Este film que obtuvo varios premios dentro de la Competencia Argentina ofrece una particular mirada sobre un personaje ligado a uno de los capítulos más oscuros de nuestra historia como los tiempos de la última dictadura militar.
Por Tomás Luaces Rodríguez
Ulrich es el hombre perfecto para el trabajo. De apariencia modesta; flaco, de baja estatura, anteojos gruesos y un porte débil. No destaca ni llama la atención por donde se pasea, y, sobre todo, es muy bueno en su oficio. Su proceso es frío, meticuloso y parece no tener problema con la asignación que se le ha dado. Total, lo hace desde la distancia. Observa a su objetivo, lo sigue en su cotidianeidad, hace un reporte, saca unas fotos, entrega toda la información, le dan un sobre con plata y se va a casa sin problema alguno. Nuevamente, es el hombre perfecto para el trabajo.
«Corresponsal» gira en torno a un cronista de un medio afín a la última dictadura cívico-militar (interpretado por Gabriel Rosas) que acepta un trabajo en el que debe escribir un informe sobre un profesor de medicina y su ayudante, apuntados por la dictadura de infiltrar “marxismo en las escuelas”.
El protagonista y el contexto sociopolítico en el que el filme lo sitúa pondera una cuestión atemporal: labor, moral y la posibilidad de salvación. El personaje, al principio, parece no tener ninguna contrariedad en ser funcional a la dictadura. Trabajar desde la distancia lo hace sentir desapegado a los fines, él es simplemente un medio. “Es periodismo”, le dice a su novia horrorizada.
El ejemplo más desgarrador de esto se ve en la entrevista que le hace a la madre de un desaparecido, con quién acordó para que reproduzca un testimonio prefabricado contra organizaciones de derechos humanos. Ulrich le hace la primera pregunta, pero la madre no puede seguir; “por favor, quiero saber donde está mi hijo”, suplica, rompiendo en llanto. El periodista la observa con cara de póker, se enciende un cigarrillo, anota en su libreta y decide terminar la entrevista, concluyendo que la madre “no es persona confiable”. Se la ve siendo retirada por un hombre con aviadores y un saco.
El desapego de Ulrich llega a un límite cuando interactúa brevemente con la ayudante del médico, a quién Ulrich también ha estado investigando. Es una muchacha joven, con una cadena con una cruz cristiana resaltando en su pecho y a quien debe ayudar a asistir el parto de una mujer en su casa. La escena está contada a través de un plano secuencia que sigue a Ulrich, quién se encuentra en la puerta de la casa de campo, mientras que el parto ocurre fuera de cámara. Escuchamos los gemidos de dolor de la mujer. El parto es exitoso y la muchacha sale a agradecerle a Ulrich con un abrazo; arriba de la cabellera de Ulrich es visible un cuadrito del Sagrado Corazón de Jesús.
Es una escena con una clara simbología cristiana —la cadena de la chica, la mujer dando a luz fuera de cámara, la naturaleza, el cuadro del Sagrado Corazón— para darle a Ulrich la oportunidad de salvación, de empezar de nuevo; el parto puede significar el renacimiento, pero el hecho de que esté fuera de campo puede dar a entender que el protagonista no es consciente de esta oportunidad. Ulrich ignora todo esto y sigue con su trabajo, pero su conciencia lo empieza a atormentar.
«Corresponsal» es crudo en el tratamiento de su protagonista. Es realmente destacable que Ulrich no sea presentado como alguien que “solo estaba haciendo su trabajo”, o alguien con buenas intenciones, pero mal encaminado.
Esta seguidilla de decisiones que toma Ulrich y que desembocan en una fuerte paranoia —una manera de decir que está “cavando su propia tumba”— es demostrado con distintas pistas visuales y técnicas: lo sigue un auto, pájaros aparecen frecuentemente con sus chirridos volviéndose cada vez más insoportables; y a medida que la película llega a su clímax, la voz de Ulrich que suena en Off, dictando sus informes y su progreso, se va distorsionando cada vez más, como si la cinta de la grabadora se estuviera deteriorando, como su moralidad y ética.
La tesis de «Corresponsal» es bastante clara: trabajás para la máquina, entrás en un círculo vicioso de deterioro moral, tu alma se marchita y tu consciencia no te deja en paz. Y, aun así, seguís trabajando.
BAFICI 2024 / Crítica de “Corresponsal”, de Emiliano Serra: Un trabajo que mata




Deja un comentario