Esta película sobre un inglés desempleado que se une al ejército republicano en 1937, plena Guerra Civil Española, expone el costado más combativo de un cineasta siempre atento a las problemáticas sociales y los conflictos de la clase trabajadora.
Por Nora Madanes
En Tierra y libertad (Land and Freedom, 1995), Ken Loach recurre a las cartas que un miliciano inglés llamado David Carr (Ian Hart) le escribió a su compañera Kitty para relatarle sus vivencias en el frente durante la Guerra Civil Española. El film está dividido en tres episodios espacio-temporales que Loach resuelve utilizando un flashback dentro de otro flashback.
La película comienza en el momento en el que el abuelo es llevado en ambulancia por una descompensación. A partir de ese instante, el film se desarrolla en su departamento donde su nieta Kim (Suzanne Maddock) encuentra en una valija cartas, fotos y recortes de diarios sobre aquella época. Kim descubre así el amor que el protagonista tenía por su abuela y por sus ideales sociales. La voz en off del abuelo es el recurso para la lectura de las cartas, que insumen un largo período de tiempo y tienen como contrapunto visual los planos cortos de los distintos espacios del departamento, donde Kim es mostrada en diferentes posiciones, pero siempre leyendo.
El largometraje, de neto corte histórico, refleja el carácter internacional de las milicias y la convicción de sus integrantes sobre la necesidad de luchar por la libertad y la igualdad. Sobre el final, el plano del entierro de una miliciana anarquista llamada Blanca (Rosana Pastor), en su pueblo natal, durante la Guerra Civil (el pasado) se engancha con el plano del entierro del abuelo (el presente), cuando la nieta recita un poema de A. Morris y desparrama en la tumba la tierra colectiva que el abuelo recogió en el entierro de Blanca y envolvió en un pañuelo rojo. Luego, con el brazo en alto, junto a los compañeros de su abuelo, canta: “Si me quieres escribir / ya sabes mi paradero / En el frente de batalla, primera línea de fuego / En el frente de batalla, primera línea de fuego». Ese final me emocionó profundamente, ya que en él se refuerza la idea de la lucha colectiva. Dicha escena sintetiza además el pasado, presente y futuro de las luchas por los ideales perseguidos por una sociedad más justa e igualitaria.
Cabe señalar también que la música de la película acompaña su contenido temático, ya que frecuentemente se escuchan canciones propias de la Guerra Civil Española. Tierra y libertad nunca se aparta del eje central de los temas abordados por Loach, quien visibiliza de forma sencilla y muy humana diferentes situaciones y problemáticas sociales que afectan principalmente a los marginados.
Si bien las películas que realiza Loach guardan un estrecho contacto con la realidad, no están planteadas desde el dolor o la tristeza. Así, en La canción de Carla (1996), cuenta la historia de un colectivero inglés (Robert Carlyle) que entabla relaciones con una refugiada nicaragüense (Oyanka Cabezas) que se encuentra en Gran Bretaña como consecuencia de las luchas sandinistas libradas en ese país centroamericano.
Los personajes de las historias de Loach tienen profundos cambios, como es el caso de este colectivero cuyo mundo en principio está reducido a conducir en una ciudad inglesa y, de pronto, se encuentra en plena calle con una bailarina latinoamericana. El baile callejero es, a mi entender, una de las mejores escenas de la película. Después de un tiempo, ambos personajes viajan a Nicaragua, donde George termina inmerso en las luchas que está librando el pueblo.
Siguiendo con la misma tónica, en Riff-Raff (1996) Loach realiza una crítica a las instituciones británicas en general y a la política de Margaret Thatcher en particular a través de la historia de un escocés desocupado (otra vez Robert Carlyle),que trabaja como albañil en un edificio en construcción en Londres. También en Yo, Daniel Blake, aborda problemáticas sociales como la pobreza, el desempleo, las dificultades en el acceso a las políticas sociales y la prostitución. Así como en Riff-Raff se establece una relación amorosa entre el albañil y una joven que aspira a ser cantante, en Yo, Daniel Blake es un viejo carpintero desempleado que solicita asistencial estatal y establece una relación solidaria y paternal con Katie (Hayley Squires), una madre soltera con dos hijos que atraviesa una crítica situación similar. Resulta interesante destacar que, en este último caso, la relación se inicia en una oficina donde se tramitan los seguros sociales.
Las películas mencionadas reflejan verdaderas problemáticas sociales que hacen que sus relatos cargados de realismo constituyan agudas críticas al sistema. Las películas siempre están bien actuadas y sus personajes resultan empáticos para el espectador, manteniendo un ritmo y una tensión vinculados con la alegría y la esperanza, mostrando siempre la solidaridad en el seno de las clases trabajadoras. Por estas razones, no solo empatizo con la visión del cine y de la vida de Ken Loach, sino que también me emocionan sus películas, dado que las distintas manifestaciones culturales que en ellas se muestran refuerzan la fundamental idea de luchar por una sociedad más justa.




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