Cuatro apuntes -punzantes, cuestionadores- sobre la flamante ganadora del premio Oscar a Mejor Película.
Por Ricard Albert
Cuatro apuntes sobre CODA (2021, Sian Heder), remake de la película francesa La familia Bélier (2014, Éric Lartigau) que, como su predecesora, narra la liberación, bajo pautas “coming of age”, de una protagonista marcada por su condición, hija no sordomuda de una unidad familiar cuyos padres y hermano sí lo son (el significado del acrónimo CODA es Child Of Deaf Adult). En términos musicales una coda también es un símbolo que se marca como referencia para indicar una repetición.
1- Sian Heder. La primera película de la directora norteamericana, Tallulah (2016), disponible en Netflix, narra, como en el caso de CODA, la toma de conciencia de un personaje femenino (Ellen Page). Este primer film se descubre más irreverente, complejo y, dentro de las convenciones sociales basadas en la felicidad consensuada en la que vivimos y que todo espectador entiende como “normal”, refleja una liberación a medias. Medianías, como esos clímax vistos en pantalla, con sus anticlímax inmediatos de recuperación de lo que dejas, de lo que superas. Como un mirar atrás para no ya convertirse en estatua de sal (cómo se echa de menos la radicalidad de la mitología, la tragedia didáctica sin esperanza), sino para convertirse en alguien que sigue las pautas marcadas dentro de una rebelión de lágrimas programadas. CODA supera en mojigatería a ese debut irregular e interesante.
2- Oscar. No es la primera vez que una remake gana el gran premio (la insufrible El artista ya lo era de la legendaria Cantando bajo la lluvia o Los infiltrados, que quedaba por debajo del originario Infernal Affairs) y en este caso que nos ocupa la nueva versión es superior al original (era fácil, fijémonos como ejemplo, en los padres de la protagonista, que generó polémica en su día, ya que la versión francesa no son actores sordomudos y en la americana sí lo son, poniendo así en evidencia el histrionismo ridículo de los primeros). Tampoco es nuevo que lo que antaño, antes del streaming, se conocían como telefilms, entendidos a groso modo como productos para consumo con siesta, esos modelos que al despertar puedes recuperar el hilo con esfuerzo mínimo, gane el Oscar. El efectismo, cuando se tiene la sensación de que el efecto precede a la causa en su prioridad para el subrayado o la impresión, se palpa en todo el guion de la película. CODA iría en esa línea, igual que casi todos los ganadores de los Oscars de los últimos años. Resumiendo, una vez más nada nuevo en el olvidable cine que se etiqueta como comercial.
3- La familia Bélier. No hace mucho los franceses decidieron proteger su cultura de la «colonización» de Estados Unidos. A grandes rasgos y saltándonos muchos pasos, la progresión de esas medidas evolucionó hasta filmar películas similares a los productos que intentaban vetar (Intocables, 2012, Eric Toledano). La familia Bélier viene de esa tendencia que poco tiene que ver con ese cine apasionante, de deseos ambiguos, amorales y agitadores que fue y aún en ocasiones es el cine francés, esas películas que resquebrajan los principios al espectador (L’Humanité, Bruno Dumont, 1999). El cine se va convirtiendo en un espacio que reconforta y satisface al que lo disfruta, como una especie de onanismo del ego, repleto de referencias de manual básico (Drive My Car, 2021, Ryûsuke Hamaguchi). Nadie escapa a la globalización ni con la pretendida excepcionalidad cultural que se ve sometida al negocio. Como si un bucle se fuera cerrando, fagocitado desde dentro ante la evidencia.
4- Repetición. Parece que el cine tiende a la reiteración de cosas ya hechas, versiones de éxitos pasados por el tamiz mainstream. Tiene más éxito la versión norteamericana del producto a explotar que el originario. Lo que indica inteligencia comercial, escasez de ideas y una necesidad de generar productos para un mercado inagotable. La repetición no importa ante un espectador que parece no tener memoria. CODA, por su poca excepcionalidad, en este caso, caerá en un merecido olvido y la industria cinematográfica seguirá produciendo plagios. Todo en orden.




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