Crítica de “Diamantes en bruto”: El espiralado camino al caótico mundo de los hermanos Safdie

Con su quinto largometraje de ficción tras «The Pleasure of Being Robbed» (2008), «Daddy Longlegs» (2009), «Heaven Knows What» (2014) y «Good Time: Viviendo al límite» (2017), Josh y Bennie Safdie filmaron con Adam Sandler este notable film («Uncut Gems» es el título original) disponible en Netflix.

Por Luciana Luna

Vorágine en la acera atestada de una calle de la ciudad Nueva York. Un hombre, Howard, no para de caminar y de hablar por teléfono. Vemos las imágenes, escuchamos la conversación y, si prestamos atención, podemos sentir los bocinazos y las charlas de las personas que rodean al personaje principal.

Adam Sandler, en uno de los pocos papeles dramáticos de su carrera, interpreta a Howard Ratner, un vendedor de joyas judío en el Diamond District de Nueva York. El habla rápido, se mueve constantemente, insulta, vende mercancía que no tiene, la vuelve a vender y ya está planeando qué otra transacción realizará con la ganancias de ambas. Y esto recién empieza. Sí, es una película de los hermanos Safdie, quienes en sus previos trabajos nos fueron preparando para recibir esta obra, donde todo su lenguaje cinematográfico se ha perfeccionado para obtener un producto pulimentado.

En una de sus primeras obras con reconocimiento masivo, Heaven Knows What (2014), los Safdie nos muestran el día a día de la joven Harley, de 19 años, y su novio. Ambos adictos a la heroína, tratan de conseguir dónde dormir, qué comer y cómo obtener las drogas necesarias para seguir adelante. El personaje principal está basado en las memorias de Arielle Holmes, una consumidora que los Safdie habían conocido durante la producción de uno de sus tantos cortometrajes en los que usaron las calles de su Nueva York natal.

Aquí la ciudad se utiliza porque es gratis (no se han pedido los permisos pertinentes) y por ese motivo utilizan lentes de gran alcance que pueden mostrar el bullicio de la ciudad y los personajes que la habitan realizando sus actividades cotidianas sin ser perturbados.

Luego, en 2017, llega Good Time: Viviendo al límite, protagonizada por Robert Pattinson y Benny Safdie, el menor de los hermanos, que también es el que más actúa y el que se dedica a la edición. Pattinson es un ladrón de bancos que se pasa toda la noche viendo de qué manera sacar a su hermano de prisión, después de planear un pésimo robo. A partir de esta película ya definen un estilo que seguirán aplicando en sus siguientes trabajos.

La tensión está presente todo el tiempo no solo en las imágenes y sonido, sino también en los diálogos de los personajes. El nivel de adrenalina que maneja esta película es más intensa que la previa. Los primeros planos nos permiten meternos en las emociones de los personajes, pero también nos dan una sensación de claustrofobia que solo es interrumpida por sucesos cada vez más problemáticos y adrenalínicos. Los movimientos de cámara no cesan y la música electrónica acompaña cada momento que se vuelve más caótico, aumentando su intensidad con los bits. Con Good Time: Viviendo al límite, los Safdie alcanzan mayor renombre, sobre todo después de que el film resultó seleccionado para competir por la Palme de Oro del Festival de Cannes.

Ronald Bronstein, quien fue actor en los trabajos iniciales de los hermanos, luego se convirtió en coguionista junto a Josh Safdie y volvieron a colaborar en Diamantes en bruto, película que los consagra y los eleva a otro nivel dentro del circuito de directores de cine independientes.

Los Safdie admiten haber sido influenciados por Martin Scorsese, Robert Altman y los hermanos Coen. En Good Time: Viviendo al límite, por ejemplo, hay referencias a Scorsese cuando muestra a un personaje recordando una anécdota, así como en el hecho de tener a la ciudad de Nueva York como escenario principal y sobre todo mostrando su lado más frenético, ruidoso, abarrotado y sucio.

En Diamantes en bruto todo eso se potencia: el mundo de Howard Ratner es insoportable para cualquiera, pisa las conversaciones de las personas con las que habla, se mueve rápido, al igual que la cámara, y sigue haciendo negocios. Necesita vender un ópalo negro para conseguir más dinero para luego apostarlo, acrecentarlo y pagar deudas. Grita porque el bullicio es una constante por donde se mueve.

Una de las técnicas más utilizadas es la superposición de diálogos entre los protagonistas, sonidos callejeros, el botón para abrir la puerta, los golpes en el mostrador de su negocio, así como el perro que no para de ladrar en Good Time: Viviendo al límite y la música de sintetizadores, obra de Daniel Lopatin, conocido bajo el alias de Oneohtrix Point Never. En este film ya cuentan con un presupuesto mucho más grande y con un director de fotografía que pretende enfocarse en las emociones de los actores, solo que aquí no tenemos una cámara tan temblorosa ni una iluminación con saturación de neón.

La dupla nos mete en su mundo, del cual queremos salir inmediatamente pero que, cual remolino, nos absorbe directo al centro de esta forma visual adictiva. Adicción que comparten sus personajes en diversas formas; Harley, a la heroína en Heaven Knows What; Connie, a la vida criminal en Good Time: Viviendo al límite; y el Howard de Diamantes en bruto, cuya adición es la adrenalina y a la búsqueda de atención constante para pertenecer y cuyas actitudes lo llevan a tomar decisiones que lo hunden cada vez más en un inframundo del cual no le será fácil salir. Probablemente, algo similar nos pase a nosotros si nos volvemos adictos al estilo visual y a las historias que nos cuentan los hermanos Safdie.

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