Crítica de “Ficción estadounidense”, de Cord Jefferson: ¿¡Soy lo bastante negro para ti!?

Sin haber pasado por los cines latinoamericanos, esta producción de Amazon ganadora del premio Oscar a Mejor Guion Adaptado está disponible en la plataforma de streaming Prime Video.

Por Santiago Guia

Ficción estadounidense (“American Fiction”) es la transposición de la novela “Erasure”, de Percival Everett. Se trata del debut en la dirección del también guionista Cord Jefferson, cuya carrera en el audiovisual estaba ligada sobre todo a la escritura para televisión, habiendo aportado su pluma a series bien recibidas como “Watchmen” (2019) o “The Good Place” (2016-2020). Esta disparidad de experiencia en sus roles se hace notar en un producto cuyos aciertos radican más en el guion que en una puesta en escena bastante convencional.

La película sigue al profesor y escritor Thelonious Ellison (Jeffrey Wright), o Monk para los allegados, quien es obligado a tomarse un descanso de la universidad donde dicta clases tras un altercado con una estudiante. La personificación burda de esta última en una mujer blanca de pelo teñido de azul que “corre por izquierda” a su profesor afroamericano por introducir textos con vocablos racistas o estigmatizantes nos introduce en el costado satírico de esta historia. Es además señalamiento de la imperante corrección política cuya crítica está en el eje del relato, pero que no navega por aguas conservadoras como la mayoría de sus detractores. No se trata de hacer hincapié del lado “negativo” (en el sentido de limitante) de la corrección política como la cultura de la cancelación sino en su labor positiva: los discursos y nuevos estereotipos que crea encasillando a quienes se pretende salvar de la opresión y la subrepresentación.

Allí radica el problema que Monk enfrenta como escritor: no logra publicar sus novelas por no ser lo suficientemente “negras”; es decir, por no adscribirse a lo que se espera de un escritor afroamericano. Eso que se espera aparece representado con la novela «We’s Lives in Da Ghetto», escrita por Sintara Golden (Issa Rae), que irrumpe en la trama como un best-seller que se regocija en la miseria caricaturizada de estereotipos afroamericanos acaparando todas las miradas del circuito literario. La oposición a este tipo de literatura que achata y ridiculiza a la población negra para volverse mercancía de consumo masivo de los blancos culposos será la cruzada que Monk mantendrá siendo más o menos fiel a sus principios a lo largo de la película.

Suspendido de sus funciones académicas, Monk se dirige a Boston a visitar a su familia de la que está distanciado. Llegado a su ciudad natal se anoticiará mediante su hermana Lisa (Trace Ellis Ross) sobre la actualidad y las dificultades que está atravesando junto con su madre Agnes (Leslie Uggams). A partir de aquí no solo se reintegrará a las dinámicas familiares sino que se sumarán nuevos acontecimientos que funcionan como golpes de efecto para brindar profundidad emocional. Dicha profundidad se consigue más por la humanidad dotada por la química y el buen hacer del elenco (donde destaca también Sterling K. Brown como Clifford, que completa el trío de hermanos) que por la impronta de un guion que sabe dónde apretar, pero no es demasiado original en su ejecución.

Llegado un momento Monk de forma lúdica ensaya la escritura de una novela altamente estereotipada similar a aquella que despreciaba. La enviará a su editor para que la haga llegar a las principales editoriales y de esta manera probar su punto. Esto lo hará bajo un seudónimo que remite también a la cultura del ghetto, lo que le permite desvincularse y mantener así su supuesto prestigio. Una importante editorial muerde el anzuelo y le ofrece una cuantiosa suma por su publicación. En el contexto de los problemas familiares, donde el componente económico no es menor, Monk aceptará, y de sus conflictos morales y familiares (donde se cruzan también heridas abiertas del pasado) surgirá el meollo de la cuestión.

Conviven así dos películas diferentes. Si bien al darle tiempo llegan a una conexión satisfactoria, la disonancia tonal entre la sátira al mundillo cultural estadounidense; y la historia familiar que se mueve por el terreno del melodrama es demasiado obvia. Es más original y estimulante la primera faceta, que tiene los momentos de comedia más destacables y pone sobre la mesa debates interesantes sobre las tensiones entre mercado, autoría e identidad. La idea de la “ficción estadounidense” como cliché en la industria cultural se discute abiertamente en la trama literaria, aunque también se puede entender como el drama familiar genérico que es la otra cara del film.

Hacia el final Jefferson se arriesga un poco apostando por un interesante artificio narrativo que también lo lleva hacia los terrenos del metacomentario sobre la industria cinematográfica; es decir, criticarla desde el cine mismo. El cine sobre el cine no es ninguna novedad, pero en los últimos años puede apreciarse una proliferación de obras sobre la temática e incluso como apuesta desde las majors. Las hay desde un lado más romántico como «Los Fabelman», de Steven Spielberg, o desde un costado más crítico como «Babylon», de Damien Chazelle; o «¡Nop!», de Jordan Peele. Si bien es una tendencia sana que el cine se interrogue a sí mismo en sus problemáticas o que se defienda con sus propios medios ante un panorama donde las formas de consumo cultural se transforman radicalmente, puede caer en el peligro de una práctica ombliguista.

Hay un acierto en «Ficción estadounidense» al asociar su lectura sobre la industria cinematográfica con una crítica cultural más general, pero se queda a mitad de camino no solo por su superficialidad sino también por su ambigüedad. El personaje de Monk es el alma del relato por ser el foco del mismo y porque la contradicción que abraza orgullosamente es la misma que deja a la película sin un discurso del todo coherente. Otra tendencia hollywoodense que da el presente es un temor a posicionarse fuertemente y tratar de absorber de antemano todas las críticas que pudiera recibir por tomar determinado camino, o lo que coloquialmente podríamos llamar “abrir el paraguas” antes de tiempo. Para ejemplificar está «Barbie», de Greta Gerwig, que ronda sobre esta filosofía, pero también «Los asesinos de la luna», de Martin Scorsese, le dedica un segmento a ello. Acá se abren numerosos debates y se exponen puntos de vistas y alternativas solo para volver a lo que ya sabíamos: que la realidad es compleja. Así como Monk se enorgullece en un principio de su integridad autoral, y se diferencia moral e intelectualmente de sus colegas sin intención de tender puentes, esta crítica que no jerarquiza posiciones cae más en el cinismo que en desarrollar progresivamente el objeto criticado.

Aun con estos señalamientos no podemos negar que se trata de una obra estimulante, donde incluso sus propias limitaciones que suponemos involuntarias son un puntapié más para abrir la reflexión sobre el estado de la cultura, o por lo menos de su industria.

Deja un comentario

Crea una web o blog en WordPress.com

Subir ↑