Un recorrido por las sedes, los debates, las polémicas y las mejores películas vistas este año en el festival porteño.
Por Natasha Zamorano Pozzi
Del 18 al 28 de abril tuvo lugar la edición número 25 del BAFICI. En total, asistí a 25 funciones, entre cortos y largometrajes (de ficción y documental).
Como es ya tradición, el BAFICI no comenzó con la primera función, sino con la publicación de la programación y la dificultosa adquisición de entradas. La lucha con el sitio web ya parecería haberse vuelto parte de la experiencia festivalera. Este año no parecían haber grandes sorpresas o expectativas: algunas ficciones internacionales que pasaron por festivales europeos el año pasado (como Cannes o la Mostra de Venecia) y estrenos nacionales. Tal vez lo que más destacaba era el estreno del documental sobre Sumo y Luca Prodan («Fuck You! El último show»), o la proyección en 35mm de !Adiós Sui Generis» (1976).
El festival sí sorprendió en esta edición con la incorporación de nuevas salas, como las del complejo Cinepolis de Plaza Houssay y las del Cine Arte Cacodelphia. En mi apreciación personal, fue una mejora respecto a las de 2023. Este año también se repitió una costumbre infaltable: correr de una sede a otra, comer a las apuradas de parado en alguna pizzería del centro porteño, entrar con una lata de cerveza a alguna función nocturna, y el café; mucho café entre y durante funciones.
Hacia la mitad del festival, la comunidad del cine se vio alertada y movilizada por las medidas comunicadas por el nuevo presidente del INCAA, Carlos Luis Pirovano, que implican el virtual desmantelamiento de la institución. De hecho, el funcionamiento del Cine Gaumont, una de las sedes del festival, estuvo en peligro. Esta situación trajo como consecuencia la respuesta de los trabajadores y de la dirección del festival, así como también de los realizadores que proyectaban sus películas, quienes se manifestaron en defensa del INCAA y del cine argentino en general. Creo que el marco del festival sirvió tal vez como lugar de encuentro y de resistencia para una comunidad que viene siendo golpeada casi desde el inicio de la asunción del nuevo gobierno.
Entre todas las funciones a las que asistí encontré muchas películas interesantes, tanto desde lo técnico como en los temas que trabajaban y las miradas que se vuelcan sobre ellos. Creo que el BAFICI tiene esa cualidad, la de mostrar una multiplicidad de producciones, de diversos lugares del mundo, de incluir ficciones, documentales, cortos y largos que nos abren pantallas hacia distintos mundos, miradas y sensibilidades.
Otro elemento que siempre rescato del festival, y suele venir asociado generalmente a los documentales argentinos, es la posibilidad de acercar a gente que no es tan afín al mundo del cine. ¿A qué me refiero? Asistí por ejemplo a la primera función de «Semillas que caen lejos de sus raíces», de Tomás Lipgot, que retrata a un grupo de personas migrantes (o hijas de migrantes) de la comunidad china en nuestro país. En la sala estaban presentes los protagonistas del film junto a sus familias, que hablaron luego, en el Q&A y que disfrutaron muchísimo verse en pantalla y encontrarse allí con su comunidad, familiares y amigos. Algo similar sucedió también con las películas sobre el rock nacional, que atrajeron también a la comunidad de la música y melómanos varios.
El punto culmine de esto fue la primera función de «Adiós Sui Generis», a la que acudieron Bebe Kamín (el director de la película) y Nito Mestreo junto a quienes el público pudo disfrutar un hermoso intercambio. Esta capacidad de ser un punto de encuentro entre la comunidad cinéfila con otros grupos humanos tan diversos, me parece una de las cosas más lindas que suceden en el marco del festival, año tras año.
De todo mi transcurrir por el festival voy a elegir para comentar dos películas que disfruté mucho y que para mí se destacaron por su frescura o por los temas que trabajan y la manera de encararlos.
- Riddle of Fire (2023): fue la ganadora del premio a mejor película de la Competencia Internacional del festival, en la categoría de largometraje. Se trata de la ópera prima de Weston Razooli, realizador estadounidense que tuvo su estreno en el Festival de Cannes en 2023. Filmada en 16mm, narra las aventuras de tres niños/bandidos que quieren disfrutar una tarde de videojuegos antes de irse a un campamento de verano. Pero para poder hacerlo, deberán sortear una cantidad de obstáculos que los hará embarcarse en una aventura en el bosque. El film enmarca la historia en una especie de cuento de hadas, idea que se reforzara desde el guion hasta la dirección de arte. La fotografía resalta mucho, de la mano del formato analógico. Plagada de citas, por momentos tiene resonancias al cine de John Waters, en cierto espíritu punk o transgresor, como así también a «Banda aparte / Asalto frustrado» (1964), de Jean-Luc Godard, en este caso con tres chicos que se comen la pantalla. Creo que ahí radica lo novedoso de esta película: poner a estos niños a vivir una aventura en términos adultos, pero que se nos cuenta de manera lúdica, como una fábula con la que volvemos a jugar como en la infancia.
- Crossing (2024), de Levan Akin. El film comienza en Georgia, cerca de la frontera con Turquía. Lia, una maestra jubilada, se acerca a unas cabañas sobre la costa del Mar Negro preguntando por su sobrina, Tekla, que es una mujer trans. Achi, un joven que vive allí con su hermano, le informa que ella se fue a Estambul. Es así que ambos inician esta road movie hacia la gran ciudad en busca de un reencuentro con ella. Luchando contra la falta de información sobre su paradero, de dinero, la barrera idiomática y cultural, se abren paso casi tercamente mientras van forjando una amistad bastante improbable, y encontrando otras en el camino. En paralelo, vemos un poco de la vida de Evrim, una abogada y militante trans que vive y trabaja en Estambul, ayudando a la comunidad LGTB de la ciudad. Los caminos de estos tres personajes irán confluyendo hacia el final de la película que, como a ellos, nos hace viajar y vagabundear por la urbe. Encontré bastante interesante el acercamiento del film a la temática, con una sensibilidad conmovedora, por momentos desprejuiciada, en donde lo que prima en la motivación de los protagonistas es, en última instancia, el afecto y el amor.




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