Tras su paso por los cines argentinos, ya está disponible en el servicio de streaming HBO Max este thriller que recupera la figura de un exitoso escritor sumido en una crisis creativa que debe enfrentarse a circunstancias extremas.
Por Rafael Antonio Pinto
El cine tiene sus propias “familias”, esas familias son grupos de películas que, a pesar de la distancia en el tiempo, se comunican de una manera especial, están conectadas, ya sea por el género, por la temática o por la estética que plantean. El llamado séptimo arte, léase los cineastas (productores, directores, guionistas, etc.), a veces están fascinados por contar historias que se inscriban en alguna de esas familias.
Una de las familias favoritas que podemos encontrar es la que relata la historia del escritor o novelista, novato o veterano, que se encuentra en lo más alto de su oficio o por el contrario está en un bloqueo creativo, ese personaje por esa razón o por otra decide irse lejos, confinarse en algún lugar en principio idílico pero que después va empezar a transformase en otra cosa, generalmente en algo oscuro. Claro que este favoritismo por este tipo de criaturas viene heredado de la literatura, pero la industria cinematográfica se ha encargado de replicarlo y hacerlo suyo; todos los que vemos películas nos hemos topado más de una vez con este personaje y con algunos de estos giros de guión.
Si hacemos un ejercicio rápido de memoria, nos encontraremos al Jack Torrance de El resplandor (The Shining, 1980) quien aprovecha un empleo en un hotel recóndito y solitario, junto a su esposa e hijo, para poder escribir una novela, pero el intento prácticamente lo lleva a la locura. O el afamado novelista de Misery (1990) que sufre un desafortunado accidente en las profundidades de un escondido paraje donde suele escribir y eso provocará un extraño encuentro que pondrá en riesgo su vida. Dato a resaltar: ambas películas están basadas en libros del afamado escritor, afincado en Maine, Stephen King. Incluso en 2004 se estrenó La ventana secreta (Secret Window), donde otra vez un novelista se interna en una cabaña a escribir y resulta involucrado en unos extraños asesinatos, también basada en una obra de King.
Un lector suspicaz podría decir que dicha preferencia por este tipo de películas es una obsesión norteamericana, pero también podemos nombrar La piscina (Swimming Pool, 2003), producción franco-británica dirigida por François Ozon que desfiló por importantes festivales europeos y que cuenta la historia de una escritora que, cansada del tedio de la fama, huye a la bella casa de su editor, en las afueras de la ciudad, y allí se encuentra con una encantadora y misteriosa chica que la enredará en un juego fascinante. Más reciente es la producción española El autor (2017), en la que un entusiasta aprendiz de novelista está dispuesto a todo por lograr escribir una obra maestra e internado en su apartamento termina fuera de sí involucrado en un asesinato.
En este incompleto y arbitrario álbum familiar de películas sobre escritores, podemos incluir la última película del director Cristian Bernard y del guionista Gabriel Korenfeld, Ecos de un crimen (2022), película argentina de reciente estreno en su país. Film que a la vez se inscribe en el nuevo orden mundial de exhibición, ya que primero fue proyectado en las salas de cine para después ser “reestrenado” a las pocas semanas en la plataforma de streaming HBO Max. Su paso por las salas de cine parece ser más que satisfactorio, al momento de escribir estas líneas ya debe haber superado el techo de 100.000 espectadores, esperanzadores números para una industria argentina muy afectada después de dejar atrás el cierre de salas por culpa de la pandemia.
Como no podía ser de otra manera Ecos de un crimen cuenta la historia de un escritor de éxito, Julián Lemar, interpretado por el omnipresente Diego Peretti, quien junto a su esposa e hija llegan a una casa en un bosque, lejos de la ciudad, con el imperioso objetivo de culminar el último libro de su exitosa saga de novelas policiacas. Además, claro está, el célebre novelista atraviesa por un bloqueo creativo, desde el comienzo del film los explicativos dialogo dejan en evidencia que la crisis es a causa de un quiebre emocional, que al parecer amenazan con acabar con la carrera del escritor. Esa misma noche, un torrencial aguacero que provoca un apagón y la visita inesperada de una mujer pondrán a prueba los nervios y la salud mental del novelista.
Ahora, pertenecer a una familia no exime a la película de nada, más bien al contrario, le confiere una exigencia mayor. En la propuesta de Ecos de un crimen existe la pretensión de jugar a confundir pero la película se confunde en sí misma al querer sorprender sin cautivar antes. La sensación es que estamos frente a un impecable ejercicio técnico-narrativo pero frío, distante, un mero artefacto que funciona como un pedestre mecanismo que no motiva ni emociona.
Ecos de un crimen no da la talla, aporta poco o nada nuevo al género de suspenso o thriller, a la película le pesa mucho ser “melliza” de otras criaturas con más carisma e inteligencia. La verdad, es difícil ser el hermano más joven de cualquier familia.




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