Crítica de “Granizo”, de Marcos Carnevale

La nueva apuesta argentina de Netflix es una comedia torpe que solo el carisma y el timing de Guillermo Francella alcanza a sostener en parte.

Por Lionel Pasteloff

La nueva película de Marcos Carnevale (El fútbol o yo, Elsa y Fred) vuelve a tener a Guillermo Francella como protagonista (ya habían trabajado juntos en Corazón de león). Cuenta la historia de un meteorólogo (Miguel Flores) que, de tan eficaz, logra la proeza de conducir su propio programa de televisión en el prime time. A continuación, tiene su primer fallo grosero (el granizo que da nombre al film y él no anuncia) por el que es despedido y repudiado por toda la sociedad que solía amarlo, teniendo que “exiliarse” en Córdoba. Una premisa que hasta podría resultar interesante o cuanto menos fértil para aprovechar.

Sin embargo, el posible potencial de la idea comienza a desdibujarse a partir de las elecciones del director. Por empezar, el simplismo con el que se resuelven algunas situaciones. Si el espectador hace un esfuerzo al tomar como verosímil que un tipo sea así de infalible con el clima y llegue a semejante estatus, resulta complicado tomarse en serio que tan fácilmente caiga en desgracia. Su dedicado y esforzado ascenso (que se encargan de remarcar cuando el protagonista señala que estudió seis años) se cae de un plumazo y sin atenuantes, convirtiéndolo en el tipo más odiado del país. Si bien se entiende que las comedias (o películas con tintes cómicos) trabajen con la exageración, también es posible leerlo como una falta de desarrollo.

Esto último sin dudas podría asociarse al resto del elenco. Varios actores y actrices de renombre secundan a Francella sin que en la mayoría de los casos se entienda su función en la trama. Enormes y laureados intérpretes como Pompeyo Audivert y Norman Briski ocupan roles menores y no por su tiempo en cámara, sino por lo prescindible que son sus participaciones. El primero representa a un vecino indignado porque Flores dio mal el pronóstico y pasa de amarlo a odiarlo. El segundo simplemente se dedica a balbucear incoherencias con un respirador y ser una molestia para su familia. Nada que le permita un lucimiento ni mucho menos aporte algo a la historia.

Quien sí cuenta con minutos en pantalla es la hija de Miguel Flores, Carla (Romina Fernandes). Ella cumple un rol como el que le cabe a las mujeres en la anterior película del director (Corazón loco), que es retar o sermonear al protagonista masculino, quien en principio pretende gambetear la situación y luego de a poco comienza a asumirla. En este caso, el reproche viene por la paternidad ausente y descuidada del especialista climático. Y, aunque el vínculo se desarrolla más que los otros, también asistimos a un cambio cuasi mágico: un par de buenos actos y gestos nobles bastan para que la hija despechada se convierta en alguien capaz de perdonar. A poco tiempo, resoluciones veloces.

El que ocupa el rol de antagonista (además del granizo) es el inexplicable “Peto” Menahem. Dicha categoría no surge de su desempeño sino de los estadíos por los cuales lo pasea la cinta. Pasa de fanático irracional (de un meteorólogo, recordemos), luego se convierte en una piltrafa por el desencanto del yerro de su ídolo y más tarde muta a psicópata capaz de manejar hasta Córdoba para amenazar a su ex referente. Tan solo basta una promesa para que desista de sus actos y se vuelva hasta Buenos Aires sin chistar.

Sobre el final, llega la esperada redención de Flores, quien es ayudado por un campesino capaz de predecir el clima mejor que él, pese a carecer de su formación y datos. Es muy probable que para muchos Francella “haga de Francella” en este rol, pero resulta hasta injusto pedirle más cuando su capacidad para la comedia es lo que sostiene buena parte del producto. Al igual que trabajos como “Casados con hijos”, donde el actor debía apelar a su carisma y magnetismo para apuntalar un guión perezoso, esta película termina convirtiéndose en “Deportivo Francella” y genera sus pocos momentos altos a partir de su pericia para hacer reír. En estos tiempos de métricas, los controles remotos decidirán si sus esfuerzos son suficientes para salvar la ropa.

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