En la competencia oficial Vanguardia y Género se estrenó el primer largometraje de este director español que estuvo en Buenos Aires presentando su comedia de terror.
Por Martín Santamaría
Lo primero que tenés que saber sobre la película “Bodegón con Fantasmas” es que no hay ningún bodegón, pero sí muchos fantasmas.
Nunca acostumbro a leer sinopsis ni ver trailers, menos en festivales, así que la noción de una milanesa a caballo con poltergeist me intrigaba mucho; pero el director Enrique Buleo, antes de comenzar la función, nos informó que había una diferencia en la noción argentina y española de un bogedón: allí se traduciría como “naturaleza muerta”, que en verdad tiene más sentido junto con fantasmas.
Ahora bien, no se dejen engañar por el título lúgubre, Bodegón con fantasmas es una comedia fantástica muy divertida. Se trata de una película episódica con cinco historias que transcurren en un mismo pueblo en el interior de España. Si bien no están relacionadas entre sí, muy rápidamente uno se da cuenta de que el pueblo es el verdadero protagonista.
El director contó en la presentación que se inspiró en el lugar donde creció y eso se nota muy claramente, ya que todas las entregs están repletas de personajes que condimentan la sensación de vivir allí. Historias de desamor, fantasías no cumplidas, plegarias no contestadas y una esperanza que no se pierde hasta el final.
“Son historias que pasan en el mismo lugar, pero no se cruzan, cosa de remarcar el tema de la soledad”. Así describió el director su opera prima; una soledad que se aprecia al ver los mismos lugares, vacíos, y cada protagonista completamente ensimismado en su propia cruzada.
Imagínense un pueblo rural muy tradicional, con una cultura conservadora y una mirada muy centrada en el “que dirán”. Solo para dar una noción, voy contarles la premisa del primer episodio: una mujer vive su rutina del día a día en completa soledad, se levanta, sale a hacer las compras, limpia, mira noticiosos trágicos antes de dormir y cada tanto se asoma por la ventana a ver si hay una tragedia o crimen en la casa de los vecinos. El Día de los Muertos, su padre fallecido hace años vuelve del más allá, porque tiene asuntos sin concluir. Llega a la casa de su hija y le pide que por favor le cumpla su último deseo, aquel que aún no lo ha dejado descansar en paz: tiene que contarle al pueblo que él siempre se sintió mujer y que su nombre era Aurora. Lejos de sorprenderse de la existencia del más allá o de sobresaltarse al ver a su padre fallecido hace 20 años, la hija amargada y conservadora le dice “No padre, que van a pensar en el pueblo”. De ahí en más, es la historia de una hija que intenta detener al fantasma de su padre de revelar al pueblo su verdadera identidad, persiguiéndolo en la madrugada por el Día de los Muertos.
En todos los episodios resalta un clima de liviandad que contrasta de forma sorprendente con la supuesta pesadez de la temática. Como contó el realizador, toda su vida buscó el absurdo en lo solemne. No se esperen una trama ceremoniosa; ese es el espíritu de la película: historias sobre los vivos y la muerte, en la que los vivos la pasan peor que los muertos.
BAFICI 2025: Crítica de “Bodegón con fantasmas”, de Enrique Buleo: Pueblo chico, infierno grande




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