Crítica de “Chungking Express”, de Wong Kar-wai: Las formas del amor

Aunque ya había llamado la atención con “As Tears Go By” (1988) y “Days of Being Wild” (1990), esta película de 1994 protagonizada por Tony Leung, Faye Wong y Brigitte Lin fue la que consagró de forma definitiva a este talentoso director chino que desarrolló buena parte de su obra en Hong Kong.

Por Laura Chaves Sierra

El amor romántico ha sido retratado de muchas maneras en el cine, debido a los múltiples puntos de vista que se pueden tener sobre el tema: hay amores ideales, trágicos, jóvenes, absurdos, entre varios otros. La aproximación del director chino Wong Kar-wai a este tema, que podría decirse es una de sus obsesiones, es desde una perspectiva de amores imposibles, amores que no fueron, no son o no serán.

Dos historias diferentes sobre el impacto que un encuentro tiene sobre las vidas de completos desconocidos son el eje en torno al cual gira Chungking Express (1994), que a pesar de no ser la primera película del director de Hong Kong, fue la que le abrió las puertas al reconocimiento internacional. Durante los primeros 40 minutos del film se cuenta la historia de un policía enamoradizo que está intentando sin suerte superar una ruptura amorosa. El protagonista se cruzará inadvertidamente con una mujer que trafica drogas, y cuyos negocios no están saliendo tan bien como esperaba. Esta primera parte, que se desarrolla durante la noche, se caracteriza por un efecto de cámara lenta con movimientos bruscos y desordenados, que ilustra la sensación que tienen los personajes de estar siendo perseguidos constantemente: la mujer huye del peligro inminente que representa el haber perdido el control de su negocio, mientras el policía es perseguido por el fantasma de la soledad y el desamor.

La segunda parte de la película también se centra en la historia de un policía cuya relación amorosa acaba de terminar, quien conoce a Faye, una mujer que trabaja en el local de comida que a él le gusta frecuentar en sus turnos. Faye comenzará a entrar en la vida del agente de una manera muy sutil, ya que él se convierte en una suerte de amor platónico para ella y, poco a poco, sin esperarlo, comienzan a conocerse mejor, a pesar del poco tiempo que comparten juntos. El ritmo de esta historia, que en su mayoría sucede de día, es mucho más lento, los movimientos de cámara son más tranquilos y lejanos del frenesí que vemos al inicio.

A pesar de ser dos historias diferentes, que podrían considerarse opuestas, hay un hilo conductor muy bien construido entre ellas, ya que el local Midnight Express es el escenario en el que ambas historias se conectan. Desde el inicio vemos al primer policía frecuentar el lugar y, cuando el arco de su historia se ha completado, regresa a comer allí en el que resulta ser el primer día de trabajo de Faye. En un momento chocan, se congela la imagen fundiéndose a negro y, con la canción favorita de Faye sonando de fondo junto con la imagen del segundo policía, se marca el cambio entre una historia y otra.

La música es otro elemento que diferencia ambas subtramas y que, además, funciona como una especie de leitmotiv de los personajes: en la primera parte, la canción Things In Life, de Dennis Brown, suena en cada escena que se desarrolla en el bar que frecuenta la mujer, mientras que, California Dreamin’, de The Mamas and the Papas, es la canción favorita de Faye en la segunda historia, por lo que la escuchamos en diferentes secuencias.

Chungking Express es también una película con pocos diálogos, ya que la voz en off es un recurso clave en la narrativa que nos permite conocer a fondo los pensamientos, emociones y motivaciones de cada uno de los personajes. Esa capa adicional añade complejidad a un par de historias relativamente sencillas, ya que al adentrarnos en el mundo interno de los protagonistas logramos empatizar mucho más con ellos y las circunstancias que están viviendo. Esta búsqueda de profundidad en los personajes es característica de Wong Kar-wai, quien en su aclamado trabajo In the Mood for Love / Con ánimo de amar (2000) logra transmitirnos los sentimientos de desesperación y dolor, así como de complicidad y deseo, a través de gestos, expresiones, miradas y silencios.

Con una narrativa inteligente y elementos visuales llamativos, las dos historias que se presentan a lo largo de Chungking Express tienen finales abiertos, que se alejan del “vivieron felices para siempre” que la cultura pop occidental tanto alaba. Son sencillos, pero nos invitan a cuestionarnos qué es realmente el amor y en qué momento decidimos si amamos o no alguien: puede que amemos, sin saber muy bien por qué, a un completo desconocido con quién cruzamos un par de palabras, y puede que también esos breves momentos marquen para siempre nuestra vida y nuestras decisiones.

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