BAFICI 2022: Crítica de “Great Freedom”, de Sebastian Meise (sección Romances)

El tercer largometraje del austríaco Meise tuvo su estreno mundial en el Festival de Cannes (donde ganó uno de los principales premios de la competencia oficial Un Certain Regard) y, luego de su paso por el BAFICI, se podrá ver en la plataforma de streaming MUBI.

Por Lautaro Romani

La premiere argentina del tercer largometraje del austríaco Sebastian Meise tuvo lugar en el histórico Cine Lorca de la avenida Corrientes. Una zona en la cual se respira cultura dentro de la Ciudad de Buenos Aires y que resulta una elección adecuada para contagiar el clima que se vive durante los pocos días que dura el BAFICI.

En este clima de entusiasmo cinéfilo, ingresé a la sala para adentrarme en este film que se encuentra encuadrado dentro de la sección Romances, pero que de ningún modo alude o implica un romance en términos convencionales, dentro de los parámetros de lo que social e históricamente se entiende por ese término.

Justamente los factores históricos y sociales tienen una gran influencia en la trama de Great Freedom, que nos relata la historia de Hans y Viktor durante diferentes años y períodos en una prisión austríaca (1945, 1957, 1968). Lo que comienza como un vínculo ambiguo, marcado por la violencia y el rechazo (particularmente por parte de Viktor al inicio) irá progresivamente girando hacia una relación de complicidad y vínculo íntimo, aun dentro de las circunstancias terribles que implica la vida carcelaria.

El punto de vista principal de la historia le pertenece a Hans y vemos ya desde el inicio como éste es sometido a diferentes vejaciones y torturas por el hecho de ser gay en un contexto histórico donde las “prácticas homosexuales” se encontraban prohibidas con riesgo de sanción penal y catalogadas como “perversas” por diferentes criterios de salud mental. El film no ahonda particularmente en este último punto, sino que se concentra en mostrar la injusticia de un sistema de leyes que con su marco ficcional intenta coartar y limitar el deseo de los individuos imponiendo una norma institucional autoritaria a su subjetividad.

Particularmente en cuanto a esta noción de deseo, Hans es consecuente con su deseo y no está dispuesto a renunciar al mismo, aunque esto signifique volver una y otra vez a la cárcel por quebrantar la ley. El título de la película, si bien alude a un lugar físico en particular que aparece en el film, pareciera ser una alusión irónica a lo que vemos en pantalla, ya que casi el 90% de las imágenes que se nos muestran son dentro de la prisión. Prácticamente no sabemos mucho de lo que pasa por fuera de esta institución, todo sucede fuera de campo, pero creo que el título está hablando de la actitud de nuestro protagonista en cuanto a su libertad para proseguir en la búsqueda de su deseo.

En ese sentido, Meise nos habla de que el ser humano siempre tiene una fracción de libertad y acción aun en las circunstancias más terribles, una tesis de la que ya se había valido Robert Bresson en un film que nada tiene que ver con este más allá del contexto en el que se desarrolla, pero donde la libertad es un concepto que atraviesa toda la trama: Un condenado a muerte se escapa (1956). En cuanto a Viktor, es el polo opuesto de Hans, no tiene en claro dónde está su deseo ni qué hacer para perseguirlo y alcanzarlo, realiza un camino diferente en la película, pero paralelo al de Hans y es en ese vínculo donde encontrará otra cara de su propio ser, cuestión que se refleja particularmente en una conmovedora escena donde se dan un abrazo en el patio carcelario a la vista de los demás prisioneros y guardias. Hasta muy avanzada la historia no sabremos el motivo por el cual Viktor esta en prisión y al cabo de un tiempo no nos importa, ya que el director logra mostrar la empatía como sentimiento primario.

De colores oscuros y ambientación opresiva, pero con destellos de bondad e intimidad, la película de Meise nos invita, más que a un desarrollo histórico, a un desarrollo subjetivo y lógico que atraviesa Hans para encontrar el amor, con actos que escapan a la razón, como si él dijera al final “qué camino extraño he recorrido para encontrarte”, citando a Pickpocket (1959) del ya mencionado maestro Robert Bresson.

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