Crítica de «Nunca apartes la mirada», de Florian Henckel von Donnersmarck: el arte como herramienta de sanación

La tercera película del realizador germano -disponible en Netflix- explora las adversidades de un pintor a lo largo de la historia de la Alemania de posguerra.

Por Ernesto Bay Joulia

El director de “La vida de los otros” vuelve con «No apartes la mirada» («Werk ohne Autor» / «Never Look Away»), melodrama de proporciones épicas que nos sitúa por tres décadas en la existencia de Kurt Barnert (Tom Schilling). Inspirada parcialmente en la vida del artista alemán Gerhard Richter a pesar de que en ningún instante, ni siquiera en los créditos, se vincula la película a su nombre. El resultado reemplaza la imagen de Richter por el de una figura ficticia, logrando así unir lo real y lo ficcional.

Respaldada por el increíble trabajo de todo el elenco encabezado por Schilling, quien consigue una gran interpretación de un joven perturbado por su contexto pero que de todas maneras quiere seguir adelante, la película está acompañada por una banda sonora entrañable presente en los momentos claves en la trama y un trabajo de fotografía soberbio a cargo de Caleb Deschanel, que junto al armado del diseño de arte crean decorados exquisito para cualquier amante del arte contemporáneo.

La película en su primera hora tiene sus momentos más endebles, queriendo generar más impacto pero la gran fluidez narrativa hace que las más de tres horas de duración discurran de manera dinámica, consiguiendo cohesionar el relato notablemente sin que pierda ritmo en ningún momento. El director pudo haber caído fácilmente en los lugares comunes del drama novelesco. Sin embargo, se toma el tiempo necesario para presentar y desarrollar a los personajes en los distintos momentos de su vida. Así, la historia se siente completa y le permite al espectador formar diversos sentimientos hacia los diferentes personajes, tanto empatía como rechazo.

Aunque a la resolución del conflicto le falta un poco más de fuerza, lo compensa con un final más sutil y con varias interpretaciones, para terminar siendo un torbellino de emociones que cierra las heridas del pasado y el presente de forma correcta.

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