La más reciente película del siempre provocador director canadiense -disponible en la plataforma de streaming MUBI- propone una inquietante reflexión sobre las relaciones humanas, la pérdida de autonomía de los cuerpos y el sexo.
Por Mora Krygel
«Crimes of the Future» («Crímenes del futuro») es una película de ciencia ficción de 2022 dirigida por David Cronenberg (conocido por películas como «Videodrome» y «La mosca «) que nos sitúa en un futuro en el que los cuerpos han sido tan intervenidos por la tecnología y que dependen de máquinas o prótesis para sobrevivir.
Cronenberg nos plantea dos posibilidades en cuanto al desarrollo de la evolución humana: una nueva especie incapaz de sentir dolor y una que desarrolla nuevos órganos vestigiales. Lo interesante de la película está en la reflexión sobre lo que sucederá con la raza humana en pocos años más si la tecnología sigue incrementando el lugar que actualmente toma en nuestras vidas. El cuerpo se ha entregado a la tecnología, al punto de estar casi en función de ella (cirugías estéticas, ediciones digitales). Somos esclavos de sus avances y confiamos ciegamente en ellos.
En «Crimes of the Future» los protagonistas, Caprice (Léa Seydoux) y Saul (Viggo Mortensen), son artistas que realizan performances. En ellas, Saul presta su cuerpo al público mientras Caprice realiza una intervención quirúrgica en la que le extrae órganos. La audiencia no sólo no se encuentra horrorizada por lo que ve, como sucedería normalmente, sino que incluso se siente erotizada por la obra en vivo. En este universo, al no existir dolor, hay una idea colectiva de llevar el cuerpo al límite. Experimentar con su forma, con su destrucción, su recreación.
El lugar del dolor no es menor cuando hablamos del humano. Este es inherente a la vida, es inevitable y al mismo tiempo es lo que nos hace identificarnos como seres sensibles, sintientes. Cronenberg pareciera preguntarse entonces, ¿cómo haríamos para sentirnos vivos si no pudiésemos experimentar el dolor?
La película explora esto introduciendo una búsqueda de lo extremo. En una escena, Caprice le pregunta a Saul cómo se siente el malestar, ya que no puede recordarlo. La ausencia de dolor motiva a los personajes a ir hacia los oscuros terrenos de lo impensado, a perseguir desesperadamente el dolor como aquel joven que busca su razón de ser.
Esta pulsión es representada por el director como una búsqueda artística. Lo extremo es representado a través de estas performances, que cumplen un papel erótico tanto para el espectador como para el performer. Al mismo tiempo, dicha situación de los personajes se puede relacionar con lo que le sucede a un realizador con su cine. Si la relación entre director y cámara es por esencia sexual, la búsqueda de la razón de ser del artista, su dolor, siempre estará presente en la búsqueda artística.
«Crimes of the Future» no sólo permite preguntarse sobre el futuro del arte, sino también sobre el futuro de la sexualidad. La globalización y sobreinformación ha intervenido en los cuerpos y en el sexo. El exceso de pornografía, de juguetes sexuales, de imposiciones hegemónicas, está generando en el humano una pérdida de autonomía sobre el propio cuerpo. Si en la película el acto sexual se da siempre con máquinas de por medio es porque la gente ya no sabe cómo hacerlo sin ellas (así le indica Saul al Timlin -Kristen Stewart- durante un encuentro).
Si el futuro es como nos propone Cronenberg, la necesidad de incorporar artefactos será cada vez mayor. “La cirugía es el nuevo sexo” dice Timlin después de presenciar una performance. De a poco nos estamos acercando a un futuro repleto de crímenes, asesinando al propio cuerpo, al humano en su esencia.




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