Critica de «Depredador: La presa» («Prey») de Dan Trachtenberg: Regreso a las fuentes

Se estrenó la nueva entrega de la franquicia Depredador. Aquí un resumen de la saga completa hasta llegar a la nueva película, que recupera buena parte de la magia de las originales.

Por Claudio Trejo

No hay caza como la caza del hombre. Y a los que cazaron hombres armados por bastante tiempo, y les gusta, ya nos les importa nada más.
Ernest Hemingway

«I ain’t got time to bleed.»
(¡No tengo tiempo de sangrar!)

Mac

Cuando en 1988 se estrenaba Depredador, de John McTiernan, un director hasta ese entonces apenas conocido por haber dirigido a la estrella de televisión Pierce Brosnan en Nomads un año antes, nadie esperaba mucho de esta película: una más de cine bélico de superacción, con protagonistas cada vez más musculosos y que transpiraban en cada plano gotas de sudor cargadas de esteroides y testosterona.

Con el protagonista Dutch interpretado por Arnold Schwarzenegger, un actor que ya era conocido por Conan, el bárbaro (1982), Terminator (1984) y Comando (1985), aunque nadie sabía pronunciar bien su apellido y menos escribirlo sin pegar y copiar, Depredador fue toda un sorpresa para la audiencia y la crítica a la que todavía hoy divide. Era, efectivamente un película bélica, ya que se trataba de un grupo de mercenarios profesionales en una operación secreta de búsqueda y rescate, fuertemente armados y preparados en medio de un densa (por el calor y el follaje) selva tropical y en medio de una situación de guerra, excepto por su antagonista. Un antagonista silencioso, invisible, que observa desde la altura con visión térmica y que irá atacando uno a uno a los miembros de este equipo de rescate, mutilando sus cuerpos y su estructura y llenando de caos y terror a esos intrépidos, valientes y muy preparados para el combate, mercenarios.

Cuando se revela este invitado sorpresa, cambia por completo el paradigma de la propuesta inicial de una película de guerra y la transforma en cine de ciencia ficción y fantasía, porque este “depredador” no es ni más ni menos que un extraterrestre que vino de cacería y está armado con tecnología de avanzada y desconocida, pero además es más fuerte, más alto y más musculoso que cualquiera de ellos, aunque si lo hieren deja un muy marcado rastro de sangre verde fosforescente.

Escrita por Jim Thomas y John Thomas, está película siempre escondió la trampa, como se sabe esconder su protagonista/antagonista para no ser descubierto, y ese es su mayor acierto. Esa idea se percibe ya desde los afiches promocionales, donde solo se ve a Arnold vestido de soldado y armado, pero siendo su personaje el objetivo de una mira como de francotirador. Pero además colabora de manera notable en esa idea de estar metidos constantemente en una trampa de la que no se puede salir la dirección y puesta en escena de McTiernan. La sensación de asfixia, encierro en esa jungla, pero al mismo tiempo de estar el descubierto y al acecho, es total. Y también lo son los recursos que usa el director y sus protagonistas para salirse de esas situaciones: si hay que destruir un bosque entero a balazos para encontrar al enemigo, se hace y el efecto es espectacular. Todo un prodigio de la acción y el relato, cuando la cámara se mueve lo hace tan raudamente que es desesperante, pero esa desesperación es reflejo de lo que viven sus personajes: correr y moverse constantemente es un acto de supervivencia. La labor de John McTiernan es notable y terminaría de consagrarse un año después en ese otro prodigio de la acción que es Duro de matar (1988).

Si nos animamos a delirar un poco, podríamos decir que Duro de matar es Depredador, pero al revés. Un invitado sorpresa, John McClane (Bruce Willis), que se escapa, esconde, casi al punto de hacerse invisible y acecha a un grupo comando (pero de ladrones) fuertemente armados y los irá matando uno a uno, causando el caos y terror en ellos y arruinando sus planes. Lo que cambia es el punto de vista del relato: en esta película será desde la mirada del “depredador” McClane y la jungla será el edificio Nakatomi.


Do you want a candy?”
(¿Quieres un caramelo?)
Predator

Y tal vez esta idea de cambiar una jungla por otra de cristal y concreto, sumado al éxito comercial que Depredador supuso, es que dos años después se estrenara una secuela. Depredador 2 (1990), dirigida por Stephen Hopkins, protagonizada por Danny Glover y nuevamente con guion de Jim Thomas y John Thomas, ya no era tan efectiva como la original, porque apelaba más a la acción y porque la trampa ya estaba desactivada. Pero la presencia del cazador alienígena seguía siendo todo lo que esta segunda entrega necesitaba, mas si su regreso es más esperado que inesperado tanto dentro como fuera de la pantalla, el resultado final se sostiene. A los efectos narrativos, que el Depredador retornara de cacería a la tierra era algo deseado por el antecedente de destrucción y muerte en la entrega anterior, pero esta vez, en un giro muy bien preparado, él sería en parte, también, la presa inesperada. Técnicamente correcta, Hopkins no corre riesgos y opta por simular ser McTiernan pero en la ciudad de Los Angeles. Vuelve al encuadre preciso, vivo y desesperante en los momentos de acción, pero también juega dentro del relato, con el uso de la televisión y el lenguaje audiovisual de los noticieros sensacionalistas para trasmitir sangre, mutilaciones, terror y muerte. Es esta una película que ha ganado público con el tiempo y se transformó en una de las preferidas de la saga.


okay, who’s next?”
(De acuerdo ¿quién sigue?)
Harrigan

Para continuar es necesario darnos un permiso. La ahora saga Depredador tuvo nuevas entregas. Pero esas nuevas partes conspiraron por el mero interés comercial y en detrimento de la propia marca, con lo que era originalmente la propuesta de las dos películas iniciales, llevando casi al desprecio por parte de la crítica y el publico cualquier intención de reinventar la saga. Cabe mencionar que el crossover que dio pie a Alien vs Depredador (Paul W. S. Anderson, 2004) y Alien vs Depredador 2 (Greg Strause y Colin Strause, 2007) fueron éxitos previos en videogames y comics y no hubiese sido posible imaginarlas en pantalla de no ser por esos precedentes. Es por esto que, además de la inclusión del personaje principal de otra saga (que habría que también explicar), me tomo el permiso del que hablé al principio para, y quiero dejarlo claro, caprichosamente “descanonizar” estas películas, aunque están ahí y se pueden ver. Posiblemente estas dos entregas dieron el primer paso en falso para borrar aquel rastro de sangre verde fosforescente.


This planet is a hunting ground and we are the prey”
(Este planeta es un coto de caza y nosotros somos la presa)
Royce

Y, sí, pasaron veinte años para que volviéramos a tener un película en solitario del Depredador. Predators (Nimrod Antal, 2010) no es la mejor de la saga, pero tampoco la peor. Fue un intento en mi opinión honesto de querer volver a lo que la franquicia había hecho en un comienzo. Esta es una película de cazadores y presas. El tema es que este cazador (o cazadores) busca las mejores y más feroces presas a las que va a seguir, las va a acechar, las va a perseguir y la van a pasar mal. Con algunos giros interesantes como el grupo de personajes elegidos cual “Juegos del hambre” para sobrevivir, el lugar donde se desarrolla la historia, personajes que sobreviven y se vuelven paranoicos, y una interna entre Depredadores que no se entiende del todo; la película va y viene entre el homenaje a la primera y cierto desprecio intencional con los personajes humanos a los fines del relato. Bien presentada, realizada, pero sin grandes logros, el film funciona y, aunque previsible, si se la mira sin prejuicios logra entretener.


«If it bleeds, we can kill it.»
(Si sangra, podemos matarlo)
Dutch

Pero la que realmente que casi termina con la saga fue la entrega The Predators (Shane Black, 2018), la que fue posiblemente el peor intento, o el más torpe (hasta el estreno de La presa / Pray) por revivir la franquicia. Dejando de lado los lugares comunes, su sobreexplicación científica para darle un marco de credibilidad a giros que intentaron reinventar o darle otro rumbo a futuras entregas; sumado a un humor reiterativo, absurdo y macabro, algo que las películas iniciales nunca necesitaron, el flojo guion del propio Shane Black y Fred Dekker hace que los personajes humanos rompan por completo ese marco de renovación que pretendía insuflar esta pelìcula, dado sus irritables pulsiones payasescas, que -convengamos- es algo muy del cine de estos últimos años. A esto hay que sumarle un notable desprecio por el relato, la somera acción y todo lo que hizo grande a la franquicia Depredador. Así, esta posiblemente sea la película que menos se toma en serio lo que cuenta. Un despropósito que casi acaba con una de las mejores sagas de acción/ciencia ficción del cine y un desperdicio tal vez necesario para lo que vendrá. Quien sabe, probablemente del sin sentido del reguero de sangre verde fosforescente que representó esta película ¿hubiéramos tenido la posibilidad de ver Prey?


Hace mucho tiempo, dicen, llegó un monstruo…”
Naru

Era difícil imaginar luego de aquel despropósito la posibilidad de volver a ver una película del Depredador apenas cuatro años después y más aún una notable entrega como la de Dan Trachtenberg. Habría que hacer el ejercicio de pensar cuantas veces un regreso fue tan abrazado y lleno de emociones como este. Porque Depredador: La presa no solamente es el regreso a las fuentes originales. También es una reimaginación que da un sacudón a la pantalla y al público en tanto revisita las ideas originales y las devuelve a ese público cansado y sin fe en la saga con sencillez pero con enorme dignidad y calidad visual y narrativa.

Trachtemberg, que venía de dirigir Avenida Cloverfield 10 / 10 Cloverfield Lane (2016), así como algunos episodios de las series The Boys y Black Mirror, teje de forma lenta pero sin pausas el paisaje de una América del norte colonial de 1719 habitada por, entre otros pueblos originarios, los nativos Comanches de donde es la protagonista Naru (Amber Midhunter), una joven que, pese a los intentos y designios de su familia para que cumpla sus funciones de recolectora de alimentos, decide probarse y probarle a su pueblo que puede ser cazadora.

Así, a lo largo de la primera parte del film veremos cómo ella se prepara y perfecciona su destreza y sus herramientas, dando muestras no solo de sus habilidades, sino también de una inteligencia única, así como de una enorme astucia y valentía. Todo esto será puesto a prueba, además, cuando el alienígena cazador haga su aparición, que no será de inmediato. Pero Naru tendrá que enfrentar muchos otros retos antes que prefiguraran el cruce entre los dos protagonistas.

Con guión de Patrick Aison y Dan Trachtenberg, La presa devuelve sentido a la aventura, el misterio, la búsqueda, la persecución y la evasión, la pelea, la brutalidad, la duda, el temor, el terror, la acción toda. Devuelve la asfixia, la sensación de estar al descubierto y expuestos, y en una trampa de la que no se puede salir. Visualmente maravillosa por momentos, pero también con mucha economía de recursos para mostrar esa parte del paisaje salvaje, virgen y de bárbaros europeos, también toma y utiliza el clima visual y la acción de películas como El renacido (Alejandro González Iñárritu, 2016) y lo integra al relato clásico de Depredador cargado de intensidad, inquietud, con esa enorme precisión a la hora de la acción que deja ver y entender todo lo que está sucediendo, además de presentar de manera efectiva desde lo narrativo, los elementos que se podrán en juego en cada descubrimiento, en cada reto y en cada confrontación.

La astucia del director es proponer un relato casi de documental histórico, que poco a poco va dando lugar al thriller de suspenso y acción, que por momentos deja de lado o hace olvidar que estamos ante un film de ciencia ficción/fantástico con ese extraterrestre enorme y musculoso que también puede ser herido de muerte y deja su rastro de sangre verde fosforescente para que no nos olvidemos que siempre nos va a estar acechando desde la pantalla.



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