Dos críticas de “Better Man: La historia de Robbie Williams”, de Michael Gracey: El mono tremendo

Dos miradas a una biopic musical que se esfuerza por desmarcarse de los a esta altura lugares comunes del género y lo consigue con muy buenos y sorprendentes recursos.

Crítica 1, por Daniela Eliana Flores

Como muchos de mi generación, recuerdo ver cómo Robbie Williams se sacaba la piel en el video de «Rock DJ» con un shock hipnotizante mientras merendaba después de la escuela. Quizás muchas personas también vivimos un shock similar varios años después al ver que a sus 51 años él ya tendría su propia biopic llamada «Better Man» (como su canción del año 2000) y que estaría protagonizada por un chimpancé.

Dirigida y coescrita por Michael Gracey («El gran showman», 2017), la película se apoya en un concepto audaz: presentar a Williams a través de un mono. La idea nació del propio director, quien se inspiró en la expresión que el cantante utilizó en varias ocasiones para definirse: un «mono intérprete» (en inglés performing monkey es alguien que se sacrifica para complacer al público y pone las necesidades de los otros por sobre las suyas).

La tarea de dar vida a este inusual protagonista recayó en la reconocida compañía de efectos visuales Weta FX («El Señor de los Anillos», «El Planeta de los Simios»). Aunque los movimientos fueron escaneados a partir del propio Williams, el actor Jonno Davies fue quien encarnó al personaje en la mayor parte del film. Además de narrar la historia, el músico regrabó todas sus canciones para la película.

Una decisión que tomé -y que recomiendo- fue apreciar «Better Man» sin haber visto el trailer. Solo sabía dos cosas: que estaría atravesada por los hits de Robbie Williams y que estaría protagonizada por un chimpancé. Si lo último salía mal, al menos disfrutaría sus canciones y luego quedaría en el olvido como alguna otra biopic. Pero la película no solo deslumbra por las escenas musicales y la coreografía memorable de Rock DJ filmada en plano secuencia: desde el primer momento el elemento que produce el extrañamiento, y el encanto, es este chimpancé imposible de domar en la jungla de la industria musical.

La fuerza de «Better Man» reside en que no pretende disimular las contradicciones ni las sombras del personaje, sino que, a diferencia de otras biopics que idealizan a sus protagonistas, lo expone sin tapujos. Sabemos quién es Robbie Williams, conocemos a través de los portales algo sobre su vida y sus logros, y aún así en los 135 minutos que dura el film esperamos con todas nuestras fuerzas que el personaje logre superar los obstáculos. Muchas personas ingresamos a la sala de cine escépticos o intrigados y salimos asombrados y con los ojos llorosos. Igual que en «Let Me Entertain You», canción con la que Williams suele abrir sus shows, «Better Man» comienza prometiendo que va a entretenerte y sin dudas lo logra.


Crítica 2, por Axel Rezinovsky

Me resultó hasta gracioso descubrir que las nominaciones a Mejores Efectos Visuales en los Oscars de este año incluían a tres películas con monos generados por computadora: «Wicked», «Kingdom of the Planet of the Apes» y, por supuesto, «Better Man». Esta última fue escrita y dirigida por Michael Gracey –reconocido por «The Greatest Showman» y principal candidato a encabezar el próximo live action de la versión de Rapunzel de Disney–, quien se perfila como uno de los narradores más ágiles e interesantes en el panorama del género musical actual.

En lugar de repetir una clásica pero agotada historia del ascenso a la fama, esta biopic sobre el algo olvidado Robbie Williams –conocido por sus desenfrenados excesos y por subir muy transpirado al escenario– elige arriesgarse evidenciando lo dañino de esta fama marcada por drogas, alcohol y rock and roll. Lejos de usarlo como un recurso superficial y abordarlo por encima, el relato gira en torno a estas toxicidades, a su ambición y a su familia, y consigue desembocar en un grand finale tan sorprendente como emocionante que articula de manera muy prolija todas las aristas previamente expuestas.

La película se las ingenia para incluir una incontable cantidad de guiños a los diversos estilos y cortes de pelo de Robbie y a los hitos en su carrera, con un breve pero inevitable paso por su versión de «Something Stupid», con Nicole Kidman, o la famosísima escena en la que se desprendía carne y músculos en el video de «Rock DJ».

Los números musicales son su punto más fuerte. La puesta en escena aprovecha todos los recursos habilitados por el género, con luces de fantasía y colores vibrantes que nos despegan de la realidad, movimientos de cámara y planos con transiciones muy locas que unen diferentes temporalidades, coreografías meticulosas y arreglos musicales que logran reinventar sus mejores canciones. Todo esto se conjuga para elevar el material a un nivel completamente original y distintivo, además de que el protagonista es un mono, claro. Algo nunca antes visto en este terreno.

Creo que nos estamos acostumbrados a experimentar musicales con tanto corazón y honestidad que resultan todavía más brutales por estar basados en hechos reales. Logra transmitir un mensaje complejo pero preciso sobre los peligros del abuso de sustancias y la obsesión por una fama que, al final, no lo es todo. Y este abordaje y temática tan clara es lo que para mí le faltó a otras biopics gigantes que tuvimos recientemente, como “Elvis” o “A Complete Unknown”, que nunca llegaron a tocar mi fibra sensible ni a conmoverme, quizás por falta de intención. En cambio, “Better Man” es una hermosa y potente película, que apareció sin que nadie la esperara, y ojalá alcance su lugar como film de culto pese a haber sido un fracaso en la taquilla mundial.»

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