Crítica de “Never Rarely Sometimes Always”, de Eliza Hittman: Viaje al espíritu adolescente

Por Vanesa Berenstein
(desde Toronto, Canadá)

El tercer largometraje de esta directora estadounidense se sumerge en la problemática del embarazo no deseado desde el punto de vista de una joven de un pueblo muy conservador que busca una solución a su situación en la inmensa ciudad de Nueva York.


Escrita y dirigida por Eliza Hittman, Never Rarely Sometimes Always -título que remite a las alternativas de respuesta en encuestas de opinión y cuestionarios de diferente tipo- fue estrenada en Sundance en enero de este año y obtuvo distinciones tanto en ese festival como en la Berlinale, donde fue reconocida con el Gran Premio del Jurado.

La directora ya había abordado la temática adolescente de manera poco edulcorada y hasta con crudeza, en sus películas anteriores, It Felt Like Love (2013) y Beach Rats (2017).

Autumn (la debutante Sidney Flanigan), una muchacha de 17 años en un pequeño pueblo marcadamente conservador del estado de Pensilvania, que se enfrenta a un embarazo no deseado, emprende el viaje a bordo de un ómnibus de larga distancia a Nueva York, ciudad en la que una menor de edad no necesita autorización parental para llevar a cabo la interrupción de un embarazo y en la que existen redes de ayuda y contención provistas por los servicios sociales de la salud pública. En el viaje la acompaña Skylar (Talia Ryder, quien es parte del elenco de la remake de Amor sin barreras, dirigida por Steven Spielberg, actualmente en posproducción), su prima y compañera de trabajo en el supermercado donde se empeñan como cajeras.

Las jóvenes permanecen dos días en una ciudad desconocida que, si bien se presenta como un ambiente caótico y hostil, les brinda la ayuda, el respeto y en un punto la contención que no recibieron en su lugar de origen.

El film aborda de manera realista el tema de los derechos reproductivos y la violencia hacia la mujer subyacente en la sociedad de manera sensible, honesta y sin acudir a golpes bajos ni al melodrama; muy por el contrario, lo hace revelando a partir de observaciones sutiles la cultura machista reflejada en pequeños actos, comentarios, y situaciones a las que se enfrenta la protagonista: desde los gestos obscenos de parte de un compañero del colegio, de mesa a mesa, en el restaurante donde ella se encuentra cenando con su familia hasta los toqueteos por parte del supervisor del supermercado donde trabaja, por mencionar solo un par.

Mediante primeros planos, la cámara se detiene en el rostro de Autumn y sus expresiones, a veces con un trasfondo desdibujado, permitiéndonos acceder de alguna manera a su mundo interno y vislumbrar su percepción del mundo que la rodea. A través de su mirada podemos intuir el equilibrio entre su fortaleza y su vulnerabilidad, expuesta esta última en una escena marcada por su autenticidad y falta de afectación en la cual la joven se entrevista con la asistente social en el centro de planificación familiar y, a partir de las preguntas de la profesional, puede tomar contacto con el dolor del trauma silenciado.

Never Rarely Sometimes Always, si bien fue concebida en los Estados Unidos de Donald Trump y en el marco de una oleada conservadora y un retroceso en términos de derechos civiles y respeto por la diversidad, aparece en un momento oportuno también en la Argentina para contribuir al relevante debate sobre la legalización del aborto y los derechos de las mujeres.

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