Pese a que no tuvo estreno en salas y se lanzó de forma directa en la plataforma de streaming Disney+, la nueva producción de Pixar se ubica entre los buenos exponentes de la factoría animada con un fascinante ensayo sobre las contradicciones de la infancia y las diferencias generacionales.
Por Laura Chaves Sierra
Hace unas semanas leí un tweet que decía “Esta generación no quiere un príncipe azul, quiere una maldita disculpa de su familia”, junto a imágenes de tres películas animadas de Disney: Coco, Encanto, y el mas reciente estreno de Pixar, Red (Turning Red). Y es que, a pesar de que la familia ha estado presente en las películas animadas durante años, varios de los largometrajes más recientes han abordado este tema desde los traumas transgeneracionales – transferencias del dolor vivido por el miembro de una familia a su descendencia – y cómo algunos miembros jóvenes de esas familias deciden romper con ellos.
En Red este trauma transgenracional está relacionado con la transformación a un enorme panda rojo que experimentan todas las mujeres de la familia de Maileen Lee, una chica de 13 años que pertenece a una comunidad china muy tradicional y vive en Toronto, a principios del Nuevo Milenio. Maileen es una niña buena, que vive de acuerdo a los principios inculcados por su sobreprotectora madre y está destinada a ser el orgullo de su familia, tanto así que, cuando sus amigas la invitan al karaoke y Meileen se niega a ir porque es día de limpieza en el templo, una de ellas asegura que su familia le ha lavado el cerebro.
Además del cambio físico más evidente que atraviesa Maileen, vemos elementos en la historia que caracterizan el desarrollo de los gustos propios, y una especie de sana rebeldía, en la adolescencia como lo son ser fanática de una boy band -4*Town, cuya música pop pegajosa y coreografías sencillas recuerdan mucho a los Backstreet Boys -y hacer todo lo posible por ir a uno de sus conciertos, o hacer dibujos fantasiosos de una persona atractiva y desear que nunca nadie los vea. Estas acciones son percibidas como una amenaza a lo que se supone que Maileen debe ser, y por lo tanto, su madre, y posteriormente su abuela, hacen todo lo posible para que la chica mantenga los estándares y la tradición que su familia ha seguido por años, así esto conlleve ejercer sobre ella una enorme presión para dejar de lado cosas que para los adultos son insignificantes, pero que para Maileen, en ese momento, significan la vida entera.
Se trata de un film muy personal en el que la realizadora Domee Shi -quién también dirigió Bao, ganador del premio Oscar a mejor corto animado en 2019, que cuenta la historia de una madre atravesando el síndrome del nido vacío- quiso plasmar, a través de la imagen del panda rojo, lo que experimentan las niñas a esa edad al atravesar por cambios físicos y emocionales, y lo difícil que puede llegar a ser el balancear las expectativas de su familia con las ansias de descubrir toda la libertad que el mundo tiene para ofrecer, sobre todo, cuando se es hija de inmigrantes que tuvieron que hacer bastantes sacrificios para tener “un futuro mejor”. Con una animación impecable, inspirada en los diseños de reconocidas producciones de animé como Sailor Moon, mezclada con el estilo 3D de Pixar, esta película logra tener un sello distintivo y ser visualmente cautivadora, contando una historia que es entretenida, diversa, profunda y que invita a la reflexión.
Red es una película para el disfrute de toda clase de público: los más chicos pueden divertirse con su humor, las jovencitas pueden verse reflejadas en Maileen y sus amigas (y abrir el baúl de los recuerdos para quienes también fuimos chicas de 13 años fanáticas de alguna boy band) y los adultos podemos identificarnos con las dinámicas familiares complejas y trasladar las experiencias de la familia de Maileen a nuestras propias vidas, entendiendo la forma en que las creencias y expectativas de nuestros padres, abuelos y demás familiares pudieron influir en si decidimos, en algún momento, abrazar o rechazar el panda rojo que todos llevamos dentro.




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