Nominado a dos premios Oscar (Mejor Película y Mejor Guion Adaptado), el segundo largometraje del director de «Hale County This Morning, This Evening» (2018) aborda una temática bastante recurrente como el racismo en los Estados Unidos, pero con recursos narrativos y visuales innovadores.
Por Daniel de la Garza
“Nickel Boys” (lanzada en el servicio de streaming Prime Video como “Los chicos de la Nickel”) es una película basada en la novela del mismo nombre que narra la historia de dos jóvenes afroamericanos en la turbulenta década de 1960 en los Estados Unidos. En un país donde la discriminación racial y la violencia contra la comunidad negra seguían siendo parte del día a día, y donde comenzaban a surgir con fuerza los movimientos de derechos civiles liderados por figuras como Martin Luther King, los protagonistas son enviados a una tutelar de menores, un lugar que se convierte en el epicentro de su lucha por la dignidad y la supervivencia.
A primera vista, podría parecer otra película más sobre el racismo histórico en los Estados Unidos; sin embargo, lo que la hace destacar es su innovadora narrativa en primera persona: toda la historia se desarrolla desde la perspectiva visual de los protagonistas, sumergiendo al espectador en su experiencia y obligándolo a ver el mundo a través de sus ojos. Este enfoque poco convencional logra generar una conexión íntima y visceral con los personajes.
Las películas contadas desde el punto de vista subjetivo (POV) suelen sacrificar la estética visual en favor de la inmersión, pero “Nickel Boys” rompe con esta norma. Cada cuadro está meticulosamente compuesto, logrando que la fotografía no solo sea impactante, sino que cuente una historia por sí misma. Cada toma es visualmente cautivadora, resaltando la crudeza de la época con una precisión desgarradora pero al mismo tiempo sutil.
A lo largo del film, se intercalan imágenes del avance aeronáutico de la década de de 1960. Quizás y el director retrata esto con una intención: la de contrastar el progreso tecnológico y la exploración espacial con el atraso moral y social de una nación que aún negaba derechos fundamentales a una parte importante de su población.
A diferencia de muchas películas sobre esta temática, “Nickel Boys” evita el exceso de violencia explícita o el impacto visual de la sangre. No obstante, la brutalidad se siente en cada detalle: en la ropa que visten los personajes, en los espacios en los que viven, en la comida que les sirven y, sobre todo, en la diferencia abismal entre la vida de los menores blancos y la de los afroamericanos. La amenaza de las consecuencias por no obedecer las reglas está presente en cada escena, creando una tensión constante que no necesita recurrir a imágenes obvias para ser efectiva.
Si bien al inicio puede resultar difícil adaptarse a su estilo narrativo, una vez que el espectador se acostumbra y asume el rol de observador en primera persona, la película lo atrapa por completo. “Nickel Boys” no es solo una historia de injusticia, sino una experiencia cinematográfica única que desafía al público a vivir, aunque sea por un instante, la realidad de aquellos que fueron privados de su voz y de su humanidad.




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