La violencia doméstica es el eje de este sorprendente film en el que el director reconstruye la trágica y hasta ahora ocultada historia de su propia familia.
Por Alejandra Bernedo
Los espacios privados suelen ser recurrentes escenarios de los relatos de horror. Es en estos lugares donde, a su vez, se registran índices altísimos de violencia familiar. Damián Galateo conoció a los 12 años, al fallecer su abuela, la historia detrás de la vida y la muerte de su abuelo Alberto Luis Galateo, futbolista de Santa Fe. En esta ópera prima, aborda los hechos que definen el trauma de su familia a través de entrevistas, material de archivo y con ciertos recursos audiovisuales propios del cine de terror.
El director conoció los detalles del caso de forma paulatina a lo largo de los años y de su investigación. Esto se traslada cinematográficamente a la estructura de su relato, ordenado por capítulos, incluyendo un epílogo. De su abuelo, en casa, solo conservaban recuerdos relacionados al fútbol. El Alberto Galateo de los clubes, al que conocemos en la primera parte del documental, era un talentoso jugador de primera división. Dejaría su carrera a los 32 años, con una expulsión de Racing por agredir a un compañero suyo. Aquí es que la figura del deportista queda atrás y se impone la del hombre que en su entorno íntimo fue constantemente abusivo con su esposa -hasta hacerla perder la vista de un ojo- e hizo testigo de todo ello a sus hijos. La vida de Alberto Luis Galateo terminó con un episodio sangriento que él mismo inició, pero que uno de sus hijos frenó en defensa de su madre y a costa de ser denominado parricida.
Hay cierto grado de expiación y subsanación en Terror familiar. Una violencia siempre mantenida como privada se hace pública; una mujer que siempre fue juzgada como rara es finalmente comprendida en su dolor; un pariente que tuvo que cargar con el peso de la muerte de su padre es finalmente mostrado como una víctima colateral del machismo. Los entrevistados se refieren a la “tragedia” para señalar el día en que el hijo de Alberto acaba con la vida de su padre por defender a su madre. Pero se puede decir que la tragedia ya se vivía diariamente con lo que se veían obligados a tolerar física y emocionalmente por años de parte del padre de familia.
El uso del rojo sobresaturado editando material de archivo y los textos titilantes que son la voz del director, entendemos, tienen sentido aunque no consigan el mismo impacto a lo largo del film. Al inicio, la atmósfera de horror parece más bien impuesta, pero mejora sobre el final al acompañar a los testimonios de familiares, confrontados todos a poner en palabras lo que habitualmente reprimen y aún mantendrían oculto. Y es relevante el hecho de que la familia, al reencontrarse, entable momentos de conexión al charlar sobre fútbol. Quieran o no, este deporte sigue siendo para ellos un espacio seguro, casi alternativo, en donde los problemas se ponen en pausa.
El tono noticioso con el que empieza el documental no es tan poderoso ni tan efectivo como el de purga y denuncia con el que la película cierra. Mas que revelar la verdad tras los registros gloriosos del Galateo futbolista, pone en evidencia el abandono en que viven las mujeres e infancias en los ambientes que, en teoría, deberían de ser de protección para sus vidas. Quizás con el cine se puede aspirar a que se quiebren tanto la cadena de dolor y secretos de un hogar, como las de una sociedad que sabe de la existencia de la violencia de género pero no actúa sobre ella desde la educación y las políticas de gobierno, como si eso pudiera desvanecerlas un día.




Deja un comentario