La más reciente película de la realizadora de “Los que vuelven”, basada en dos cuentos de Mariana Enriquez, ganó el Gran Premio de la Competencia Argentina de la edición 2025 del festival.
Por Camila Dulce
“La virgen de la tosquera”, película que combina realismo social con elementos fantásticos y de terror, fue dirigida por Laura Casabé a partir de un guion de Benjamín Naishat (“Rojo”, “Puan”). Basada en dos cuentos de Mariana Enriquez, el homónimo y “El carrito”, ambos del libro “Los peligros de fumar en la cama”, publicado por primera vez en 2009, tuvo su lanzamiento mundial en el Festival de Sundance en enero último, y el estreno argentino, el BAFICI, donde obtuvo el Gran Premio de la Competencia Argentina, el de mejor directora argentina entre todas las competencias oficiales otorgado por GENERO-DAC y el de mejor sonido de largometraje entregado por la Asociación Argentina de Sonidistas Audiovisuales.
La pregunta más interesante que me despertó esta película es: ¿Qué da más miedo? ¿Las maldiciones y la brujería o la realidad social argentina del 2001? Casabé logra que el contexto social de la época sea un personaje más, uno por momentos monstruoso, pero al que no se lo muestra exagerado ni impostado, sino cotidiano y natural. Nadie parece espantarse por lo que sucede a su alrededor: la violencia (como la paliza brutal que sufre el borracho de la primera escena de la película), la inseguridad o los cortes de servicios son cosas de todos los días en este universo que parece distópico, pero fue real. En ese contexto, acompañamos a Natalia, una adolescente en plena etapa de descubrimiento, tanto identitario como sexual (así que podríamos decir que la película también es un coming of age), que está enamorada de Diego y se ve amenazada por la aparición de Silvia, una mujer un poco mayor y más experimentada que parece cautivar al joven. Lo que haga Natalia frente a esta situación va a marcar su crecimiento y la va a poner en línea con el tipo de adulta en la que se va a convertir.
En cuanto a la transposición, la trama de la película se centra más que nada en “La virgen de la tosquera”, pero toma elementos de “El carrito” (en la que el carrito abandonado de un cartonero parece traer algún tipo de maldición al barrio) para presentar el universo oscuro de Enriquez donde lo sobrenatural y lo terrorífico conviven con lo cotidiano, y así agrega una capa de enrarecimiento y misterio extra a la historia principal.
Uno de los mayores aciertos de la película es que logra ser muy universal para el ojo ajeno por las temáticas que toca, pero a la vez es muy local para el público argentino. Es imposible no sentirse identificado con cosas tan argentinas como el “¡Hola, Susana!” para atender el teléfono, los programas de TV locales y sus sorteos, las canciones de rock nacional, las referencias a Cemento, el tetra Pico de Oro, los constantes cortes de luz y de agua, etc. Destaco además que esos elementos no se usan para abusar de la nostalgia, sino para mostrar el contexto social de la manera más fiel posible y también para sumar algunos momentos de humor que alivianan la carga dramática de la narración y ayudan al espectador a identificarse con los personajes.
La atmósfera de terror asfixiante que se genera durante la hora y media de metraje va in crescendo y logra ser muy efectiva. El trabajo de sonido es excelente y agrega capas que funcionan muy eficazmente en la construcción de esa atmósfera en la que se percibe que algo va a explotar, pero no se sabe cómo ni cuándo.
La música también juega un papel importante, no solo como contexto de época sino para entender a los personajes. No es casual que la canción favorita de Nati de la banda Las Pelotas sea “Cuándo podrás amar”: un tema que habla de despojarse de las inhibiciones y los prejuicios, y metaforiza sobre la liberación y la aceptación de uno mismo detrás de la frase “no está mal que bailes desnuda sobre el agua del mar si te quieres ver así”. Y, por otro lado, la canción que escucha Diego en varias escenas, “Para qué” (también de Las Pelotas), puede relacionarse con un destino del que no puede escapar, como foreshadowing de lo que le va a pasar a su personaje: “Y nadie escapa, todos al furgón. Si a las montañas o al mar. A dónde vas a escapar. ¿Y para qué?”. Sí tengo un pequeño “reclamo” en cuanto al anacronismo de la canción Fascination (The Droyds «Ghetto» Mix), porque si los hechos de la película se sitúan en el verano de 2001 es rara su incorporación, ya que se lanzó en 2003. Un detalle que puede parecer menor, pero como yo tenía muy presente la época de lanzamiento de la canción, me hizo dudar del año en el que se supone que se sitúa la historia.
Por último, vale la pena mencionar el excelente trabajo del elenco, formado principalmente por actores noveles. Y quiero destacar a Fernanda Echevarría, la actriz mexicana en la piel de Silvia, que logra hablar un español rioplatense muy porteño y bastante “rollinga” a la perfección. Me sorprendió la participación de Dady Brieva en un papel con pocas, pero muy efectivas intervenciones. Y me pareció perfecto el balance entre fragilidad, belleza y furia que logra transmitir Dolores Oliverio como Natalia.
Para finalizar, me gustaría resaltar el buen momento que parecen estar atravesando las películas argentinas de género: luego del éxito de “Cuando acecha la maldad”, de Demián Rugna, ahora llega “La virgen de la tosquera” como digna sucesora que posiblemente pueda superar sus logros, ya que además de ser una excelente película de autor, tiene elementos que pueden hacerla atractiva para un público un poco más mainstream que disfrute el cine de terror en general y puede apoyarse en el interés que genere en los lectores de Mariana Enriquez, que cuenta con un fuerte reconocimiento internacional. Esperemos que sea un éxito de taquilla cuando llegue su estreno comercial, para seguir demostrando que el cine argentino es de calidad y tiene mucho para dar.
BAFICI 2025: Crítica de “La virgen de la tosquera”, de Laura Casabé: Conurbano sangriento




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