Tras su estreno mundial en el Festival de Valdivia 2024, se proyectó en la sección Música del BAFICI este nuevo y nostálgico largometraje del reconocido escritor y periodista chileno rodado en su Valparaíso natal.
Por Roberto Del Río
Ricky Palace (Daniel Antivilo) aparece en escena cantando en el bar Cochran “Soy un volcán”. Ricky es un cantante y su volcán parece haberse extinto hace rato, pero el film dará cuenta de que todavía se encuentra en actividad.
La película transita la línea temporal del protagonista. Al ser una película nostálgica, apela a su línea de tiempo para que el espectador empatice rápidamente con él, que haya una conexión que solo el cine puede crear.
La historia transcurre en la ciudad portuaria de Valparaíso, donde alguna vez tuvo lugar “la nueva ola”, un grupo de cantantes abriéndose camino imitando a sus ídolos anglosajones aunque sin caer en la copia absurda o sí.
Ricky navega durante todo el film en la incertidumbre de qué será de él, cuál será su manera de afrontar el final.
La banda de sonido, a cargo de Sebástián Orellana, ocupa un lugar central en la narración. Golpes sutiles perfectos y milimétricamente creados en función de la historia que, apoyados en planos y fotografía convincentes, logran que la película no caiga en la categoría de olvidable.
Andrés Nazarala, quien antes había rodado !Debut» (2009), nos hace llegar al final del film sin la certeza de qué es lo que pasará con Ricky, que no es poco, en algunos casos apelando a la comedia, en otros al drama, pero sin dudas, aun con algún cliché forzado y hasta innecesario, nos lleva a buen puerto.




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