La nueva película de Joseph Kosinski protagonizada por Tom Cruise elevó el decaído estándar de los tanques de Hollywood con una experiencia inmersiva que solo puede disfrutarse en toda su dimensión dentro de una sala de cine.
Por Martin Alesandro Migani
No es ninguna novedad que en Hollywood se están quedando sin ideas y cada vez aparecen más continuaciones o reboots de películas que fueron éxito hace algunos años. Podemos ubicar al surgimiento de las secuelas en los años ’70 con El padrino II y Rocky II, pero todavía no se trataba de un fenómeno y que un producto fuera un suceso no garantizaba que tuviéramos otro capítulo de la historia.
Sin embargo, en la actualidad es común que cualquier película exitosa tenga luz verde para la realización de una segunda parte e incluso convertirse en una trilogía (o una franquicia interminable). La mayoría de estos intentos no llegan a superar a la propuesta original y no ofrecen casi nada novedoso, sirviendo únicamente para engrosar los bolsillos de sus realizadores mientras exprimen un éxito hasta desgastarlo. Sin embargo, muy de vez en cuando aparece una continuación que logra estar a la altura de su antecesora.
Dirigida por Tony Scott, Top Gun se estrenó en 1986 y, aunque las críticas fueron divididas, resultó ser un completo éxito comercial. El film protagonizado por Tom Cruise acaparó la atención de los espectadores y terminó recaudando casi 360 millones de dólares frente a un presupuesto de apenas 15 millones. Si bien las intenciones de hacer una continuación se remontan a 2010, el suicidio de Tony Scott en 2012 puso al proyecto en suspenso hasta el 2017, cuando Joseph Kosinski quedó al mando. Con dilaciones de último momento en el marco de la pandemia de COVID-19, el estreno de la segunda parte llega 36 años después del capítulo anterior y el éxito volvió a acompañar: con un presupuesto de 170 millones ya lleva acumulados 800 millones de dólares.
La audiencia la recibió tan bien que no para de romper récords: resultó ser la película más exitosa de la carrera de Tom Cruise, una de las más taquilleras del estudio Paramount y la más recaudadora en lo que va de 2022, superando a franquicias con millones de fans. ¿A qué se debe este fenómeno? Los últimos blockbusters saturan la pantalla con efectos especiales sin ofrecer una trama interesante y nos encontramos con películas interminables que no paran de agregar giros absurdos o que abusan del fan service para que la tribuna aplauda durante la función. Pero hay un público que necesita más, y en el medio de tantos multiversos y dinosaurios aparece Top Gun: Maverick ofreciendo un guion atrapante que nos mantiene entretenidos de principio a fin a lo largo de sus dos horas de duración, logrando que cada elemento encaje a la perfección.
Es sabido que Tom Cruise prefiere hacer sus escenas de acción sin recurrir a dobles y que no le gusta abusar de las CGI porque, como dijo en una entrevista durante la promoción, “hay experiencias que no pueden recrearse a menos que sean filmadas de verdad”. Por esto, todas las escenas de acción que vemos fueron filmadas en la realidad y los actores se prepararon con los mejores pilotos del mundo para volar los aviones. Se usó una tecnología que permitió poner 6 cámaras IMAX adentro de la cabina y así lograr que el espectador se sienta parte de la experiencia, consiguiendo una sensación de inmersión en cada plano. Además, la mezcla de sonido ofrece un audio imponente que hacía vibrar la sala como si las aeronaves nos pasaran por encima.
Al terminar de verla queda claro que el equipo detrás de Top Gun: Maverick revalorizó la experiencia cinematográfica y nos recuerda que no debemos conformarnos. Un ejemplo de por qué al cine hay que verlo en el cine




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