Tras arrasar en el Festival de Cannes y en los Oscar, el director surcoreano regresa con una sátira visualmente deslumbrante pero al mismo tiempo demasiado subrayada.
Por Santiago Fioravanti
“¿Que se siente morir?”. Esa es la pregunta que Timo (Steven Yeun) le hace a Mickey Barnes (Robert Pattinson) para dar inicio a “Mickey 17”, la nueva mixtura de comedia y ciencia ficción escrita, dirigida y producida por Bong Joon-ho.
Luego de realizar su mayor éxito en 2019 con “Parasite”, film que le valió al director la Palma de Oro en el Festival de Cannes, cuatro premios Oscar (incluyendo el de Mejor Película) y la aclamación de las masas, el director de origen surcoreano vuelve a la gran pantalla para traernos esta divertida sátira ambientada en un futurista y distópico 2054.
Pattinson da vida a Mickey, un hombre que, debido a sus problemas financieros, se enlista en una nave espacial rumbo a un planeta llamado Niflheim (el cual los humanos buscan colonizar) para trabajar como un prescindible y ser el conejillo de indias en varios experimentos. Allí, se le asignarán misiones de alto riesgo con fines científicos en las que invariablemente muere, para posteriormente ser clonado y regenerado.
Bong Joon-ho dispara una crítica dirigida una sociedad elitista y capitalista. Los magnates políticos que dan vida Toni Colette y Mark Ruffalo (en el personaje de este último podemos encontrar ciertos paralelismos con Donald Trump) hacen uso y desecho de Mickey, venden falsas utopías a través de los medios de comunicación masiva y buscan exterminar a los curiosos animales que habitan el planeta, viéndolos solo como un objeto de consumo comestible para ellos. El director juega con el lenguaje visual y los simbolismos, donde esos animales que viven ocultos y lejos de la superficie (es decir, “los de abajo”) son quienes salvan la vida a Mickey y quienes buscan igualdad de términos en una convivencia pacífica.
Varias ideas plasmadas ya son moneda recurrente en su filmografía, donde podemos apreciar algunas películas que tocan tópicos con comentarios sociales y políticos. En “Incoherencia”, uno de sus primeros cortometrajes lanzado en 1994, el director hace uso del sustantivo que da nombre a esta obra para definir el sistema político y social de su país, donde individuos con moralidades ambiguas y cuestionables cometen actos impuros, para posteriormente señalar con el dedo a una sociedad marginada y culparlos por actos violentos acontecidos. Luego, podemos encontrar guiños a “Okja”, largometraje de aventuras lanzado en 2017 y distribuido por Netflix en el que nuestra protagonista es una cerda que es perseguida por una masiva y multinacional empresa que quiere capturarla para asesinarla y comercializar su carne.
Si bien hay mucho para destacar, el principal problema rodeando la película es su sobre explicación a nivel narrativo. Ninguna emoción de los personajes o idea que se intenta desarrollar se deja a la libre interpretación y muchos planos terminan viéndose opacado por el uso constante del diálogo explícito que nos cuenta todo lo que está pasando. No existe ambigüedad y por momentos se siente como si se estuviese subestimando al espectador, despojándole de su capacidad analítica y de reflexión sobre el contenido que está consumiendo.
“Mickey 17” posee un argumento original y que por momentos nos plantea debates interesantes y un tanto filosóficos, como sobre qué es ser humano y qué es lo que nos define como tal. Su estética y diseño de producción son brillantes, mientras que los actores brindan mucha personalidad a sus roles, pero termina siendo la falta de sutileza y su redundancia en sus enfoques los que hacen que su impacto no tenga tanta profundidad como sus películas anteriores.




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