Estos directores venezolanos ganaron el premio SIGNIS del BAFICI con una descarnada descripción de los abusos de poder y la xenofobia que existen en el Primer Mundo.
Por Miguel Angel Garcia
Los últimos 10 años de la historia contemporánea venezolana (la diáspora) son un material infinito de historias de dolor. Cada vez son más los venezolanos que, a través del cine, nos describen las consecuencias de la segunda crisis migratoria más grandes del mundo en la historia moderna, después de la de Siria.
Se tratan de pequeñas producciones financiadas con capital extranjero y dirigidas por nóveles directores venezolanos. Hoy estas historias desfilan tímidamente por festivales internacionales. El BAFICI ha servido de ventana para ver varias de ellas. En 2017, “La Soledad” de Jorge Thielen Armand, nos mostró cómo sobreviven en el contexto actual las grandes mansiones caraqueñas abandonas. El año pasado, el documental “Ventanas”, de Jhon Ciavaldini, nos acercó – con imágenes reales – la comunicación a distancia entre una madre y su hijo en medio de una ola de protesta y represión. Este año, “Upon Entry”, de Alejandro Rojas y Juan Sebastián Vásquez, nos invita a ponernos en el lugar de los venezolanos que son sistemáticamente discriminados en las entrevistas migratorias.
Una pareja que vive en Barcelona, España, con formales derechos dentro del país, decide emigrar a los Estados Unidos. La película transcurre en gran parte dentro de un frío salón migratorio donde la relación de ambos y la estabilidad emocional de cada uno será puesta a prueba.
Lo más destacable de “Upon Entry” es cuán intensa, perversa y ordinaria se siente. En una entrevista sobre los orígenes de la historia, los directores comentaron que en los procesos migratorios “hay algunas preguntas que solamente se hacen según el país de procedencia”. Esto es justamente lo que sirve de premisa para contarnos una historia donde abunda la privación de libertades, el abuso de poder y la xenofobia.
El ritmo es uno de sus principales aciertos. Con una duración de poco más de una hora, “Upon Entry” logra mantenernos atentos en todo momento con unos planos y una puesta en escena muy simple. Incluso por momentos parece funcionar como obra de teatro, pero ya quisieran muchas películas traídas del teatro al cine mantener el clímax que consigue crear esta película. Juega un papel fundamental el guion muy cuidado en los detalles y escrito por los mismos nóveles directores, y unas actuaciones contenidas y muy sólidas. Destacan los ganadores del premio Goya, Alberto Ammann por “Celda 211” (2010) y Bruna Cusí por “Verano 1993” (2017).
La película esquiva con éxito muchos clichés de los que pudo ser víctima. Los villanos son fácilmente identificables, pero no así sus intenciones. La historia va creciendo a medida que nos va contando sobre personajes omnipresentes y situaciones que nos hacen replantear una y otra vez si hay alguien que miente. Hacia el final de la película los directores eligen introducir elementos que pudieran resultar obvios y forzados, pero incluso esos mismos factores hacen que el film resulte subversivo y atrevido.




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