La penúltima película del prolífico director coreano se centra en las sensaciones íntimas de una veterana actriz ya retirada que regresa a su lugar de origen.
Por Lautaro Romani
Una actriz coreana que vive en Estados Unidos y hace un tiempo se encuentra retirada vuelve a su país natal para reencontrarse con su hermana y para tener una reunión con un director que planea convencerla de que vuelva de su retiro para filmar con él una nueva película. Hong Sang-soo presenta una narrativa en dos grandes secciones que nos hablarán de un viaje introspectivo de la protagonista hacia sus raíces, su memoria, y lo que significa volver en una circunstancia tan particular como la que se devela hacia la segunda mitad del film.
En diversos momentos hay un recurso que es la voz en off, con la que la protagonista “piensa” frases que le permitan reafirmarse y concentrarse en lo que tiene en frente de su cara, en el presente podemos decir. Esta es una película sobre el tiempo y el espacio, una exaltación del “carpe diem” de alguna forma, aunque esta filosofía optimista que la protagonista intenta plasmar se ve distorsionada, golpeada, por las huellas mnémicas, por los arrepentimientos, por los cuestionamientos hacia su vida y hacia el modo en que vive la misma en relación a su persona y los demás vínculos importantes para ella (particularmente a nivel familiar).
Película luminosa, filmada a pleno luz del día, con los particulares planos en los que Hong ubica al personaje principal en parques públicos rodeados de naturaleza, pequeños bares, cafés y departamentos. Espacios habitados por un personaje que ya no ve las cosas de la misma forma que antes, algo ha cambiado en su percepción y en el modo en que transita y habita los diferentes entornos que va ocupando.
Hay una escena en particular en la que la actriz visita la casa donde pasó su infancia, la cual se ha convertido en un negocio. La dueña del mismo le permite muy amablemente recorrer el espacio de su niñez. Paseando por su diferentes cuartos, se encuentra con una niña que se le queda mirando y la saluda. Hong la filma de espaldas, nunca vemos su rostro, en una suerte de metáfora y experiencia trascendente en la que la vieja actriz se reencuentra con su Yo de la infancia en un tiempo y espacio distinto, pero en esencia igual en sus recuerdos, en la huella mnémica que se activa en ese cara a cara y en las asociaciones que la protagonista realiza, las cuales intuimos, ya que no es algo que diga la voz en off ni que la protagonista devela a un tercero, es algo que queda des-velado a través de la impregnación de una sensibilidad de la memoria que Hong Sang-soo lograr transmitir en ese plano.
Las evidentes rimas con sus otras películas se pueden ver, por ejemplo, en el uso del alcohol para mostrar las verdaderas intenciones y deseos de los personajes, los cuales nunca suelen coincidir con lo expresado en su cotidianidad. Aquí la escena del consumo de alcohol no es demasiado larga, ya que ocurre en su mayor parte fuera de campo. La esencia radica como siempre, pero en este caso de forma aún más directa que en otras de sus películas, en los efectos del consumo sobre el lenguaje y las palabras que usamos las personas, las cuales siempre se quedan a mitad de camino en cuanto a la expresión de un sentimiento o sensación personal.
El carácter problemático y mentiroso del lenguaje es uno de los aspectos fundamentales que se ven durante las conversaciones en el cine del director coreano. En su film de 2015 Right Now, Wrong Then eran las diferencias sutiles en las palabras elegidas en determinados contextos espaciales y relacionales los que determinaban una conclusión u otra para la pareja protagonista. En su más reciente obra, The Novelist Song (2022), también nos encontrábamos con las particularidades del lenguaje implícito y explicito, las pequeñas pausan que hablan, las palabras que nunca alcanzan a decir lo que realmente se quiere decir, todo se mezcla, todo cobra igual importancia. Esta última obra comparte con In Front of Your Face la cuestión de no presentar de forma explícita sueños, fantasías o filtros fantásticos o ambiguos como en otras obras de Hong (como la mencionada Right Now, Wrong Then o su film ambientado en Japón Hill of Freedom).
Hong Sang-soo es un autor total, de esos que quedan muy pocos, minimalista, elige qué filmar, cómo hacerlo, qué música utilizar, la fotografía, el montaje. En una etapa histórica donde la polémica noción de autor se encuentra en conflicto y se discute constantemente en cuanto a sus límites, resulta importante destacar las cualidades de este constructor de una prosa cinematográfica particular y única dentro del panorama mundial.
Película de tintes existencialistas, que mezcla alegría, tristeza y aceptación (hasta diría que hay un poco de resignación también), se destaca por sus grandes ideas plasmadas en una corta duración, donde Hong maximiza sus cualidades creativas y se vuelve totalmente directo hasta finalizar con un hermoso plano y frase, al ritmo de una guitarra cuya música aparece de forma diegética y extradiégetica en diversos momentos del film, armonizando la sensibilidad musical de los acordes con la sensibilidad de los movimientos de cámara y los planos en los rostros introspectivos, de un director fiel a su estilo y a su visión del cine y de la vida.




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