El director de «Ex Machina», «Aniquilación» y «Men: Terror en las sombras» presenta en su más reciente trabajo una provocadora, intensa y desencantada mirada sobre la sociedad estadounidense.
Por Martín Vecchio y Agustín López
CRÍTICA 1, por Martín Vecchio: La revolución será fotografiada
Caos en las ciudades, un gobierno que pende de un hilo y una fuerza militar que está a días de ingresar en lo que alguna vez fue la capital del país más poderoso del planeta. Y, en medio de esto, un grupo de periodistas busca retratar los últimos momentos del debilitado presidente de lo que queda de los Estados Unidos.
«Guerra civi» («Civil War») es la cuarta película dirigida por Alex Garland. Lejos de la avanzada inteligencia artificial de «Ex Machina» (2014), el terror lovecraftiano de «Aniquilación» («Annihilation», 2018) o el folk feminista de «Men: Terror en las sombras» (2022), el director inglés presenta una distopía que podría suceder en un futuro cercano.
En esta road movie, el objetivo de los protagonistas es llegar a destino a tiempo. Pero sus motivos no están ligados a la salvación de la humanidad, como ocurre en «Niños del hombre» (Alfonso Cuarón, 2006), ni por la venganza, como en «Mad Max» (George Miller, 1979). En este caso, la urgencia es obtener la primicia sobre lo que puede llegar a ser el final de esta guerra civil de la cual el espectador tiene apenas unas migajas de información.
Los personajes intentan llegar a las ruinas de Washington D.C. Son Lee Smith (Kirsten Dunst) y Joel Martinez (Wagner Moura) quienes buscan retratar y entrevistar al presidente (Nick Offerman) antes de que el destino lo encuentre. Se les suman Sammy (Stephen McKinley Henderson), un veterano de la prensa que espera dejar el grupo antes de que entre en la capital, y Jessie Cullen (Cailee Spaeny), una aspirante a fotoperiodista que quiere seguir los pasos de Lee, muy a pesar de su descontento.
A lo largo del camino, el grupo se cruza con personajes y situaciones que dejan en claro la miseria humana y los despojos que ha creado esta guerra. La película de Garland está más cerca de «Ven y mira» (Elem Klimov, 1985) que de «Los doce del patíbulo» (Robert Aldrich, 1966), porque está más interesada en el efecto deshumanizante que genera la guerra.
Eso no significa que no haya un trabajo interesante a la hora de filmar esos pocos enfrentamientos que se desarrollan durante la película. Rob Hardy, quien trabajó previamente con Garland en sus otras tres películas, cambia el estilo dependiendo del contexto. Durante gran parte de la película compone planos que se asemejan a una fotografía, ubicando sujetos dentro de planos generales que parecen haber sido retratados por alguna de las protagonistas de la película. Por otro lado, las escenas de batallas son más dinámicas, siguiendo a los personajes como si se tratara de una crónica de guerra.
La atmósfera de la película es sombría. Más allá de algún acto de solidaridad que ve en algún momento, los personajes parecen oscurecerse más y más mientras avanza la trama. El cinismo de este mundo se puede encontrar en los diferentes situaciones y paradas que los protagonistas encuentran en el camino, pero especialmente en Lee. Kirsten Dunst la compone como alguien cansado, pero con el objetivo puesto en el trabajo, incluso cuando se ve envuelta en situaciones que bordean lo inhumano.
Es por eso que la aparición de Jesse la incomoda. Además de los potenciales problemas que puede implicar alguien sin experiencia como cronista de guerra, hay un juego de espejos entre ellas, donde Lee ve lo que alguna vez fue y teme por que siga su mismo camino. El reflejo también se ve en la tecnología que usa; mientras que la experimentada fotoperiodista utiliza una cámara digital, la novata usa una cámara analógica que le pertenecía a su padre. Experiencia y practicidad frente a la romantización de la profesión y la falta de prisa por ver el resultado.
El hilo conductor de la filmografía de Alex Garland es la elección de protagonistas femeninas. Incluso en «Ex Machina», a pesar de que el punto de vista de casi toda la película sea el de Caleb (Domhall Gleeson), la verdadera heroína de la historia es la robot humanoide Ava (Alicia Vikander). Tanto como ese caso, como el de Harper (Jessie Buckley), protagonista de «Men», el enemigo que acecha es la masculinidad tóxica, ya tenga la cara de un tecnólogo obsesionado en crear la inteligencia artificial perfecta o todos los hombres de un pueblo que son, literalmente, la misma cara de un problema grande. En «Aniquilación», en cambio, el grupo de científicas que es enviado a estudiar la zona dentro de “el brillo” (Natalie Portman, Jennifer Jason Leigh, Tessa Thompson, Gina Rodriguez y Cass Shepard) se lo presenta como un “último recurso” después de que las expediciones de hombres que lo intentaron no tuvieron éxito.
En el caso de «Guerra civil», el trasfondo no parece tener origen en la masculinidad tóxica, sino en los viejos errores de la humanidad. Una civilización que crece hasta el punto del colapso y una facción enemiga a punto de acabar con ella. Muchos de los roles principales podrían haber sido hombres, incluyendo los compuestos por Kristen Dunst y Cailee Spaeny. Pero esa neutralidad en el guión termina siendo una aliada para la película; Lee y Jessie están definidas por sus acciones, no por su género, algo que las termina enriqueciendo como personajes.
De lo que ninguno de sus protagonistas escapa es de sí mismos, de lo que piensan. Durante toda la película, como sucede en el periodismo, hay un intento por permanecer neutral y de relatar los hechos tal cual lo son. Esa es la excusa que pone el grupo protagonista, que en gran parte del metraje no pone juicios de valor sobre los hechos o los bandos de la guerra, sino que se limitan a retratar lo que acontece. Pero no existe la objetividad en el periodismo ni en el cine, y eso se puede ver entre las grietas que se forman en cada uno de los personajes. Ninguna guerra es buena y nadie sale ileso, ni siquiera los que no participan de forma activa.
Tal vez sea esa la mayor virtud de «Guerra civil» sea crear una narrativa que parezca neutral, pero es una declaración que no deja mucho a la imaginación. Y esa proeza es casi tan grande como cualquier maestría técnica que esta película está presentando.

Crítica 2, por Agustín López: Una distopía muy real
El director y guionista Alex Garland se despega (un poco) de la ciencia ficción y nos sumerge en un futuro distópico en la mirada de unos fotógrafos de guerra: una road movie bélica que recorre a un pías como Estados Unidos que está sumergido en una guerra civil, donde hasta los disparos de sus cámaras suenan como balas.
“¿Qué clase de estadounidense eres?”, es una de las preguntas que reflejan el motor de la película y es hecha por el personaje de Jesse Plemons, que con solo cinco minutos en la película nos regala una actuación escalofriantemente sobria y nos indica el camino a seguir. “Guerra civil” logró retratar la violencia, indiferencia y racismo con una crudeza real, tal como si fuesen fotografías.
Alex Garland es el guionista y director de esta película que se desmarca algo de la ciencia ficción, uno de sus géneros predilectos: su ópera prima fue “Ex-Machina” (2015) y fue un éxito, posicionándolo entre los grandes nombres de la industria. Si también vamos un poco hacia atrás, Garland escribió los guiones de “28 Días después”, “Never Let Me Go” y “Sunshine”. Su éxito en este género es indiscutible y, sin dudas, es su zona de confort.
Luego del estreno de “Men” (2022), una película que no tuvo gran aceptación de la crítica ni del público, el director británico intentó un camino diferente y lo logró junto a la prestigiosa productora y distribuidora A24. De hecho, esta película se convierte en la producción más cara del estudio con un presupuesto de 50 millones de dólares y realmente se nota la inversión.
En “Guerra civil” se ha desatado una guerra civil entre el Presidente y varios movimientos secesionistas. Lee (Kirsten Dunst) es una prestigiosa fotógrafa y Jessie (Cailee Spaeny), una joven que la idolatra e intenta sumarse a este grupo que se completa por Joel (Wagner Moura) y el veterano Sammy (Stephen McKinley Henderson): los cuatro viajan en una camioneta de prensa de Reuters.
Con una duración de 109 minutos, la película de Garland nos sitúa del lado de los fotógrafos y no duda en mostrarnos en primer plano las atrocidades humanas como el asesinato, la tortura, la represión y el racismo. De hecho, no vamos a poder situarnos en ningún bando porque la guerra civil ya comenzó antes del inicio de la película y no entendemos muy bien lo que está pasando; sólo sabemos que el presidente de Estados Unidos (Nick Offerman) está sitiado en la Casa Blanca y se convierte en el objetivo de los protagonistas: conseguir una declaración y la foto antes de que lo maten.
Técnicamente, la película está muy bien y utiliza varios recursos interesantes entre los que destaco dos: el sonido y la visión del personaje de Dunst. Por un lado, el ruido y el silencio están manejados de forma espectacular, a tal punto que la presión de las balas se sienten como si estuvieses ahí. Es algo que el director intentó hacer adrede y cumplió; asimismo los silencios luego de una explosión o una fotografía realzan la tensión que se intenta plasmar.
Otro recurso que me fascinó fue la visión de Lee: cada vez que vemos la historia desde su perspectiva, lo hacemos con un campo distorsionado. Es un reflejo de su mente perturbada luego de años y años de trabajo en los frentes de guerra, lo que la convierte en una persona más fría y calculadora. Es tal así que cuando pasamos al punto de vista de Jessie, una joven que aún está aprendiendo, este campo es limpio e inocente pero se va “corrompiendo” a medida que avanza la historia y es testigo de numerosos actos horrendos.
“Guerra civil” es una obra que, a pesar de considerarse un futuro distópico, se siente muy real y se convierte en una crítica a los grandes problemas socio-políticos que tiene Estados Unidos y una reflexión a las atrocidades que aún se cometen en todo el mundo. Nos sitúa en el lado de los fotoperiodistas y el riesgo que corren al hacer sus propios disparos con sus cámaras y mostrarle a todos la crudeza en primer plano.




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