Festival de Mar del Plata 2022. Crítica de “Barrio modelo”, de Mara Pescio (Competencia Argentina): Silvia, esa metáfora

La realizadora de «Ese fin de semana» (2021) se acerca a la figura de su tía para reconstruir una historia de vida, pero con ella también la de un barrio cooperativo y la de sueños que en muchos casos quedaron truncos.

Por Lionel Pasteloff

Mara Pescio es una directora y guionista cuya familia se dispone a vender el que fuera el departamento de su tía. Nada fuera de lo normal, siempre y cuando pasáramos por alto el devenir de esa pariente. Silvia Villafañe (Aby, como se la conoció dentro del entorno cuando pertenecía a él) era la hermana de su padre, una traductora con pareja e hijos que no desentonaba estruendosamente de otras tantas mujeres a fines de los ‘60. Lo que la diferenció fue el cambio radical que experimentó a partir de un viaje laboral que la llevó a la Moscú de aquellos años. Las edificaciones de entonces en la capital soviética (llamadas Jrushchovkas) llamaron poderosamente su atención. Eran edificios de departamentos prefabricados construidos en la antigua Unión Soviética, de forma similar a los tradicionales monoblocks que le debían su nombre a Nikita Jrushchov, líder político vigente en ese entonces. Las veía como construcciones futuristas y representantes del proletariado. Tras recorrerlas y fascinarse con ellas, decidió que iban a pertenecer a su vida mucho más allá de una simple anécdota viajera.

Al regresar le propuso a su concubino salir de la comodidad burguesa e ir a vivir a una urbanización de ese estilo para poder escribir sobre ella y aportar su mirada. Estaba convencida de que debía dar cuenta de cómo se vivía allí retratando a los moradores y sus costumbres. Ante el nulo interés de su pareja, simplemente abandonó el hogar. Con el tiempo restableció el vínculo con sus hijos, pero nunca volvió. Consiguió trabajos que le permitían escribir y se dedicó a tomar testimonio de sus vecinos a fin de esbozar una radiografía de ese complejo construido por el Hogar Obrero en Villa del Parque.

Luego de trazar todo este panorama, la directora y locutora nos traslada a la mente de su tía, aun con las dificultades que conllevan la distancia temporal, el escaso material y la ausencia de la protagonista. A partir de las notas que recupera, logra contraponer aquellos registros sesentosos con la mirada actual de quienes aún permanecen viviendo ahí y que hubieran sido protagonistas de aquella obra. Le pide a esos vecinos que lean la descripción que les pertenece a los otros y, a partir de ello, hábilmente los va entrelazando. Mientras tanto, se aferra a unos pocos datos para ir dando con el paradero de Aby, quien evidentemente llevó su búsqueda hasta el nivel de emanciparse por completo de familia y amistades. Esto se termina de graficar a partir de una compañera de vivienda, quien admite haberla cruzado tras el paso de la traductora por Europa para luego descubrir cómo esta optaba por no saludarla.

Pescio aprovecha la falta de registros para colar interpretaciones personales que no hacen decaer la historia, sino que permiten reflexiones en torno a ella. ¿Barrio modelo quedó realmente inconcluso o Silvia eligió dejarlo así al descubrir que muchos de sus vecinos no eran héroes de la clase trabajadora sino burgueses con apetencias propias de la clase media?. Las aspiraciones, la militancia y lo que pudo ser en una época plagada de utopías, todo eso sobrevuela en los textos y audios de Silvia, que funcionan como alegoría de aquello. El recuerdo y tal vez la evocación afectiva de un tiempo con fervorosa intensidad política que se vio trunca entre exilios, decepciones y sinsabores. Y que a veces se puede retratar a partir de los objetos perdidos en la baulera de una idealista.

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