Dos críticas de “Descansar en paz”, de Sebastián Borensztein: Cambio de vida

Tras su estreno mundial en el Festival de Málaga, donde fueron premiados Joaquín Furriel y Gabriel Goity, y luego de un breve paso por los cines, llegó a la plataforma de streaming Netflix esta mixtura entre el thriller psicológico y el drama familiar. A continuación, dos miradas sobre las múltiples aristas de esta producción nacional.

Por Juan Eduardo Fernández (“Juanette”)

¿A quién no le gustaría salirse de un problema solo en un abrir y cerrar de ojos para comenzar una nueva existencia? Creo que al menos una vez en la vida, todos sentimos alguna vez ese deseo. Pero cuidado: tarde o temprano hay que pagar la cuenta. Eso es lo que le pasa a Sergio Dayán (Joaquín Furriel) el protagonista de la nueva película de Sebastián Borensztein.

Descansar en paz narra la historia de Sergio, el dueño de una fábrica que está pasando por una situación económica crítica, tras la apertura indiscriminada de las importaciones durante el gobierno de Carlos Saúl Menem. Para tratar de sobrevivir Dayán toma varios préstamos y es durante un evento familiar que su principal acreedor, el financista Hugo Brenner (Gabriel Goity) le envía un emisario para amenazarlo, lo que obliga a Sergio a contarle de la deuda a su esposa Estela (Griselda Siciliani)

A partir de ahí, Sergio Dayán corre una carrera contra el tiempo para reunir el dinero y así pagarle a Brenner, a los empleados de su fábrica, a su cuñado y hasta a su suegro. Justamente cuando va camino a pagarle una parte de la deuda al financista, ocurre un hecho “fortuito” (al menos para el personaje de Furriel) que le permite hacer borrón y cuenta nueva. Es así como Sergio deja atrás todo lo que debe, pero también a su esposa Estela y a sus hijos.

Tras 15 años, el destino regresa para cobrarle a Sergio su deuda y le muestra cómo ha transcurrido la vida de Estela y sus hijos pero ya sin él, por lo que el hombre se ve impulsado a volver a Buenos Aires. Pero la vida le tiene preparada una sorpresa amarga que desencajará no solo al protagonista sino también a quienes vean el film.

En la nueva película de Borensztein, que ya puede verse en Netflix, Furriel demuestra la calidad de histrión que es, haciéndonos por momentos recordar esa mirada al vacío característica de su personaje de Hermogenes en El patrón, radiografía de un crimen. De hecho, este trabajo de Furriel fue galardonado con el premio a mejor actor en el reciente Festival de Cine de Málaga.

Con respecto a Siciliani le imprimé a su personaje el dramatismo necesario (la escena cuando le entregan el maletín es espectacular); y en cuanto al Puma Goity, vuelve a su acostumbrado papel de villano con el personaje de Brenner, que por momentos nos recuerda al Dr. Matías Zambrano, antagonista de Guillermo Francella en la serie El encargado.



Por David Warjach

Este es el sexto largometraje del guionista y director Sebastián Borensztein, estrenado en cines argentinos el 21 de marzo último y unos pocos días después en la plataforma de streaming Netflix. Descansar en paz se nos presenta como un thriller psicológico con componentes de drama intimista. Sin embargo, existe una tercera vertiente que esta película transita, vinculada a hechos luctuosos que se han vivido en un pasado reciente, algo que ya ocurria en películas previas de Borensztein.

En Kóblic (2016), su cuarto largometraje, el eje central tiene que ver con los asesinatos realizados por la última dictadura cívico militar, y en Iosi, el espía arrepentido (miniserie de 2022, también escrita y dirigida por Borenstein), la trama se centra en la investigación del atentado a la sede de la mutual judía en Buenos Aires (AMIA), en julio de 1994, en el que fallecieron 84 personas, y hubo más de 300 heridos. Este último hecho, así como la debacle producida por la política económica del gobierno que transcurrió entre julio de 1989 y diciembre de 1999, son el telón de fondo de los acontecimientos que suceden en Descansar en paz. Pero un telón de fondo que no funciona sólo como tal, sino que interacciona con las vicisitudes del argumento central, adquiriendo preponderancia incidental. A esto debe agregarse que las resonancias que dichos acontecimientos poseen en la actual situación de la política socioeconómica en la Argentina posicionan a este film en la corriente de debates de indudable vigencia.

La vertiente intimista del film se destaca desde un inicio. El matrimonio Dayan, Sergio (Joaquín Furriel) y Estela (Griselda Siciliani), junto a sus dos hijos, bailan, se divierten e intercambian palabras de amor en la fiesta del Bat Mitvá de la primogénita. En el curso de la misma, Sergio le explica a su otro hijo que ya llegará el momento en que tenga su propio festejo al cumplir la edad en la cual, según los preceptos del judaísmo, se asumen las responsabilidades de un adulto, pero que él estará siempre a su lado. Los nubarrones van entreviéndose de a poco: una mirada angustiosa de Sergio a un indigente en la calle, una tarjeta de crédito suspendida, y una mirada amenazante en plena fiesta. Finalmente, y crisis mediante, Sergio confiesa a su esposa que “la fábrica está muy mal”, y que tienen deudas económicas impagables, aun vendiendo la casa del country. Los nubarrones se han transformado en tormenta.

Este panorama sólo podría sorprender a un espectador desprevenido, ya que, al transcurrir a mediados de 1994, se sabe que la industria nacional ha sido arrasada por la política de desregulación económica y liberación de las importaciones. Sergio, en ese sentido, es una de las tantas víctimas. Su esposa, quien desconocía la debacle económica, le recrimina haber hecho la fiesta a pesar de las deudas. Curiosamente el principal victimario, Hugo Brenner (Gabriel Goity), un financista al que Sergio le debe la mayor parte del dinero, le reitera esa misma reflexión. Pero en este caso, de forma amenazante, insinuando el peligro que corre tanto Sergio como su familia. Otro victimario parece ser el delegado gremial de la fábrica de Sergio, quien lo amenaza con el paro de los trabajadores si no regulariza el pago de los sueldos caídos y otras obligaciones. Nuevamente, resonancias con varios de los debates actuales.

Los componentes de un thriller psicológico están expuestos. Sergio se encuentra en un laberinto sin salida y, como suele decirse en estos casos, se sale por arriba. El azar quiere que el 18 de julio de 1994, en el momento mismo en que estalla el atentado a la AMIA, Sergio se encuentre lo suficientemente cerca como para recibir la onda expansiva, pero lo suficientemente lejos como para sufrir sólo daños menores. Luego de pasar por una atención hospitalaria, en donde no se entiende muy bien cómo no quedan registros de sus datos filiatorios, Sergio decide retirarse del país de forma clandestina y hacerse pasar por muerto, a sabiendas de que su seguro de vida permitirá a su familia vivir dignamente.

No siendo prudente revelar más información, hay que decir que Sergio sufre, la pasa mal y, si hay alguien del que ha podido transmitir en sus actuaciones lo que es pasarla realmente mal, ese es Joaquín Furriel. La desesperación, angustia y tristeza, así como la perplejidad que lo acompaña en ciertos momentos, sólo es comparable con la intensidad que le imprime Gabriel Goity al villano de turno. Ambos han demostrado moverse con asombrosa ductilidad actoral, tanto en el cine, como en el teatro. Furriel con su Hamlet en 2019, y Goity con Cyrano actualmente demuestran su talla actoral. No es tan frecuente que el nivel interpretativo se sostenga de esta manera en diversos medios. El desempeño de ambos en Descansar en paz les valió sendos premios en el reciente Festival de Málaga: a Furriel, el de mejor actor; y a Goity, el de mejor actor de reparto.

Pese a esas excelentes actuaciones y el adecuado acompañamiento que realizan Griselda Siciliano y Lali Gonzalez, el desarrollo de los personajes en conjunto y la evolución que deberían alcanzar para conseguir el pico dramático se queda a mitad de camino. Quizás algunos pasos excesivamente abruptos, cambios que se generan sin la suficiente maduración en cada escena, restan a la hora de conseguir un mayor volumen dramático. De hecho, el personaje de mayor densidad y matices, aspectos necesarios para un drama intimista, es el Sergio de Furrier, contrastando en ese sentido con los demás personajes. Además, en el terreno propio de un film de suspenso, el resultado puede ser considerado como excesivamente previsible, aunque esto no excluye que algunas escenas, como los momentos posteriores al atentado a la mutual judía, hayan sido logradas con una intensidad admirable.

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