La directora francesa de «La isla de Bergman» y «El porvenir» retrata en su nueva película, premiada en la Quincena de Cineastas en el Festival de Cannes 2022, a una joven viuda interpretada por Léa Seydoux que debe ocuparse de su padre enfermo mientras intenta recuperar el amor perdido.
Por Diego M. González
«Only Love Can Sustain» es el disco maldito en la vasta y maravillosa obra artística que legó al mundo Luis Alberto Spinetta; álbum que fue grabado en 1977 en la ciudad de Nueva York a instancias de su amigo Guillermo Vilas, cantado completamente en inglés y con una producción musical envidiable para los tiempos en que los músicos argentinos jamás imaginaban grabar en el exterior. Con un sonido característico de la época, navegando entre las aguas del AOR (Adult Orient Rock), el soft y el jazz rock, «Only Love Can Sustain» fue rechazado de pleno por el público argentino (hay que recordar que eran épocas de plena intolerancia musical y el jazz rock dominaba la escena local), con su consecuente fracaso comercial y finalmente el álbum pasó al olvido.
En esta nueva aldea global sin fronteras virtuales es posible relacionar dos mundos en apariencia lejanos; desde el universo poético-musical de Luis Alberto Spinetta a las películas de los nuevos referentes del cine europeo como Mia Hansen-Love y Joaquim Trier (de quien escribiré más adelante en otro artículo) se puede advertir un punto en común: la búsqueda incesante del amor. Siguiendo este concepto, es posible afirmar que tanto para Luis como para Mia el AMOR (así con mayúsculas) es el eje fundamental y columna vertebral de sus obras artísticas.
«Una linda mañana» («Un beau matin») es la historia de Sandra (Léa Seydoux), una mujer que ha enviudado joven, quedando sola con una hija pequeña y con su padre, el señor Kienzler (Pascal Greggory), transitando el comienzo de una enfermedad neurodegenerativa irreversible. Mientras tanto, los vaivenes del corazón cuando se reencuentra con Clément (Melvil Poupard) en una relación que pareciera no terminar de consolidarse.
En una escena al comienzo del film la directora ya plantea una gran paradoja: Sandra visita a su padre; mientras le prepara el desayuno, la cámara encuadra a George (podemos advertir que ha perdido la vista), un profesor de Filosofía ya retirado y rodeado de su biblioteca repleta de libros; la paradoja entonces en la cual el hombre que toda su vida vivió leyendo y cultivando su pensamiento crítico hoy está ciego y con su memoria ingresando en un terreno de mucha fragilidad (nota mental: esta imagen resuena a la poesía surrealista spinetteana cuando canta en «Los libros de la buena memoria» la frase «se queda oyendo como un ciego frente al mar…»)
La vida de Sandra parece estar ceñida sólo a la crianza de su hija y la atención de su padre, sin lugar para el amor. Y, cuando parece haberlo encontrado, las indecisiones de Clément la hacen seguir sintiéndose como una persona desafortunada. Una tristeza permanente parece estar alojada en la vida de Sandra; esa tristeza se ve reflejada en su rostro (una notable actuación de Léa Seydoux por cierto) y nos recuerda por momentos a los primeros planos del rostro de Maria Falconetti en el clásico film «La pasión de Juana de Arco», de Carl T. Dreyer).
Sin embargo, Sandra toma decisiones para apostar por el camino de la felicidad, entendiendo que hay lazos para empezar a soltar y otros a los cual comenzar a aferrarse.
La poética de Spinetta y la obra de Hansen-Løve están conectadas por el concepto del amor, pero no por (o no sólo por) el carácter romántico sino más bien por la complejidad que tiene esa palabra en apariencia simple y sencilla, de apenas cinco letras. El amor como cuestión vital, espiritual, fraternal; la búsqueda de Dios en las pequeñas cosas; la exploración profunda del alma humana, tanto en su profunda belleza como en sus pliegues oscuros; Eliseo Subiela y el lado oscuro del corazón: la pasión, el cariño, el afecto conviviendo con el dolor, la angustia, la tristeza; la gracia y esplendor de la vida junto a lo irremediable del ser humano al saberse mortal.
El plano final congelado de Sandra, su hija Linn y Clément en el Puente de los Candados (también conocido como Puente de los Enamorados), mientras suena la bella «Love Will Remain», de Bill Fay, nos recuerda a una foto; la directora Mia Hansen-Løve elige dejar plasmado, como en una fotografía, un tiempo que siempre va a ser presente; un aquí y ahora, donde el amor permanecerá, donde sólo el amor podrá sostener esta, una bella mañana…




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