Crítica de “Crímenes del futuro” (“Crimes of the Future”), de David Cronenberg: La nueva (vieja) carne

Tras su estreno mundial en el último Festival de Cannes, esta película con Viggo Mortensen, Léa Seydoux y Kristen Stewart llegó a los cines latinoamericanos antes de su lanzamiento en la plataforma de streaming MUBI.

Por Joaquín Herrera

David Cronenberg nos presenta un futuro cercano de espíritu distópico, donde ya no existen los virus ni las bacterias, y la mayoría de los seres humanos ya no siente dolor y algunos incluso comienzan a desarrollar nuevos órganos internos de manera espontánea.

Uno de ellos es Saul Tenser (Viggo Mortensen), quien en sus performances hace extirparlos quirúrgicamente frente a una audiencia, para manifestar el rechazo a esta mutación. De inmediato, nos recuerda a Orlan, la artista francesa que en la actualidad (dentro de lo conocido como arte corporal), realiza cirugías a su estructura corpórea, las cuales llega a transmitir en directo para distintas galerías.La película nos ha mostrado en su arranque a un infante en una playa con la mirada vigilante de su progenitora, quien intenta persuadirlo a no comer restos de objetos anclados en la arena. Acto seguido, el mismo niño engulle un bote de basura de plástico como si fuera un manjar. Allí se vislumbra el metarrelato del film. Los habitantes de esta nueva realidad se dividen entre los que se resisten a la mutación (la madre) y los que prefieren sumergirse deliberadamente en ella (el hijo): hay, por lo tanto, espectadores que abandonan la sala y los que acceden a ver la película hasta el final.

El gobierno mundial dentro del largometraje no acepta estos cambios, que caen dentro de la filosofía del transhumanismo (h+) y se dedican a investigar y tratar de frenar lo que esta llama posthumanos, por medio de policías pertenecientes a la cuadrilla del Nuevo Vicio y uno que otro infiltrado dentro de la investigación.Un grupo de rebeldes, por otro lado, parecidos u opuestos a lo que en Estados Unidos se conocen como “Amish”, quiere demostrar que ya se ha evolucionado y que alguien está encargado de fabricar órganos que les permite comer desechos plásticos y tecnológicos, lo cual si lo miramos fríamente ayudaría a disminuir la contaminación y la hambruna en el planeta. No se trata sólo de ciencia ficción, sino de una metáfora de la condición humana, atormentada por la mortalidad y la vejez.

Crímenes del futuro, cuyo título parece conducir a un thriller detectivesco, es en verdad una exploración filosófica del cuerpo como realidad última, la única que todos compartimos, mediante la exploración metódica y extrema de nuestros órganos hasta provocarnos diferentes reacciones no siempre agradables.

Los diálogos en el film se encuentran notablemente acotados, los personajes se dedican a explicarse unos a otros sus acciones actuales o pasadas, de manera que el director impone sus ideas sin dejar paso a ninguna interpretación por parte del espectador.

Sobresalen las actuaciones de Viggo Mortensen (el protagonista) y sobre todo de Kristen Stewart en un papel secundario (como Timlin, una investigadora de la Oficina del Registro de Órganos), quien en cada una de sus apariciones hace que la película se fortalezca y dé consistencia a los protagonistas, lamentablemente la coprotagonista Léa Seydoux (en el papel de Caprice, una cirujana desertora) carece de suficientes expresiones para detonar su papel.

Cronenberg toma prestados de sus anteriores películas elementos esenciales para finalmente agregar el arte como la pieza que faltaba para redondear su obra, siempre llena de mutaciones, de nueva carne y de evolución.

Vemos a una empresa llamada LifeFormWare comercializar camas y sillas con desarrollo biotecnológico, similares a las mostradas en El almuerzo desnudo / Naked Luch (1991), las cuales permiten a las personas dormir y comer sin causarles problemas.

“La cirugía es el nuevo sexo”, nos dicen personas que sienten que el cuerpo no tiene sentido y quieren llenarlo con el arte. Ya el pensador posmoderno Gilles Lipovetsky en su libro El imperio de lo efímero (2006) afirmó que el ser humano contemporáneo reclama juventud y un no envejecimiento; el hedonismo, el consumo de promesas de felicidad más la evasión, son sinónimos de una sociedad que fomenta un tipo de felicidad humana basada en el éxito del cuerpo; debido a esto, los cuidados hacia el cuerpo crecen, de allí que se recurra a cosas como la moda o las cirugías plásticas que muchas veces causan adicción como una droga, para reafirmar el presente del cuerpo que se tiene y a la vez se exhibe; pero la realidad es que día a día se multiplica la ansiedad y la insatisfacción.

Así que ahora, el concepto de felicidad es el más irónico, pues las recriminaciones y los descontentos del ser humano consigo mismo le hacen evidenciar un divorcio interior profundo, en el que director no nos muestra a un piloto conductor de la nave llamada cuerpo, sino a los órganos internos y su hasta ahora no apreciada belleza. La pregunta que nos plantea Cronenberg es cómo mantenernos activos si no tenemos el libre albedrío para controlar lo que nos ocurre. Cuando nuestro cuerpo no hace más que sufrir y nos vemos sometidos a radioterapias, cirugías o vacunas experimentales ante pandemias inesperadas.
Tal vez deberíamos rendirnos a medida que envejecemos; es decir, cuando nuestro cuerpo toma el control, nuestras células se autodestruyen y nuestra mente perpleja descubre que nunca estuvo al mando.

No hay más remedio que el humor negro, pero humor al fin, como con el que es salpicado varias veces el film. En lugar de tomar café con medialunas y compadecernos por nuestras enfermedades entre grupos de amigos quizás podamos admirar las capacidades de nuestros cuerpos.

Al combinar la estética de sus primeras películas y los elementos psicoanalíticos de sus últimos trabajos, Cronenberg crea una película de ciencia ficción inusual e inquietante, en la que el sexo tradicional queda obsoleto y la sensualidad se recupera por medio de un contenido radical consistente en infligir heridas “sanadoras”.

El resultado es una película fascinante en sus ideas y en los mensajes que como dardos se nos clavan en la mente, así como aparentemente irresuelta y casi apática en su “piel”, a partir de las interpretaciones de un reparto actoral que se muestra desligado de la trama y de lo que ocurre a su alrededor, donde Cronenberg -como un dios- nos muestra que sus actores son también cuerpos manipulados con el “hágase su voluntad”, señor director, amén de producir una obra extraordinaria.


Deja un comentario

Crea una web o blog en WordPress.com

Subir ↑