Pocas películas se conocieron con tantos títulos diferentes (“Smultronstället” es el original; “Wild Strawberries”, el internacional; “Cuando huye el día”, el del Cono Sur; “Fresas salvajes” o “Fresas silvestres”, el de varios otros países de Iberoamérica), pero lo cierto es que este clásico de 1957 muestra al maestro sueco en uno de los mejores momentos de su carrera.
Por Rodrigo Palacios
El año 1957 fue sin duda el más importante para la carrera del popular director sueco Ingmar Bergman. La gran mayoría considera a “El séptimo sello” (estrenada ese mismo año) como la obra maestra del director, dejando -casi de manera injusta- a “Cuando huye el día” de lado. Esta última tiene como protagonista al profesor Isak Borg (Victor Sjöström), un solitario doctor de 78 años que se encuentra cerca de recibir un reconocimiento por su larga trayectoria profesional.
Isak tiene un extraño sueño la noche previa a su homenaje. En esta escena vemos cómo el inconsciente del doctor le recuerda que se está quedando sin tiempo (se muestran relojes sin manecillas). El protagonista se ve perturbado, no tanto por las cosas que le quedan por hacer, sino por todas las cosas que alguna vez hizo y hoy le parecen intrascendentes.
El doctor se niega a ir en avión a recibir su homenaje. De alguna manera prefiere aferrarse a un largo viaje por carretera para que el tiempo pase más lento, prolongando así su existencia mientras se ve abordado por distintos sueños, pesadillas y recuerdos de su infancia. Estas memorias, nos dice el anciano, le trasmiten paz y tranquilidad.
Los pasajeros que se suman a este viaje por las memorias del doctor juegan un rol particular. La primera es su nuera. Ella tiene problemas con su marido quien al parecer ha heredado, además de la profesión, la frialdad y el egoísmo de su padre. También se suma un grupo de tres jóvenes: dos hombres enamorados de la misma mujer (Sara, interpretada por Bibi Andersson). Ella será quien trace una línea directa con la juventud de Isak, y cómo su hermano se casó con la mujer que él amaba. Finalmente tiene una breve aparición un matrimonio caótico de mediana edad. Todas las personas que se suben al carro representan partes de la vida del protagonista. El presente, esa ceremonia que le espera para celebrar sus 50 años de labor, es solo una excusa para su nostálgico roadtrip.
El título original de la película hace referencia a la planta que estaba fuera de la casa donde Isak vivió de pequeño. Una casa repleta de momentos alegres, de esos que escasean en su vejez. Antes de llegar a su destino, el doctor hace una breve parada para ver a su madre. Ella, a sus 96 años, es una mujer fría y solitaria que no es visitada por sus hijos ni por sus nietos. Según la anciana, ellos solo están esperando su muerte. Luego de ver su futuro en los tristes ojos de su madre, el protagonista parece comenzar a ablandarse; mientras que su hijo, ese personaje hasta entonces solamente mencionado, está tan decepcionado por el mundo que no desea tener descendencia.
En su primera etapa, Bergman había hecho diferentes dramas y comedias con personajes en situaciones críticas, tanto familiares como sentimentales. Desde relaciones entre parejas jóvenes y veranos de ensueño, hasta historias de matrimonios destinados al fracaso. Incluso se caracterizó por sus historias mostradas desde el punto de vista de una protagonista mujer. Películas como “Waiting Women” / “Secretos de mujeres” (1952) y temáticas como las del aborto o el embarazo, más específicamente en la película que estrenaría el siguiente año, “Brink of Life” / “Tres almas desnudas” (1958). Para ese entonces, Bergman ya había encontrado una musa en Harriet Andersson quien protagonizo varias de sus primeras películas, la más conocida “Summer with Monika” / “Un verano con Mónica”, de 1953.
Con “El séptimo sello”, Bergman hizo un cambio abrupto, centrándose -sin mucha sutileza- en la muerte, la razón de la existencia y la posibilidad de que un creador mudo nos espere al final del túnel. Por primera vez traslada su relato siglos atrás a una época de oscuridad y enfermedad donde las cruzadas han sido un fracaso y la religión solo sirve para esparcir miedo. El protagonista juega ajedrez con la muerte, pidiendo, al igual que Isak, una prórroga; una oportunidad más para hacer algo valioso y memorable. En el caso de “El séptimo sello”, alejar a ese matrimonio de juglares de la ciudad para así salvarlos de las garras de la muerte; en el caso de Isak, reconciliarse con su primogénito, intentando alcanzar algo más relevante en su vida que el oficio que lo consumió.
Desde el inicio Ingmar Bergman mostró una cualidad impresionante para los movimientos de cámara, la composición y el encuadre. Expuso también una predilección por los guiones basados en sueños y flashbacks donde el presente no es lo suficientemente agradable como para prestarle atención. En “Cuando huye el día”, Bergman intenta abordar muchos de los temas que ya había planteado es su filmografía. Al tener a un protagonista tan longevo, tiene la oportunidad de pasear por esas ideas que lo cuestionan e inquietan. Si esta es o no la mejor película de Bergman, es un debate cinéfilo imposible de saldar; lo cierto es que más de un autor encararía a la muerte por un año como aquel 1957 del director sueco.




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