Tras su estreno en la Competencia Oficial del Festival de Berlín y un breve paso por los cines de Argentina, está disponible en la plataforma de streaming Amazon Prime Video este notable nuevo trabajo de la directora francesa.
Por Carolina Zaffore
Parafraseando el título de su consagrado largometraje Retrato de una mujer en llamas (2019), Céline Sciamma entrega el más sobrio retrato de dos niñas jugando en su reciente Petite maman (2021). Interpretadas por las mellizas Joséphine y Gabrielle Sanz, una de ellas lanza con aparente inocencia la frase “me parece que todo el mundo se hace demasiadas preguntas”. Desafío planteado al espectador que quedará atrapado entre la simpleza estética y las reflexiones que recorren los 72 minutos de duración de la película. Así vuelve la misma dupla, con la dirección de fotografía a cargo de Claire Mathon, pero esta vez con un retrato mucho más elemental y despojado que sorprende y reafirma el vigor de esta cineasta francesa.
La trama es mínima. A partir de la muerte de la abuela y la angustia de su madre, una niña de ocho años transita el duelo valiéndose de su mundo de imaginación y fantasías. El contexto de la pandemia en que se despliega el rodaje sintoniza bien con el pulso narrativo: pocos actores y textos breves en dos locaciones. La primera es el geriátrico donde muere su abuela y en donde la pequeña Nelly ensaya una despedida que no la satisface, ya que no pudo decir “adiós” como hubiera querido. En su lugar, saluda con calidez a cada una de las ancianas aun vivas, esbozando en la primera escena el auténtico asunto de la película: las pérdidas que impone el inexorable paso del tiempo. La segunda locación es la casa familiar adonde se dirigen madre e hija, Marion y Nelly, con el objetivo de ordenar y vaciar el sitio donde vivió la abuela hasta su final. Labor en la que el padre estará presente, aunque tendrá un papel relativo, incluso marginal, que subraya el acento puesto en las tres generaciones de mujeres.
La inmensidad y sigilo del bosque que rodea la casona realza a la perfección el tono lúdico y casi onírico que acompaña, siempre desde la mirada infantil, los recuerdos, descubrimientos y rincones que le permiten a Nelly alguna elaboración de su tristeza. Ella quiere saber, busca activamente información, signos de la historia familiar que la antecede y la determina. En uno de los diálogos con su padre, protesta porque los adultos no hablan de su propia infancia. Observa que lo hacen mal o de manera insuficiente y, lejos de resignarse, su disgusto se transforma en la antesala de un encuentro imprevisto con una chica muy similar en edad y fisonomía. Más allá del enigma que rodea la identidad de esta segunda niña, la relación que forjan es de una franca amistad. La gestualidad y composición de ambas privilegia la acción, los silencios y el fino sonido ambiente sobre los textos.
La fotografía sustenta el contraste entre el interior de la casa y la naturaleza en cada detalle visual del bosque, consiguiendo revelar la infancia en su costado más espontáneo, libre y cuasi salvaje. Es notable el trabajo interpretativo de las pequeñas protagonistas que se debe en gran parte a la dirección, aunque alcanzan un nivel de soltura e improvisación que parece rebasar todo cálculo. Por ejemplo, como cuando las vemos jugando en la cocina en un momento de plena conexión lúdica donde no se privan de largar una carcajada al momento en que vuela un panqueque por los aires. Hay algo muy logrado en esa toma, entre otras, donde lo que se destaca una y otra vez es la soltura y gracia tan propias de la infancia. Tal vez sea justamente esa libertad, esa pérdida de la niñez que impone el paso del tiempo, la que Céline Sciamma recupera de algún modo con la mixtura entre la intuición y la madurez cinematográfica con la que avanza su obra.




Deja un comentario