BAFICI 2024 / Crítica de “Historia y Geografía” de Bernardo Quesney: ¿De quién y por qué nos reímos?

Protagonizada por las reconocidas Ampara Noguera y Catalina Saavedra, la nueva película del joven realizador chileno de “Desastres naturales” y “Efectos especiales” se exhibió en la sección Comedias del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente.

Por Carlos Javier Caramantin

Bernardo Quesney (n. 1989), director de videoclips para artistas como Dënver y Javiera Mena, vuelve al cine después de varios años (su última película, «Desastres naturales», se había estrenado en 2014) para presentarnos la historia de Gioconda Martinez (Amparo Noguera), una actriz cómica que tuvo gran popularidad en los años ’90 por protagonizar una sitcom llamada ‘La Huachita’, una representación denigrante de las mujeres del norte de Chile. En el presente, encasillada en aquel personaje, Gioconda busca ‘recuperar su prestigio’, pero fracasa rápidamente en su primer intento. Al no quedarle muchas opciones, regresa a su ciudad natal para montar una obra teatral basada en “La Araucana”, de Alonso de Ercilla; todo con el objetivo de llamar la atención de la escena cultural de Santiago, sabiendo que posiblemente sea la última oportunidad que tenga de ser considerada una artista de verdad.

La película, desde que vemos por primera vez a Gioconda, nos informa de inmediato que estamos frente a una protagonista insoportable, egoísta, mentirosa, abierta a traicionar a amigos y familiares; sin embargo, también tenemos en primera mano cuáles son sus conflictos: tiene una relación de amor-odio con el personaje que la hizo famosa, no puede evitar compararse con una antigua amiga que representa todo lo que ella desea, y claro, en el fondo sabe que no tiene talento. Es imposible no asociar “Historia y Geografía” con la premisa de “Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia)”, de Alejandro González Iñárritu; pero mientras la producción del director mexicano trabajaba más con la mente del personaje, la chilena toma un rumbo más social: no es casualidad que el personaje (y la película) escojan “La Araucana” como la obra para ganar el atención deseada.

“La Araucana”, publicada en el siglo XVI, y que narra el inicio de la invasión española en Chile, en términos prácticos, es una ficción. Sin embargo, como bien indican algunos personajes de la película, el libro es tomado aún como relato histórico verídico en varios espacios de educación. Con su inclusión en la trama, la película intenta ser interpelativa y cuestiona cómo la sociedad chilena (y latinoamericana, en general) abraza los relatos falsos porque son más sencillos de explicar que la historia real y porque grupos conservadores en el poder prefieren eso, generando una sátira sobre la hipocresía de los espacios culturales y sus miradas condescendientes hacia el arte heredado por los pueblos originarios, pero también hacia las ideas que tiene un sector de la gente sobre el tipo de expresiones artísticas que disfrutan o deberían disfrutar los sectores menos privilegiados. La película encuentra sus mejores momentos cuando pone el dedo en esas heridas, en esa culpa extraña mezclada con aprovechamiento que hace ver a la diversidad cultural como mercancía: no es lo mismo reírse de otro que de uno mismo.

Quesney dirige con bastante solvencia y, aunque le resultan mucho mejor los momentos más cómicos que las aristas dramáticas, encuentra el tono adecuado para que la sátira funcione. Le beneficia mucho el nivel actoral de Amparo Noguera como Gioconda y de Catalina Saavedra como su hermana, la fuerza que contrapone a la protagonista y evidencia mucho más sus defectos, pero que también carga su mochila pesada. Mención importante a las participaciones especiales de los consagrados Jaime Vadell en la narración y Paulina Urrutia como una famosa actriz de teatro (si no están familiarizados con ella, es la protagonista de “La memoria Infinita”, de Maite Alberdi). Quizás había espacio en la película para ser más ácida con algunas temáticas, tomando en cuenta, por ejemplo, que “La Huachita” se transmitió justo al final de la dictadura de Pinochet y el coprotagonista era un militar pícaro; pero, en general, estamos frente a una obra no solo interesante sino además bastante creativa, punzante y contestataria.

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