Festival de Mar del Plata 2022. Crítica de “Te prometo una larga amistad”, de Jimena Repetto (Competencia Argentina)

La directora debutante reconstruye con múltiples recursos propios del documenta y la ficción la fascinante historia de la amistad entre Victoria Ocampo y el artista franco-rumano Benjamin Fondane.

Por Nora Madanes

La directora Jimena Repetto desarrolla en Te prometo una larga amistad la relación entre Victoria Ocampo y el escritor rumano-francés Benjamín Fondane. Esta se basa en la pasión de ambos por el arte en la multiplicidad de sus formas de expresión: poesía ,teatro, realización cinematográfica. Esa efervescencia cultural se manifiesta tanto en Buenos Aires como en París durante las décadas de 1920 y 1930 hasta comienzo de la Segunda Guerra Mundial.

El film es original y ameno, evidenciándole al espectador de forma permanente que es un documental, pero que incluye una (re)construcción ficcional. Un ejemplo de esto es mostrar cómo los actores moldean a los personajes de Victoria y Benjamín en un continuo dialogo con la directora. Un hecho, no menor, que ayuda a recuperar la historia de estos personajes es ubicarlos geográficamente en el documental, ya sea en San Isidro, Ciudad de Buenos Aires o Mar del Plata. Como por ejemplo, la ubicación del edificio donde se editaba la revista Sur, fundada y dirigida por Ocampo, que aparece por primera vez en 1931 y desaparece definitivamente en 1972.

Repetto también utiliza elementos del documental tradicional para sumergirse en la relación entre Ocampo y Fondane, a partir de entrevistas, investigaciones de archivo principalmente las cartas que se escribían. A través de estas investigaciones surge con fuerza la historia de la filmación de Tararira (1936), dirigida por Fondane, que es quemada por su productor y de la cual en la actualidad no hay registro. También se remarca que Fondane muere en 1944 en el campo de concentración en Auschwitz.

Repetto elige finalizar el documental en la actualidad (fue filmada en plena pandemia), en un bar tradicional de San Telmo, cuando los personajes de Victoria y Benjamín ya están definitivamente delineados. Ella, claro, con esos anteojos que la identifican. Entonces, una entra en la afable conversación entre Victoria y Benjamin, plena y contenta por haber «compartido» con ellos su amistad.

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