Con Leonardo Favio, John McTiernan y el público como protagonistas, volvió la fiesta cinéfila en todo su esplendor después de dos años inusuales y dolorosos.
Por Guido Turus, desde Mar del Plata
El sol colapsa sobre el pavimento, no hay señal de una nube y, a diferencia de semanas anteriores, puede notarse una diferencia en la ciudad de Mar del Plata: el caudal de personas está aumentando. Se percibe el ascenso de temperatura en Avenida Colón y en la peatonal Rivadavia, también en la vereda que bordea el reconocible Casino y el Teatro Auditorium -protagonista de este día-, producto de la época primaveral pero también del volumen humano creciente. Es jueves y la ciudad costera transpira ansiedad en las horas previas a la inauguración de la 37ª edición del festival más importante de Latinoamérica; después de dos años de una realidad atípica no podía ser de otra forma. La fiesta ya comenzó.
En cualquiera de las funciones las luces descienden hasta apagarse y la pantalla se ilumina, automáticamente las imágenes comienzan a pasar. Casi nulo ruido de pochoclo. Sin importar la inmensidad del Auditorium, lo comercial de Los Gallegos o lo tradicional del Auditorium, el sabor que se advierte es el mismo: agua salada y cine. Y, al principio, entre las visuales protocolarias propias del festival, se hace presente Anecdotario Favio, una mini sección donde distintas personas que trabajaron con Leonardo Favio cuentan una célebre y siempre mística anécdota con el reconocido director. Los aplausos comienzan desde entonces, recordando desde las palmas y la memoria al nacido en Luján de Cuyo. Y que comience la función.
Mochilas, anteojos, café, cabellos teñidos de los más diversos colores y un diccionario verbal cinéfilo extenso se entrelazaban para configurar los grupos que formaban gran parte de las colas en cualquiera de los cines establecidos. La juventud destaca por su interés, su frescura, su destreza para hacerse notar desde la más pura inocencia hacia una cuestión, siendo el cine en este caso. Y entre jubilados, prensa y oriundos marplatenses coparon las salas. El retorno de la presencialidad en su totalidad y un promedio de 21 grados de temperatura contribuyeron para conformar un contexto ideal, uno con un éxito casi asegurado.
No podía ser de otra manera, el formato de la sección Hora Cero invitaba a manifestarse de forma celebratoria y así fue. Gritos, chiflidos positivos y aplausos por doquier se hacían presente ante casi cualquier gesto y palabra que daba el director artístico Pablo Conde previo a presentar Los espíritus de la isla (The Banshees of Inisherin, 2022) en la inmensa sala 1 del complejo Ambassador el primer sábado por la noche. Ambiente ideal para cualquier cinéfilo y otra prueba de que las funciones iban a ser de esta forma, y no únicamente aquellas que daban comienzo a medianoche.
Otra de las cuestiones que destacaron fue la cantidad de estrenos mundiales que hubo, principalmente de películas argentinas (las cuales tuvieron un gran peso en esta edición). Se considera un triunfo también volver a ver películas en sala con los protagonistas en las mismas, sentados al lado de uno, y siendo en muchos casos la primera vez que ellos también veían sus obras terminadas. Se genera una atmósfera distinta, cómplice y, entre risas y aplausos en momentos determinados, la experiencia termina convirtiéndose en algo más complejo que solo ver una película. Recuerda que el cine es algo colectivo donde hasta los responsables son también parte del público. A continuación, dos de ellas.
- La primera función matutina tuvo lugar en el Auditorium -mítico espacio del festival- el viernes 4, con la nueva película de Francisco Paparella, Tres hermanos. El director presentó la función junto a dos de los actores protagonistas y conmocionó al público durante los siguientes ochenta minutos. Al estar filmada en la Patagonia, recuerda mediante destellos al cine de Bielinsky, principalmente por El Aura (2005), y con un espíritu tajante, violento y sensible, despertó de un pinchazo a quien haya entrado a la sala con la almohada en la cara. El Premio Especial del Jurado en la Competencia Internacional no fue casualidad.
- Sublime, de Mariano Biasin, fue otro de los films que contaron con la presencia tanto del director como de los actores protagonistas en sala para presentar la película y verla realizada por primera vez. Un reparto con sangre joven en su mayoría -teniendo en cuenta que es una coming of age- reía con ruido y se codeaba de manera cómplice a medida que la historia avanzaba. Delicada, precisa y honesta, Sublime logra un resultado más que valioso en un subgénero no tan abordado (o aprobado) en el cine nacional. No por nada fue seleccionada para más de 50 festivales, como bien mencionó el equipo momentos previos a la función.
Como si las salas colmadas a cualquier hora en casi todas las secciones no fueran suficiente para reflejar la sustancia de esta edición, el complemento principal, además de los recitales en vivo y actividades especiales, fueron los homenajes que se celebraron. Hubo reconocimientos para las trayectorias de Ricardo Darín y Cecilia Roth, se presentó el libro Cuerpos invadidos, en el que se recopilan entrevistas y textos sobre Cronenberg, y John McTiernan deleitó una sala llena en su conversación con Pablo Conde en el marco de Charla con Maestras y Maestros.
Más allá de las estatuillas, los diplomas y los aplausos a héroes de este universo, el triunfo final parece ser igualmente de los espectadores. El cine son las películas pero también la experiencia, la que se construye con la ceremonia de sacar una entrada, dirigirse a un cine y compartir con otras personas una obra determinada. Y esto quedó evidenciado ante el clima célebre que supo vestir el festival en cada uno de sus sedes mediante aplausos, gritos y ovaciones populares.
El Festival de Mar del Plata culminó con sabor a gloria, dejando la mejor huella posible después de una extraña etapa y siempre priorizando lo que realmente importa: las películas. En un domingo vestido de gris y la lluvia perdiéndose en el mar se va la edición número 37, dejando la vara en un escalón alto para la próxima edición. Allí nos veremos.




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