Festival de San Sebastián 2025: Polémicas ideológicas y cinéfilas en un entorno paradisíaco

Viñetas, instantáneas, reseñas, anécdotas y diario personal de una 73ª edición que dejó mucho material para el debate.

Por Francisco González Quijano

Justo después de apagarse las luces, en la pantalla aparece un anuncio de autos que te invita a silenciar tu teléfono celular, luego se tiñe de colores y da paso al spot oficial del festival, cuyo ritmo es acompañado por palmas de los espectadores. Después hay silencio, empieza la función. Al aparecer los créditos finales, unos aplauden y otros no. El público del festival de San Sebastián se relaciona así, desde la sala, con las películas que ve.

Es habitual salir del teatro y dar un paseo por la ciudad, también conocida como Donosti o Donostia, en cuyas callejuelas peatonales se establecen decenas de bares atiborrados de gente —locales, turistas y asistentes al festival— que buscan hacerse un hueco en la barra para pedir una sangría, una copa de vino, una cerveza y, principalmente, pintxos, platos de porciones pequeñas que se comen en pocos minutos, pero que pueden incluir delicias gastronómicas que el País Vasco ha posicionado a nivel mundial: bacalao, chuletón de buey, cordero, tortilla, jamón de jabugo, erizos de mar, ostras, pulpo, todo tipo de quesos o pimientos de distintas variedades. Cada local cuenta, además, con un salón comedor donde puedes sentarte y pedir a la carta, con efectos inmediatos en tu cartera.

Entrar en ellos supone una oportunidad para encontrar figuras de la industria cinematográfica, que pasean por allí como cualquier hijo de vecino. En 2025 se celebró la edición número 73 del festival; en sus ampulosos hoteles y restaurantes se dieron cita personalidades como Angelina Jolie, Jennifer Lawrence, Edward Berger, Colin Farrell, Jafar Panahi y Richard Linklater, entre otros.

Este año estuvo atravesado por un clima que trascendía lo fílmico: un ambiente polarizado en casi todos los rincones del orbe que se hizo evidente en las propuestas y en las calles. Días enmarcados por un clima antibélico y combativo, donde la exigencia de un alto al genocidio en Gaza se hizo sentir en pancartas, declaraciones y gestos colectivos. Mientras se celebraba el festival, el mandatario de España, Pedro Sánchez, tomó acciones para reconocer a Palestina y condenar al Estado de Israel; los partidos de derecha, en cambio, tendieron la mano a Netanyahu en su lucha armada contra Hamás. Un actor “secundario”, el rey Felipe VI, sorprendió a todos apoyando a Sánchez y a los palestinos.

El conflicto influyó, desde luego, en el Premio del Público, que fue otorgado a “La voz de Hind Rajab”, con una puntuación histórica. La película de la directora tunecina Kaouther Ben Hania, que estuvo respaldada por personalidades como Brad Pitt, Alfonso Cuarón, Jonathan Glazer o Joaquin Phoenix en la producción ejecutiva, cuenta la historia real de lo que se vivió en una sala de emergencias palestina, al recibir una llamada telefónica de una niña atrapada en la Franja de Gaza en medio de un enfrentamiento armado.

A través de un impactante manejo de la violencia fuera del campo visual, pero presente en el sonoro, el espectador es llevado a solidarizarse emocionalmente con casi todos los personajes de la cinta. El antagonista de la historia, contra quien fuera de la sala se expresan cientos de manifestantes, está ausente de la diégesis y, por lo tanto, de la posibilidad de debate. Los cinéfilos y visitantes de Donosti levantaron la voz pidiendo a Netanyahu que pare ya, otorgándole a esta película la presea, que por méritos cinematográficos pudo haber recalado en obras bastante más complejas y depuradas, como “Nouvelle Vague” (Richard Linklater), “Agente secreto” (Kléber Mendonça Filho), “Fue solo un accidente” (Jafar Panahi) o “Valor sentimental” (Joachim Trier).

Dadas las circunstancias geopolíticas e ideológicas que atraviesan estos tiempos, es comprensible que una buena parte de los espectadores de cine enjuicien a través de un prisma que exige a cada obra una clara toma de partido. De esta manera, incluso un coming of age fronterizo interesante, pero simple, como la mexicana “Olmo”, de Fernando Eimbcke, tomó matices anti-trumpistas durante la comparecencia del director. Así, también, cada una de las ruedas de prensa de las que formaba parte algún estadounidense solían invitar al artista a posicionarse al respecto: ejemplos muy visibles como el de Angelina Jolie o Jennifer Lawrence lo hicieron, condenando a su manera las políticas de su presidente, las guerras y el uso de la fuerza.

Todo lo anterior explica la polémica que suscitó entre público y los críticos que la gran ganadora de la Concha de Oro fuera “Los domingos”, de la española Alauda Ruiz de Azúa, una película que huye de cualquier forma de maniqueísmo para contar el conflicto de una adolescente que siente el llamado religioso para convertirse en monja de clausura, ante el estupor de la parte progresista de su familia: su tía Maite, quien hasta ese momento ha ejercido una importante figura materna. Ruiz de Azúa, opuesta a lo que hace Ben Hania, nos muestra ambas instituciones, familia e iglesia, tan amables y amorosas como tiranas y carcelarias. Con planos entre rejas, claroscuros, luces que se encienden y apagan o puertas que deberían abrirse o cerrarse, el ejercicio de reflexión es profundo, ¿cuál sería la mejor elección para una chica que busca encontrar sentido a la vida? ¿Debemos influir en su decisión?

La sutileza de enfrentar a tradiciones conservadoras, violencia y progresismo ya había sido uno de los puntos fuertes que dieron a “Tardes de soledad” (Albert Serra), la Concha de Oro en la edición de 2024: film que muestra estéticamente la brutalidad de la tauromaquia y la pasión de sus protagonistas. Con este largometraje no quedaron conformes ni los taurinos ni los animalistas; con Los domingos no lo hicieron ni los religiosos ni los ateos. Conviene mencionar, además, que los jurados de las dos ediciones fueron completamente distintos. Este 2025 estuvo presidido por el director J. A. Bayona, acompañado por las realizadoras Laura Carreira y Gia Coppola, la actriz Zhou Dongyu, la intérprete y cantante Lali Espósito, el actor Mark Strong y la productora Anne-Dominique Toussaint. El año anterior, la presidencia recayó en Jaione Camborda, junto a la escritora Leila Guerriero, Fran Kranz, Christos Nikou, Carole Scotta y Ulrich Seidl.

Eso sí, es el tercer año consecutivo que gana una película española, pues en 2023 lo hizo “O Corno”, de la misma Jaione Camborda. En el tren de regreso, un afamado crítico español me dijo sentir un poco de vergüenza por el hecho, ya que el festival, según él, está perdiendo credibilidad. Este año, “Los domingos” pasó por encima de films de cineastas tan reconocidos como Edward Berger, Claire Denis o Agnieszka Holland. No lo haré cambiar de opinión, pero puede ser que cuanto más división de opiniones genera un festival, más riqueza ofrece en estos tiempos agitados.

San Sebastián es una ciudad espectacular para acoger un evento como este. Su belleza, su oferta gastronómico-cultural y la forma en que se convive en sus calles la convierten en un lugar ideal para reunir público e industria. Resulta significativo que en un entorno tan amable convivan discusiones ásperas, propuestas abiertamente ideológicas y proyectos que invitan a reflexionar. Y que, pese a todo, terminemos aplaudiendo al mismo ritmo antes de cada proyección… por amor al cine.

Deja un comentario

Crea una web o blog en WordPress.com

Subir ↑