lombardi (Cap. 23) [Video].
https://www.youtube.com/watch?v=Yul2mtg3oW0
(2) https://lum.cultura.pe/cdi/periodico/asi-fue-la-matanza-en-cayara
(3) Pancho Lombardi y su romance de 11 años con joven periodista: “Me es indiferente la edad, bailo reguetón”. 28/08/2023. Diario Trome.
https://trome.com/espectaculos/francisco-pancho-lombardi-habla-sobre-larga-relacion-joven-periodista-carla-mendoza-me-es-indiferente-la-edad-en-un-acto-de-amor-baile-regueton-entrevista-farandula-noticia/
(4) Francisco Lombardi a 20 años de la película “Tinta Roja”: “Se ha perdido el sentido que la noticia tenía cuando se inició el periodismo”. Diario el Comerio. 23/09/2020.
https://elcomercio.pe/eldominical/mensaje-de-voz/francisco-lombardi-a-20-anos-de-la-pelicula-tinta-roja-se-ha-perdido-el-sentido-que-la-noticia-tenia-cuando-se-inicio-el-periodismo-noticia/




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