BAFICI 2025 / Crítica de “Later in the Clearing”, de Márton Tarkövi: En busca del sentido de la vida

Colaborador de Víctor Erice y Albert Serra, este director de origen húngaro estrenó la película en el Festival de Rotterdam para luego desembarcar en la competencia Vanguardia y Género del BAFICI.

Por Cristian Beccaria

Unos pájaros fuera del plano parecen dialogar sobre el paso del tiempo. Quizás acaba de llover. Quizás es primavera. Quizás hay un río desde el cual cientos de generaciones de hombres bebieron agua. Quizás hay árboles ahí fuera cuyos troncos escucharon las lenguas secretas de otros milenios.

Márton Tarkövi mira a su abuelo Péter Molnár, el artista y protagonista del documental, quien dice sonriendo: todo lo bello nace por casualidad. Exagerando un poco. Pero no mucho.

Péter duda. Duda y reflexiona todo el tiempo. Vive en una casita en algún lugar rural de Hungría. Vive la vida lenta y paciente de la que no hay siquiera ínfimos vestigios en la esfera urbana. Se acerca a los árboles, medita junto al río y cierra los ojos ante al sol, al que mira de frente. Tengo la esperanza de que con esta atención prolongada de alguna manera el tiempo trascurrido también se impregne. Péter apoya sus dedos sobre las telas, maderas, gubias, pinceles y buriles. Olvidándose de su presente, se hunde en las profundidades del tiempo intentando entender cómo el hombre imaginó un lenguaje, cómo lo moldeó, cómo describió el paso del agua y el correr de las gacelas, cómo fue esa invocación primitiva, imperfecta, errónea y salpicada de fallas que elucubró tal noble disciplina de la descripción de la vida y de las cosas.

En esta notable ópera prima que es «Later in the Clearing» («Majd a tisztáson»), Márton Tarkövi crea un ecosistema absolutamente íntimo, introspectivo y con una delicada distancia poética hacia Péter. Conjuga un excelente trabajo de edición y montaje, encuadre y sonido que, junto con el uso de la voz en off, ajustan la temperatura del film a aquella necesaria para entrar en la atmósfera donde ocurre el mundo de la creación y poder entender así su música, su forma, su densidad. Márton filma con admiración y misterio cada una de las piezas de Péter y recorre con planos verticales de norte a sur esa inagotable cartografía del desbaste. En las escenas con Super 8, elocuentemente amalgamadas con el resto del relato, parecen entreverse algunos destellos de Robert Beavers y Peter Hutton, que empujan al espectador a buscar respuestas (que nunca encontrará) a las mismas preguntas de Péter, que son, al final, también las de todos.

La naturaleza filmada actúa también como santuario de los ecos interiores de Péter: ¿Qué hay detrás del orden de las cosas? ¿Cuál es el lenguaje del tiempo? ¿Cómo develar los secretos de la vida? ¿Debemos hacerlo? Estos dilemas del artista respecto a su presencia en el tiempo y la vida se filman desde la intimidad suprema de la soledad, en una continua expedición hacia la búsqueda del significado de la existencia.

El film concluye con un episodio surreal, como si las formas mismas quisieran romper el relato. Recuerda a los collages oníricos de Ernst, o a las visiones místicas de Xul Solar. Hay algo en el arte de Péter que permanece oculto incluso para él mismo. La cámara hace su último paneo de norte a sur. El claro aparece y permanece.

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