Festival de Mar del Plata 2022. Crítica de “Fogo-Fátuo”, de João Pedro Rodrigues (Competencia Estados Alterados)

El director de «El fantasma», «Morir como un hombre», «La última vez que vi Macao» y «El ornitólogo» presentó una película de poco más de una hora de duración a la que definió como una fantasía musical con elementos futuristas (buena parte transcurre en 2069) y -claro- esa fuerte carga sensual que siempre tiene su cine

Por Martín Alesandro Migani

Estrenada en el último Festival de Cannes, la creación de João Pedro Rodríguez es una fantasía musical donde se entrelazan la conciencia ecológica, la diferencia de clases, el despertar sexual y la muerte. Corre el año 2069 en Portugal y el príncipe Alfredo (Mauro Costa) se está muriendo. Su nieto juega con un camión de bomberos y canta una canción sobre los árboles que dispara sus recuerdos y nos lleva hacia 2011, cuando los incendios castigan los bosques de ese país y a la familia aristocrática de Alfredo parece no importarle. Con el correr de los años, su amor por el bosque y su preocupación por el medio ambiente lo llevan a ir contra las tradiciones familiares y convertirse en bombero voluntario

Alfredo no solo debe enfrentarse a la incredulidad de su familia sino también a la de cualquiera que se cruce en su camino: todos se burlan de que el príncipe quiera ser bombero. A pesar de las críticas sigue fiel a su decisión y le asignan a quien será encargado de entrenarlo: Afonso (André Cabral). Desde el primer apretón de manos podemos sentir una conexión entre ambos, hasta que un ejercicio de respiración boca a boca los termina uniendo en un acalorado romance. Es así que el fuego no solo representa los incendios forestales sino también el estallido de la sexualidad.

La película transcurre en pocos escenarios pero se destaca un salón comedor: es el punto de encuentro del príncipe y su familia donde intercambian sus puntos de vista entre comidas, y luego Alfredo manifiesta sus preocupaciones y anuncia su gran decisión. Los actores rompen la cuarta pared y se dirigen a la audiencia buscando complicidad, al tiempo que vemos el pasar de los años con el abrir y cerrar de las puertas. El arte es otro protagonista: vemos pinturas, esculturas, escuchamos una ópera y los bomberos representan obras famosas casi desnudos, inundados por el erotismo que arrasa con todo. Nada está puesto al azar y todos los elementos interactúan con armonía conectando cada momento de la historia.

Con una duración de poco más de una hora, Rodríguez muestra que no se necesita de un gran presupuesto ni una larga duración para que florezca la creatividad, romper los límites de lo verídico y atraparnos en una aventura onírica impredecible que desnuda los temas más calientes de la actualidad.

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