BAFICI 2022: Crítica de “Paula”, de Florencia Wehbe (Competencia Argentina)

El segundo largometraje de la cordobesa Wehbe es un honesto y al mismo tiempo desgarrador retrato de una adolescencia tironeada por los cánones de belleza que generan profundas crisis de identidad y autoestima.

Por Alejandro Becerra González

La adolescencia, ese invento del siglo XX, se retrata como el difícil tránsito entre la idílica niñez y la solitaria adultez. Es la etapa de la vida en la que, dice la tradición, los hijos se alejan de la influencia de los padres y erráticamente tratan de encontrar un camino propio. Los adolescentes son el campo fértil para la imaginación cinematográfica, tanto para encuadrar las mieles del primer amor como lo hiciera Paul Thomas Anderson en Licorice Pizza (2021) o bien para mirar la rebeldía y la voluntad de escapar de la sociedad, como en el clásico indiscutible de François Truffaut, Los 400 golpes (1959).

Paula, película estrenada en el marco del BAFICI 2022, busca el reverso de la cara, la adolescencia vista a través de los ojos de una niña cordobesa que solo quiere ajustar su cuerpo a los estándares de belleza en la era de Instagram para así alcanzar la felicidad.

Dirigida por Florencia Wehbe y coescrita por ella y por Daniela de Francesco, Paula presenta el lento descenso hacia la anorexia de su protagonista, interpretada por Lucía Castro. Al igual que con los adictos imaginados en Réquiem por un sueño (Darren Aronofsky, 2000), la joven protagonista se engaña a sí misma para sumergirse en una pesadilla famélica, imaginando que, una vez que baje de peso, podrá llamar la atención del chico que le gusta. Sin la crueldad de aquella cinta, Wehbe articula una crónica naturalista que ahonda en la psique de su personaje central con ayuda de secuencias oníricas que apuntan hacia el terror de lo autoinfligido, reflejando el daño de la anorexia.

Los espejos fungen como símbolos que recuerdan una y otra vez la dismorfia corporal que se alimenta de la obsesión con las redes sociales y su rígida definición de belleza y por los comentarios casuales que los otros personajes hacen en referencia al peso de Paula, como si la delgadez fuera la norma. Wehbe entiende que la adolescencia es una etapa que se vive en soledad, en los confines de una habitación. Son frecuentes los momentos en que como espectadores queremos entrar a la pantalla para sacudir a sus padres y amigas para hacerlos ver que Paula necesita ayuda. Sin embargo, la película de Wehbe no apunta hacia el melodrama catártico familiar, sino que se apega a los niveles psicológicos de su sujeto, siguiendo de cerca a su protagonista mientras navega distintos entornos, el colegio, la vida social y el hogar familiar.

Puede ser que Paula despierte cierta controversia por su representación de la anorexia, pues se trata de una representación honesta de una problemática social. Un punto a favor del guion de Wehbe y de de Francesco es que la historia no es sobre la anorexia, sino un estudio del personaje de Paula, lo cual hace muy bien. Sus mejores secuencias son aquellas en que la joven se confronta a sí misma frente al espejo y, sin decir una sola palabra, deja asomar su malestar.

Con un elenco conformado el elenco por jovencitas debutantes frente a la cámara (incluyendo a Lucía Castro, quien se desempeña hábilmente) y grabada totalmente en la ciudad de Córdoba, Paula apunta hacia una dirección interesante, si bien sus desplantes estilísticos recuerdan bastante a la serie de HBO, Euphoria.

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