BAFICI 2022: Crítica de “Viaje a alguna parte” (sección Películas sobre Películas)

La directora entra en la casa que habitó su abuelo Fernando Fernán Gómez y descubre un tesoro que ella recupera y resignifica en este hermoso trabajo que pendula entre el documental y la ficción.

Por Victor Primo

Guiada por la imaginación, Helena de Llanos nos hace cómplices de una maravillosa travesía a través de las creaciones y recuerdos que quedaron en La Luna, la casa que ocuparon su abuelo Fernando Fernán Gómez y su compañera de vida Emma Cohen. Siendo ambos directores, actores y escritores, dejaron tras de sí una obra inabarcable, cajas y cajas llenas de textos, fotografías, diapositivas, cuadernos, cartas y otros objetos personales. Una suerte de cápsula del tiempo que permitió a Helena estar más cerca que nunca de ellos, y que ahora decide compartir con todos nosotros en este homenaje a medio camino entre documental y ficción. En cierto momento del metraje, la directora y protagonista de la película plantea lo siguiente en una declaración de intenciones: “Creo que mostrando personas libres otras se atreverán a serlo”. No cabe duda de que ella misma hace acopio de esa libertad, asimilándola como parte de su forma tan particular de ver el mundo.

Viaje a alguna parte no se desarrolla en el plano de lo real, sino en el de la magia. Para Helena, la casa de sus abuelos sigue siendo un espacio lleno de vida, a pesar de su ausencia. Los recuerdos que allí se amontonan ponen en marcha su capacidad de inventiva. En calidad de maga que organiza todas las ilusiones, Helena de Llanos compone un collage de tintes oníricos y surrealistas en torno a los diversos materiales con los que se ha ido topando durante su estancia en la luna. El relato está planteado como si fuéramos nosotros los que volcáramos el contenido de una de esas cajas y los que decidiéramos ojear uno a uno los documentos. Somos parte activa de ese descubrimiento, aunque siempre permanecemos a merced del oleaje de la película, de la cantidad de materiales; nos vemos en medio de una vorágine de recuerdos, imágenes, emociones y reflexiones. Su intención en ningún caso es la de la de ofrecer un retrato al uso, siguiendo los cauces habituales, sino la de divertirse jugando con las posibilidades que le ofrece el material de archivo. Como si tratara de armar un puzzle, va reconstruyendo el recuerdo pieza a pieza.

El material que compone Viaje a alguna parte no es menos heterogéneo que los temas que en ella se mezclan. Sirviéndose libremente de fragmentos de viejas películas, la directora construye un intercambio fabricado de miradas entre ella misma y Fernando Fernán Gómez, en un diálogo íntimo entre presente y pasado que sobrevuela múltiples cuestiones como la muerte, la relación con los demás y el autoconocimiento. Un diálogo a tres bandas, si contamos con las grabaciones caseras con Emma Cohen, o incluso cuatro, ya que Helena interpela directamente al espectador en más de una ocasión. Lo inusual de la propuesta es su manera de hacer convivir en un mismo espacio muchos Fernandos. La directora hilvana cuidadosamente el discurso dándole réplica tanto a viejas intervenciones de Fernando como a un maravilloso elenco de actores que ponen voz a sus palabras. El verdadero hallazgo es hacer que los planos digan algo totalmente diferente de lo que en un principio significaban. Inventa un reencuentro que jamás ha existido, pero que paradójicamente no por ficticio, se acerca menos a algún tipo de verdad.

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