BAFICI 2025 / Especial documentales argentinos – “76 89 23”, “Plesiosaurios vivos” y “El amo del jardín”: Fascinación, rescate y memoria

El análisis conjunto de tres incursiones nacionales en la no ficción que tuvieron su estreno mundial en el festival porteño permite abordar la vigencia, importancia y diversidad del género dentro del cine de nuestro país.

Por Alex Dan Leibovich

La presencia de cine documental argentino fue importante en la 26a. edición del BAFICI, así como la diversidad de tonos y formatos. Ya de por sí la clausura estuvo a cargo de uno, “Quinografía”, lo que marca de alguna forma una toma de postura y de valorización del festival en torno al género. Entre algunos de los más interesantes, tanto en su puesta como en sus temáticas tratadas, se encuentran “76 89 23”,de Federico Benoit, “Plesiosaurios vivos”, de Magrio González e Iris Serrano; y “El amo del jardín”, de Fernando Krapp.

Mientras que los objetos de interés son más que diferentes (lo que evidencia la heterogeneidad de categorías de las tres: Cine sobre cine, Pasiones y Artes y oficios), se podría decir que un elemento en común para las obras es la intención de rescate y valoración. Frente a un presente efímero y líquido, en donde la crisis se siente en todos los aspectos, incluyendo la industria del cine, hay un hilo en común en donde se elige visitar el pasado, traerlo al presente y ponerlo en lectura con personajes y obras actuales.

Así, en “76 89 23” se toma como puntapié la película de culto “76 89 03” y se la utiliza como medio para hacer una radiografía sobre la historia reciente nacional, la crítica de cine y la sociedad y la política argentina. De alguna forma, se analiza el detrás del proceso de aquella película, pero también se lo usa de trampolín para contar cómo aquella obra prefiguró lo que estamos viviendo hoy: los discursos violentos, la inflación desmedida, la ultraderecha en el poder.

Por su parte, en “Plesiosaurios vivos” se bucea entre viejas revistas de ciencia y de pseudociencia, crónicas y testimonios para traer a la vida toda la fantasía como la investigación científica que suscitó tanto el plesiosaurio del Lago Nahuel Huapi (o Nahuelito) como el del Lago Ness (Nessie): tangos, heladerías, publicidades, novelas pulp y canciones de punk.

Finalmente, en “El amo del jardín” se retrata la vida de Yasuo Inomata, el paisajista japonés que diseñó el Jardín Japonés de Escobar, el de Palermo, y el de tantas otras obras que van desde una finca hecha para el actor Tommy Lee Jones y tareas dentro de la Fiesta de la Flor de Escobar y de Temaiken hasta un jardín privado de una estancia de la tradicional familia Zavalía de 25 de Mayo. Un artista que es reconocido a nivel mundial dentro del paisajismo, pero que fuera de aquel ámbito casi no se lo contempla.

En las tres obras hay fascinación, ese impulso inefable que puede provocar lo extraordinario ante los ojos de los directores que iniciaron los proyectos y que los hizo sostenerlos por años de desarrollo. Si a Benoit lo deslumbró la película de culto de Flavio Nardini y Cristian Bernard y todo lo que eso significaba, a Magrio González e Iris Serrano los movilizó la pasión que supieron encontrar en aquellos monstruos marinos (un hilo de esa pasión se puede tender con el cine documental de Néstor Frenkel) y en toda la fantasía que desplegaban; y en Fernando Krapp continuó aquel gran interés en la sociedad japonesa en Argentina que ya plasmó en su libro de crónicas del 2019, “Una isla artificial: crónicas sobre japoneses en la Argentina”.

Se debe afirmar también que en aquella búsqueda por lo fascinante y por el rescate de un pasado, hay un gran manejo de fuentes y de material de archivo. En “76 89 23”, lo contado se asienta no solo en tapas de diarios y metraje de la película original, sino también en una inmensa polifonía de voces en un espectro que va desde el investigador Fernando Martín Peña hasta la locutora Elizabeth Vernaci. En “Plesiosaurios vivos” hay una investigación, que como dijo Magrio al final de la obra, involucró sentarse a revisar decenas y decenas de revistas y documentos, lo cual se reflejó en la pantalla, aparte del testimonio tanto de paleontólogos como de escritores de revistas de ciencia y de pseudociencia en una convivencia armoniosa de la fantasía más delirante y la ciencia más dura. Por otro lado, en “El amo del jardín” hay material de archivo suministrado por el propio entrevistado (filmaciones, planos) pero, a diferencia de los otros, el objeto de interés (Inomata) es la voz y la presencia que hila todo, el cual es complementado por las voces de sus allegados, de las personas con las que trabajó o que se vieron influidas por su obra.

En dos de los documentales está también presente el viaje como motor de la investigación. Japón, con su otra cultura y su otra luz, se encuentra desplegado en “El amo del jardín”, como parte del retorno que hizo Yasuo Inomata a su tierra natal. Hay ahí también una fuente de inspiración tanto para el entrevistado como para el director; la quietud y lo poético que ya se encontraba en lo mostrado en Argentina, termina de aflorar allí, con un paisajista que al principio de la obra estaba callado y renuente, y que se termina abriendo del todo. Como le dijeron los hijos de Inomata al director luego de regresar, Inomata tuvo un renacimiento. Allí hubo de alguna manera un ejemplo del retratado siendo influido por el mismo proceso del documental.

Por otro lado, no podían no aparecer el Lago Nahuel Huapi y el Lago Ness y sus misterios en “Plesiosaurios vivos”. La cámara viaja con los directores, tanto a las planicies verdes y frías de Escocia como al sur esplendoroso de Bariloche. En el proceso, ambos espacios y su gente van añadiendo capas y capas al documental. Es tan necesaria la voz del historiador aficionado que relata todo en un local de ropa de Bariloche, como la del personal del museo The Loch Ness Centre, tanto en la mujer dentro de sus cuatro paredes como la del hombre que conduce una lancha por el Lago Ness, entre frases inusitadas y revelaciones bizarras.

“76 89 23” casi no viaja físicamente, pero sí lo hace entre el celuloide de la película a la que se refiere y entre las voces que van reconstruyendo la historia.

Se podría decir también que en un contexto en donde se intenta colonizar desde el discurso oficial y en el cual la parálisis del INCAA se notará cada vez más, hay una búsqueda en pos de valorizar la cultura argentina. Fuera en un objeto tanto científico como criptozoológico, en una película nacional independiente del 2000 o en un paisajista inmigrante que aportó mucho desde su lugar, los tres casos son de alguna forma una oda a objetos culturales argentinos y a su preservación en la memoria nacional.

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