El prolífico e inclasificable director estadounidense rodó con un presupuesto mínimo de apenas dos millones de dólares una película con fantasmas que adopta un curioso y provocador punto de vista.
CRÍTICA 1
Por Lucía Cárdenas
Estantes que se derrumban repentinamente, cosas que cambian de lugar, espejos antiguos con vibras escalofriantes. Todas estas situaciones, junto a otros condimentos sobrenaturales, nos llevarían a pensar que estamos ante una clásica historia de terror representada infinidad de veces en pantalla. En este caso, sin embargo, Steven Soderbergh propone un juego ingenioso, con un cambio de enfoque fundamental: toda la historia está contada desde el punto de vista del fantasma.
Esta entidad “despierta” en una casa vacía y se desplaza por el espacio convirtiéndonos en pasivos espectadores de su mirada. Pronto somos testigos de las particularidades de los nuevos habitantes: un matrimonio desgastado emocionalmente, un hijo adolescente preocupado por su estatus escolar, y la hija menor, también adolescente, fuertemente atravesada por una reciente pérdida. El interés no tardará en posarse en ésta última, la única que parece percibir que están en compañía de una presencia paranormal.
Cabe advertir para los más fanáticos del terror que no se acerquen a «Presencia» buscando los sobresaltos típicos del género. El híbrido de estilos al que se atreve Soderbergh recae más en ahondar en los vínculos rotos de los personajes y, en consecuencia, lo que termina pisando fuerte es el drama familiar. En este sentido, puede que la película corra el riesgo de caer en una zona gris un tanto confusa. El que busque sustos se sentirá decepcionado, y el amante de los dramas se encontrará con diálogos algo genéricos, que no aportan gran profundidad.
Sin embargo, algo permite que esta particular historia de fantasmas logre caer bien parada, e incluso cautivarnos. Soderbergh resuelve con poco de una manera brillante. Filmada en una sola locación y con un elenco reducido (dentro del cual se destacan Lucy Liu y Chris Sullivan), la película se apoya en una puesta minimalista que refuerza su atmósfera inquietante y la sensación de encierro. Por otro lado, la destreza de sus movimientos de cámara para transmitir la falta de corporalidad de su personaje principal, sumada a la utilización de la música en momentos clave para acentuar la emocionalidad de la escena, son decisiones acertadas que construyen climas muy interesantes. El resultado es una propuesta que logra sostenerse con altura a pesar de algunos deslices narrativos y que, principalmente, nos sacude. Después de todo, cambiar la forma de mirar las cosas a veces es necesario.
CRÍTICA 2
Por Gonzalo Cané
Hoy la tecnología parece haber desbloqueado los límites del mundo físico que conocíamos. Nos conecta, podemos ver y mostrar aspectos cotidianos y extraordinarios de nuestras vidas, estamos comunicados. Y, sin embargo, lo más cercano, lo que nos rodea nos resulta a veces completamente invisible. Así lo podemos observar en «Presencia» (2024), película del director estadounidense Steven Soderbergh.
Somos testigos de una mudanza. Rebekah Payne (Lucy Liu), su marido Chris (Chris Sullivan) junto a su hija Chloe (Callina Liang) y su hermano Tyler (Eddy Maday) acaban de llegar a una nueva casa. Si las mudanzas pueden ser situaciones movilizantes. La experiencia es aún más singular si nos encontramos allí con una presencia desconocida. Esta es la premisa básica del film del creador de títulos como «Sex, Lies, and Videotape» (1989), «Out of sight» (1999), «Erin Brockovich» (2000), «Traffic» (2000) y «The Informant» (2009), entre otras, que le valieron un Oscar de la Academia a mejor director y la Palma de Oro en el Festival de Cannes.
La originalidad de la película consiste en contar la historia desde el punto de vista espectral de la presencia. De este modo, la cámara se mueve, ágil y etérea, por la casa y nosotros la seguimos. Observamos, junto a la presencia, la inquietud del matrimonio por un problema que aqueja a Rebekah pero sobre todo la atención se centra en Chloe, angustiada por la muerte reciente de una amiga.
Las dificultades para comunicar lo que sentimos y la soledad frente a los otros son temas que cruzan el film. El problema de Rebekah y las dudas que se instalan en su marido se transitan en soledad, Chloe y su tristeza parecen existir solamente para su padre Chris. Pese a vivir juntos, atraviesan sus emociones en soledad. Solo Tyler parece estar contento. Con la cabeza puesta en los amigos y la diversión adolescente, indiferente a su hermana, el favorito de su madre es la puerta por la que entra un temor más inquietante que el fantasma.
«Presencia» narra de forma empática y con una bella fotografía la paradoja de una presencia invisible y, sin embargo, sensible que convive con personas que están en realidad ausentes, ajenas a lo que sienten y viven sus seres queridos.




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